El autor de Adiós, Ladrillo, Adiós.

 

España mete miedo. Primas de riesgo de 450 puntos precipitaron la intervención de los demás pigs. Ahora, cerca de los 500, hasta los alemanes se hacen los longuis… ¿Qué nos espera? Vivimos rodeados de incertidumbre: si los griegos salen del euro…; si la socialdemocracia desplaza a Merkel del poder…; si pincha algún BRIC…; si Hollande prepara una “French revolution”…; si nos invaden los alienígenas, que tan bien le vendría a Krugman para confirmar su habilidades adivinatorias… Quién sabe. De lo que no cabe duda es de que “los mercaos” han aprovechado la bisoñez del nuevo Gobierno –¿cabía otra opción?- para colarnos el caramelo envenenado del LTRO en virtud del cual los fondos soberanos y bancos extranjeros han abandonado en masa la deuda pública española para endosársela a la banca patria, como critica con dureza Sala i Martín en su último pensamiento aleatorio.

Si bien es cierto que el Gobierno ha cometido numerosas torpezas y nos ha transmitido inseguridad, en honor a la verdad hay que reconocer que no es fácil hacerse con los mandos del Titanic a dos minutos de chocar con el iceberg –o quizá un buen rato después de haber chocado-. Lamentarse o recordar lo que se pudo haber hecho en 2009 o 2010 ya no tiene sentido. Todos hemos contribuido de una manera de otra al desastre, pero no todos tienen la misma responsabilidad. Los que gobiernan y regulan nuestras relaciones económicas asumen un plus. Y no sólo estoy pensando en los políticos con mando en plaza, sino también en instituciones y organismos como el Banco de España o la CNMV -que han perdido todo su prestigio y credibilidad- y, por qué no, en las entidades que hemos dado en llamar “sistémicas”. Cuando uno se sabe sistémico, cuando una empresa o entidad financiera tiene la certeza de que, llegado el caso, el Estado se postrará a sus pies, sus gobernantes contraen una responsabilidad extraordinaria con la sociedad que les da cobijo. Empresas como Repsol, que son capaces de movilizar al Cuerpo Diplomático para defender sus intereses en Ultramar ; entidades como Bankia, que terminan siendo recapitalizadas con el dinero de nuestros impuestos; sociedades como OHL, Indra o ACS, que son capaces de poner al Rey mirando a La Meca para conseguir un contrato ferroviario.

Si había algo que me repateaba de Zapatero era su fe ciega en Emilio Botín. Los políticos españoles, por lo general ajenos al mundo empresarial y ayunos de formación económica, tienden a echarse en brazos del los tiburones más avezados, confiados en que, “como saben mucho de economía”, hay que hacerles caso. Sinceramente pensaba que con el PP no pasarían estas cosas. ¡Qué ingenuo! Resulta que según el relato de personas bien informadas como Jesús Cacho o Roberto Centeno nos hemos enterado de que al parecer el último Consejo de Ministros lo diseñaron los patrones de la gran banca. España está enferma, muy enferma, y no sólo económicamente.

Más allá del sempiterno capitalismo crony, las incoherencias ideológicas y programáticas, los fallos de comunicación, y las especulaciones políticas varias –como las elecciones andaluzas-, es innegable que el Gobierno ha hecho los deberes que le han impuesto desde Bruselas. Decía bien ayer De Guindos que “España ha hecho todo lo que está en su mano”. Y es verdad que en cuatro meses el Gobierno actual ha tomado más y mejores decisiones en el orden económico que el anterior en siete años. No parece justo que la paciencia que se tuvo para con Zapatero no se extienda ahora para un equipo mucho mejor preparado y dispuesto. Pero así es la vida: el Schettino de León no soltó los mandos hasta confirmar el impacto. A Rajoy le han pasado la patata cuando más caliente estaba y no la puede o no sabe soltar de las manos, salvo cuando la comparte por unos instantes con algún virrey de la taifa autonómica.

 

Sobre la reforma financiera del viernes y otras cuestiones relativas a la vivienda, y dado que ya han sido profusamente analizadas en diversos medios, me limito a hacer las siguientes observaciones:

-         La reforma llega “tarde, mal y a rastras”. Coincido plenamente con el Presidente. Si la ‘Reforma Financiera I’ fue la mayor reforma que el sistema financiero podía asumir sin quebrar, la RF II es la mayor que el Estado puede soportar sin acudir a la ayuda directa exterior ergo la intervención.

-         La reforma, que hace dos años pudo haber valido, -y que sin duda es meritoria- hoy día es insuficiente. No contempla los riesgos de la deuda corporativa, de la mora hipotecaria o de la deuda soberana.

-         Si de verdad se quiere provocar un efecto de bajada de precios y la consiguiente reactivación de las ventas, consentir que las entidades vayan provisionando poco a poco durante los próximos siete o diecinueve meses (según los casos) es contraproducente: exijan la provisión de manera inmediata, y luego den el plazo que sea para ir dotando esa provisión. El goteo genera la sensación en el mercado de que los precios no terminan de caer, y se cae en un círculo vicioso.

-         El Gobierno, bajo mi punto de vista, ha equivocado los tiempos: primero debería haber procedido a la evaluación independiente de las carteras crediticias, para después haber exigido las provisiones oportunas. Hacerlo al revés le pone en un brete si, como es previsible, los resultados de la auditoría no coinciden con las provisiones preventivas del Gobierno.

-         Admitir la falta de veracidad de los balances bancarios con respecto al ladrillo pone contra las cuerdas cualquier documento contable de la banca y, por extensión, de toda empresa española; y pone al Banco de España y a la CNMV a la altura del más corrupto país tercermundista.

-         La exención del 50% de la plusvalía para adquisiciones de aquí a final de año es una medida audaz e inteligente: puede precipitar el cierre de operaciones de inversión en ladrillo bancario, frenando de alguna manera la caída de los precios.

-         La reforma de la LAU la mejora, pero es una oportunidad perdida. Se debe profundizar en la libertad de pactos y, sobre todo, dotar de seguridad y rapidez procesal frente al moroso, principal escollo para los propietarios (como bien señala en este punto Andrés G. Mendoza).

-         La reforma de las SOCIMI se queda en lo anecdótico y no entra en lo fundamental: equiparar el régimen fiscal a los REIT, es decir, tributación sólo a nivel del partícipe o accionista. Otra oportunidad perdida.

-         Y, sobre todo, el equivocado planteamiento de fondo: no es el Estado –los españoles- quien debe recapitalizar las entidades financieras, sino sus acreedores. No es de recibo que los particulares insolventes sean despojados de sus bienes, en severa aplicación de la ley y del sistema de responsabilidades, al tiempo que las entidades financieras insolventes son rescatadas: en nuestro ámbito familiar todos somos sistémicos.

Para profundizar en esta idea, lean este fantástico artículo de Manuel Llamas que acaba de publicar.

Y dada la fecha en la que estamos, no me quiero olvidar de la actitud sumamente irresponsable de los quinceemeros durante el día de ayer intentando provocar pánico bancario entre la ciudadanía mediante la llamada a cancelar sus cuentas en Bankia. ¿Estos son los que van a salvar la patria? ¿Estos son el futuro? Apañados vamos.

 

Qué mala debe ser la austeridad que ha conseguido que llevemos tres trimestres con crecimiento negativo o cero ¡sin haber sido aplicada! No se pierdan este editorial de Cinco Días titulado “El insoportable nivel del gasto público”. Explica el diario económico del grupo Prisa que, mientras los ingresos se han desplomado, el gasto público total ha pasado de 413.000 millones en 2007 a 468.000 en 2011. ¿Y en 2012? Pues ayer mismo nos informaba Juan Carlos Barba en este artículo de que el gasto no financiero de la administración central ha crecido un 13,1% hasta marzo.

Terrible, la austeridad.

Y sin embargo, este es el mensaje que ha calado en la sociedad. No cabe duda de que la izquierda es eficacísima en el manejo de los mensajes y de las redes sociales. Da igual que se corresponda o no con la realidad. He ahí Hollande, nuevo paladín del “crecimiento”. Otra palabra expropiada, como “progreso”. Como si el progreso o el crecimiento pertenecieran en exclusiva a una ideología.

Otro ejemplo: si recuerdan, el año pasado por estas fechas tuvo gran éxito el video Españistán. Responsabilizaba de la burbuja a Aznar y, en especial, a la ley del suelo que aprobó en 1998. Como me pareció injusta esa interpretación, dediqué dos posts en este blog al asunto. Hace unas semanas el autor del cómic, el brillante Aleix Saló, ha editado un nuevo vídeo para promocionar su nueva obra: Simiocracia. Sin duda ha gozado de amplio reconocimiento, pero muy lejos del primero. ¿Tendrá que ver con el poco favorecedor retrato que hace de la segunda legislatura socialista? ¿O quizá con que haya descartado, como muñidora de la situación actual, a una hipotética conspiración de capitalistas sin escrúpulos que supuestamente manejan los hilos del mundo?

 

Vayamos ahora al sector inmobiliario. Aunque ha costado, parece que ya se va admitiendo que la burbuja no fue inmobiliaria, sino crediticia. Y que lo que realmente ocurrió es que se vehiculizó hacia las inversiones inmobiliarias. Pero no sólo hacia éstas. De hecho, el IBEX se está encargando últimamente de mostrar, con toda crudeza, que el exceso de deuda aquejó a todo el tejido empresarial del país. Pero, en fin, el mantra que sigue dominando el panorama, tan falso como el de “la vivienda nunca baja”, es el de “la crisis es consecuencia de la burbuja inmobiliaria”.

Otra interpretación equivocada es la que dice que el precio de los inmuebles tiene que bajar muchísimo, tanto como para alcanzar el ratio de 3 –o como mucho 4- años de salario de la unidad familiar (frente a los 6,1 de la actualidad). Este es sin duda un dato importante, un índice a tener en cuenta. Pero no es suficiente. En el año 1995 –que ahora nos resultaría idílico desde un punto de vista inmobiliario- el número de años de renta bruta familiar necesarios para adquirir una casa era de apenas 3,7. Sin embargo, la tasa de esfuerzo financiero suponía el 48,2% de los ingresos familiares. Mientras tanto, en el burbujeante 2005, cuando el precio de la vivienda representaba 7,3 años de renta bruta del hogar, el esfuerzo era de tan sólo el 39,5%. ¿Qué quiere decir esto? Que la financiación importa, y mucho, a la hora de establecer los precios de este mercado. Que la misma familia, con los mismos ingresos, pudiendo dedicar el mismo dinero al mes a pagar la cuota hipotecaria, podrá adquirir un piso de 150.000 euros o de 300.000 euros según sean las facilidades financieras del momento. Y ¿cuáles son las del momento actual? Nadie a fecha de hoy es capaz de responder en dos o tres líneas. ¿Por qué? Porque el sistema financiero sigue sin funcionar. (Por cierto, que la tasa de esfuerzo actual está en el 36,1%; que si bien no es la más baja de la serie histórica, sí que se encuentra muy lejos del techo del  52% de 2008)

En efecto, nuestro sistema financiero no funciona desde 2007. Un sistema en el que la ocultación de la realidad se ha convertido en un arte. Y si no fíjense en la tasa de mora hipotecaria. A mediados de 2007 comenzó una escalada brutal que la llevó desde el 0,5% hasta el 3% en apenas dos años. A partir de ese momento comenzó a bajar hasta el 2,4% y, desde entonces, apenas ha remontado unas décimas hasta el entorno del 2,8%. ¿Cómo se pueden justificar estos datos si el paro no deja de crecer y la economía se deteriora día a día? En Irlanda, con una tasa de desempleo diez puntos inferior a la nuestra, está por encima del 8%. ¿Se sorprenden ahora de que S&P o JP Morgan alerten de esta irregularidad? Yo no.

Así pues, si los préstamos hipotecarios rondan los 600.000 millones de euros, 5 puntos más de mora representarían 30.000 millones. Ahí queda.

Pero aún hay más. Vayamos a la Reforma Financiera. De los 323.000 millones reconocidos de activos inmobiliarios ligados al crédito-promotor se han considerado problemáticos 175.000 (54%). Y ha sido sobre éstos sobre los que se han elevado las provisiones. Hasta aquí bien. Pero la pregunta que todos se hacen es ¿cuántos de los 148.000 millones considerados no problemáticos lo son realmente? ¿Cuántos responden a refinanciaciones -a “patadas p’alante”- esperando que escampe? Pues seguramente la mayoría. Promotores bien capitalizados haylos, pero son una excepción. Apliquen ahora un nivel similar de provisiones a los 148.000 millones que dicen que son buenos. Y acomódense antes de ver el resultado.

Esos vehículos, o sociedades instrumentales, o bancos malos, que parece que ahora se van a poner en marcha mucho me temo que no van a ser la solución al problema. Y no lo son porque el propio De Guindos ha manifestado que sólo se refieren a los 175.000 millones que son considerados problemáticos. Incluso dando por buenas las exigencias de cobertura de la Reforma Financiera –es decir, asumiendo que el valor de mercado de los activos es el que ha fijado el ministerio- estaríamos otorgando carta de naturaleza a los restantes 148.000 millones de crédito-promotor y a la mora hipotecaria del dos coma algo. ¿De verdad alguien se cree que se va a dar confianza a los mercados con este nuevo cambio de rumbo que sigue sin coger el toro por los cuernos?

O se acomete de una vez y en profundidad la limpieza de la Banca o nuestra economía colapsará, con y sin austeridad, con y sin despilfarro. Dará igual que se hagan reformas laborales, se redistribuyan competencias en el ámbito territorial, se cierren televisiones públicas o se fusionen ayuntamientos. Las buenas y las malas medidas palidecerán mientras la banca no se ajuste de una vez. España ha entrado en una dinámica autodestructiva, en un círculo vicioso que sólo se puede detener si se mete un hachazo definitivo al precio de los activos al tiempo que una Banca ya saneada se dedica a lo que se tiene que dedicar.

Y les dejo para terminar con un extracto del estupendo último artículo de Daniel Lacalle, que expresa de manera inmejorable lo último que quería transmitir hoy:

“Hablan en España de “negociar cómo sacar adelante el banco malo”. ¿Banco malo? No gracias, de esos ya tenemos muchos. Lo peor es que nos digan que se negocia el banco malo -malísimo- con fondos europeos “para que no suponga coste público”. ¿Pero de dónde se creen que sale el dinero del EFSF y de esos fondos europeos? De sus bolsillos, en impuestos. ¿Y sinceramente se creen que unos activos que no se han podido colocar en años van a recibir interés inversor a un valor en libros -muy descontado, me dicen- que no se cree ni Lady Gaga?

Eso de que las entidades bancarias no pueden –no quieren- ampliar capital es una filfa. Unicredito hizo una ampliación de 7.500 millones sin problema. Lo que fastidia es el descuento al que hay que hacerla y el precio que la demanda establece. Ya saben, vivimos en el país de “el precio es el precio”, la demanda no importa y esperar a que escampe. Eso de que una entidad bancaria no puede quebrar porque se crea riesgo sistémico es otra filfa. Se crea riesgo sistémico en los puestos de sus directivos. El propio Emilio Botín lo decia en 2006 “hay que dejar que las entidades insolventes quiebren”. Y nada de chorradas de peligro para los ahorros. Peligro para los ahorros son las cuotas participativas y las preferentes.

La solución es simple y la que se ha dado en todo el mundo. Que algunos bancos insolventes quiebren y se subasten sus activos, que bajen los pisos lo que tengan que bajar, que se limpie el sistema y no se posponga la solución agrandando el agujero. Llevamos desde 2008 con este mismo tema…si lo hubiésemos hecho entonces, ya estaríamos hablando de recuperación.”

Pues eso.

 

Les transcribo parte de una conversación que mantuve hace unos días con un promotor que –espero que me perdone- llamaré zombi:

“(…) Todas nuestra unidades tienen hipotecas con importes bastante superiores al su actual valor de mercado. Esto hace que sean imposibles de comercializar por lo que ni siquiera las estamos ofertando. Todos estos proyectos van por la 2ª o 3ª ronda de refinanciación sin que las entidades acepten daciones. (…)

(…) Tan solo en un caso hemos llegado a un acuerdo con la entidad bancaria para que ellos acepten una quita importante (25%-35%) sobre la hipoteca. En este caso en particular sí estamos vendiendo varias unidades al mes. Obviamente esto no nos produce ingreso alguno pero reducimos pasivo y nos permite liquidar ordenadamente. Sinceramente pienso que este es un buen camino para los bancos. Mucho más lógico que la dación o la ejecución. Lamentablemente casi ninguno lo entiende así. (…)

(…) Creo que quienes están impidiendo que se liquide el stock son las entidades financieras. Les proponemos soluciones reales y viables para liquidar conjuntamente pero son poquísimos los que entienden que esto es una guerra común. (…)”

Ahora el que les habla es un promotor sano, es decir, de los que hasta ahora han podido aguantar por tener un balance equilibrado pero que, si esto sigue mucho más tiempo, también acabará cayendo. Su base de operaciones es un barrio de clase medio-alta de Madrid:

“(…) Se vende, pero a un ritmo más lento y el comportamiento del cliente ha cambiado, cuesta más vender, el cliente se lo piensa mucho más, mira mucho más los precios de la zona. Además los clientes piden ahora pide viviendas con una mayor superficie, es decir, habitaciones más grandes, y a un precio inferior.

(…) Si por ejemplo en el año 2006 se vendía una vivienda de 100 m2 construidos por 300.000, ahora se pide una vivienda de 120 m2 por ese precio menos el 30% de descuento. Esto significa que aunque los precios han caído un 30% en valor absoluto, en términos de precio/m2 ha caído más todavía, más bien en el entorno del 40%.

(…) Parece que ahí encontramos un suelo, puesto que nosotros llegamos a ese descuento en el 2010 y lo hemos mantenido y seguimos vendiendo, despacio, pero vendemos. También nuestra forma de construir está posicionada en la calidad, damos un valor añadido que la gente valora, por lo que también depende del tipo de producto, pero lo que nosotros construimos se ha quedado ahí. Creo que es porque cada vez hay más escasez de oferta. (…)

(…) El problema principal, yo creo que es la incertidumbre. Son muchos los que no saben si van a seguir con su empleo el mes que viene, las previsiones no son nada buenas, y meterse en un hipoteca a 30 o 40 años no teniendo nada seguro, echa para atrás a mucha gente. Al comprador le falta seguridad, estabilidad económica. (…)

(…) En el tema del crédito, por el lado de nuestros clientes no ha habido mucho problema. De la última promoción entregada, de 30 viviendas entregadas, se otorgaron 29 hipotecas (no había préstamo promotor, por tanto no había subrogaciones, cada cliente se las buscaba por sus medios, dificultad añadida) y sólo hubo una denegación de hipoteca a un señor que quería constituir una hipoteca a 25 años teniendo él 64 años… Comentarte que esas viviendas las vendimos con un 30% de descuento y las tasadoras tasaban para la otorgación de hipotecas en un 100% del valor de venta (…)

(…) Creo que hay mucha gente a la espera de ver cómo evolucionan los precios. Nadie quiere meterse ahora en una vivienda y que en un año valga un 10% menos… La vivienda se entiende también como un producto de inversión en este país. Es decir, no es sólo un hogar, estamos acostumbrados a que sea un activo que se revaloriza año a año y se sigue buscando este aspecto. (…)”

Por último, mi conversación con un profesional de una empresa comercializadora para entidades financieras:

 ”(…) Ha habido un parón tremendo de octubre a marzo, no había pasado nada así desde el principio de la crisis. El cambio de gobierno y el tema de la deducción no se han notado absolutamente nada, ya te digo que la bajada de ventas ha sido terrible. (…)

(…) Creo que hay menos demanda de la que se dice. No hay tanta demanda oculta. (…)

(…) El comprador está muy “enseñado”. Ya no sólo se fija en la cuota hipotecaria –que también- sino sobre todo en el precio. Y compara, se peina la zona. Además, aprovechan a tope las tecnologías: en cuanto tocas un precio en la web, te llaman tropecientos (deben tener alarmas). (…)

(…) En las ferias es curioso: hay algunos de los que han pasado por SIMA este año que también pasaron el año pasado y el anterior… ¡son como de la casa! Están esperando que el precio caiga al nivel al que ellos piensan para comprar. (….)

(…) La gente es sensible a los descuentos: en SIMA hemos aplicado algunos muy atractivos y las ventas han ido bastante bien (¡por fin! después del semestre que llevamos) (…)

(…) El precio (en Madrid) ha bajado en el entorno del 30% de media. Y a la gente le cuesta un montón conseguir la financiación. Nosotros tenemos de todo: entidades que la facilitan mucho, y entidades que se desentienden. Te puedes imaginar que en este segundo caso cuesta mucho cerrar. Lo mismo que con los precios: algunas entidades no quieren bajar y, bueno, no se vende ni un piso… (…)”

Como habrán podido leer estos días, las hipotecas se han desplomado más de un 40%;  los precios de la vivienda –según Tecnocasa- han caído otro tanto desde máximos; la morosidad ha superado un nuevo hito, el 8%; ¿hemos tocado fondo? Indudablemente no. El cortafuegos que propuso De Guindos en el comienzo de la legislatura ha sido a todas luces insuficiente. Quizá hubiera tenido efectos en 2009 o 2010, pero ahora hemos entrado en una dinámica muy peligrosa. Un círculo vicioso que no se detendrá con la desagregación que está preparando el ministro de economía (“vehículos”, “banco malo”, o como le quieran llamar). ¿Y por qué no será suficiente? Se lo explicaré en unos días. De momento, quédense con lo siguiente:

Los problemas están en tres niveles:

Entidades financieras:

-         Más preocupadas de las fusiones y absorciones que del negocio

-         Con necesidad de desapalancamiento privado

-         Con incentivos para mantener vivas a las promotoras zombis

-         Sin incentivos para financiar operaciones inmobiliarias

-         Con una fuerte presión para financiar a la Administración Pública

Particulares:

-         Inestabilidad laboral

-         Incremento del coste de la vida (luz, gasolina, transporte, impuestos, tasas, alcohol y tabaco, etc.)

-         Sin prisa para comprar, confiados en que no se ha tocado suelo

Entorno:

-         Sensación de fin de ciclo (bolsa hundiéndose, banca española en tela de juicio, gobierno dubitativo, capitales huyendo, amenaza de rescate,…)

Parón real de la economía (tiendas que cierran, fábricas que despiden, noticias de que los consumos se hunden,…)

Lo dicho, en unos días, más

 

La decisión que ha tomado la presidenta Kirchner sobre YPF sólo puede calificarse de una manera: robo. Es una violación injustificable del derecho de propiedad. Incluso aunque el Gobierno argentino termine pagando lo que le parezca por esta transmisión de propiedad indeseada –mal menor-, la decisión es unilateral y contraria a la voluntad de su actual y legítimo propietario: Repsol.

La actuación arbitraria de la administración pública no es exclusiva de naciones con tradición bananera y propensión al incumplimiento de sus compromisos. Por desgracia, en países que se creen abanderados de la modernidad, la democracia y la seguridad jurídica también se producen frecuentes agresiones a la propiedad privada. Sí, estoy pensando en España. Y, sí, me estoy acordando de la particular forma en que nuestras administraciones suelen abordar el urbanismo, probablemente el único ámbito de la economía nacional donde la “planificación” al más puro estilo soviético goza de la mayor de las impunidades; indubitada a izquierda y –sorprendentemente- a derecha.

Muchos argentinos quizá piensen que su presidenta no es ninguna “patotera”; sino una latina brava y corajuda que se enfrenta a unos gallegos arrogantes y colonialistas. Pobres. Van muy bien dirigidos a su próximo default. Lean, lean este post de Daniel Lacalle que vaticinaba el fatal desenlace de estos lemmings del hemisferio sur. Un proceso que se acelera en la medida en que en el pecado llevan la penitencia: ¿quién va a meter un duro en ese país? Nadie en su sano juicio. Nadie que, de alguna manera, no espere obtener una rentabilidad tal que le compense la altísima probabilidad de intervención -inseguridad jurídica-. Nadie que no juegue, de alguna manera, con cartas marcadas. Lo más parecido al capitalismo, en ese país, es el capitalismo crony. Y ni eso.

No hay más que ver la foto del lugarteniente económico de la Kirchner: ¿sólo a mí me recuerda a uno de esos personajes de los bajos fondos londinenses que tanto han prodigado en el cine desde Snatch: cerdos y diamantes?

Ahora bien, como ciudadanos españoles y sólo como tales, lo que nos debe ocupar y preocupar es la posición de España frente a esta situación. Debo reconocer que la declaración del ministro Soria el jueves pasado me sorprendió, por contundente y preventiva: “los gestos de hostilidad contra las empresas españolas también serán considerados hostilidad a España y al Gobierno de España y tendrán consecuencias”. Una afirmación tan categórica que por un momento pensé que nos quedaba algún Perejil por la zona.

Primero: ¿es Repsol una empresa española? Según la web de la compañía, el 43,54% de sus acciones está en manos españolas mientras que el 51,49% pertenece a nacionales de otros países (el 5% restante es autocartera). Por lo tanto, es bastante española aunque sin mayoría absoluta. Bueno, a lo mejor lo es por empleados. Según la misma web corporativa, en España reside el 46% de la plantilla. Por lo tanto, el 54% lo hace fuera (37% en Argentina). ¿Será por los impuestos? En la web no he sido capaz de encontrarlos, pero sí en un artículo de Alberto Garzón (por lo que pongo el dato en cuarentena). Según el político comunista –y cristinista-, el beneficio antes de impuestos de 2010 fue de 6.613 millones de euros, de los que 3.534 (53,4%) se liquidaron aquí. Y eso que –según también Garzón- sólo el 24,8% de esos beneficios se generaron en España. De lo que se concluye que España-Estado hace un buen negocio fiscal con esta empresa. Por último, Repsol tiene su sede social en España. ¿Es suficiente para merecer la asistencia de un país ante una inversión fallida? ¿La hostilidad hacia una empresa que sólo es -siendo magnánimos- medio española debe considerarse hostilidad hacia el Gobierno de España? ¿Y qué, si lo fuera? Por otra parte, si eso fuera garantía de apoyo gubernamental las grandes sociedades del mundo se domiciliarían en Miami, buscando el cobijo de la Sexta Flota. Y pregunto: si mañana, o anteayer, la Exxon, Lukoil o los árabes oparan Repsol, ¿significaría que el Gobierno se debe inhibir? ¿Dónde está el límite?

Segundo: ¿actúan los Gobiernos de la misma manera para con todas las empresas que salen, han salido y saldrán con el rabo entre las piernas de un país de dudosa seguridad jurídica? Todos los que estamos en el mundo empresarial conocemos situaciones en las que un empresario se ha visto obligado a malvender a la mafia local progubernamental el negocio que había montado en países de dudosa reputación (que prefiero omitir por razones obvias). Y nunca el Gobierno, del signo que sea, ha dado la cara por estos empresarios -y, si lo ha hecho excepcionalmente, con la máxima discreción diplomática-. Sin ir más lejos y para que nadie se ofenda, la suspensión de las primas a las renovables en nuestro país ha perjudicado muchas inversiones españolas y extranjeras –la mayoría alemanas: ¿se imaginan a Merkel considerando este hecho como “hostilidad” hacia Alemania?-

Tercero: ¿De verdad alguien piensa que Argentina es un país fiable para los negocios? ¿El país de la hiperinflación y el corralito? Cuando un empresario realiza una inversión en este país sabe a lo que se expone.

Cuarto: Las nacionalizaciones de recursos naturales energéticos están a la orden del día. Y ha sucedido en países de todas las culturas y latitudes.

Concluyendo:

-         Una empresa privada tomó una decisión –con riesgo, como todas- de inversión con plena libertad.

-         Si sopesó bien o mal ese riesgo es algo que atañe a su directiva y a sus accionistas.

-         No resulta obvio que el Gobierno de España y sus servicios diplomáticos –pagados con el dinero de los ciudadanos- estén al servicio de empresas privadas, sean o no españolas (¿qué es ser español?), por decisiones de inversión tomadas en el normal desenvolvimiento de los negocios. Hay instancias apropiadas –los tribunales- para dirimir estas disputas.

-         Los recursos energéticos y las materias primas siempre están expuestos a situaciones de este tipo: no es el primero ni el único caso en que se ha producido una nacionalización –con independencia del país-.

-         La gestión de esta crisis, y la actitud en general que muestra Repsol hacia los gobiernos de los países donde tiene intereses, puede que no sea la más adecuada (ver el artículo de Daniel Lacalle mencionado). Que los accionistas exijan responsabilidades a sus directivos.

Y entonces, ¿por qué se ha tomado como algo personal el Gobierno de España esta crisis? No lo sé a ciencia cierta, y espero que alguien desvele las claves más pronto que tarde. Aunque no es difícil suponerlo, dadas las tradicionales conexiones en nuestro país entre la clase política y la gran empresa oligopolística.













Comentarios recientes

Archivo

mayo 2012
L M X J V S D
« abr    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  
© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899