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Mensajes etiquetados banco malo

 

Les transcribo parte de una conversación que mantuve hace unos días con un promotor que –espero que me perdone- llamaré zombi:

“(…) Todas nuestra unidades tienen hipotecas con importes bastante superiores al su actual valor de mercado. Esto hace que sean imposibles de comercializar por lo que ni siquiera las estamos ofertando. Todos estos proyectos van por la 2ª o 3ª ronda de refinanciación sin que las entidades acepten daciones. (…)

(…) Tan solo en un caso hemos llegado a un acuerdo con la entidad bancaria para que ellos acepten una quita importante (25%-35%) sobre la hipoteca. En este caso en particular sí estamos vendiendo varias unidades al mes. Obviamente esto no nos produce ingreso alguno pero reducimos pasivo y nos permite liquidar ordenadamente. Sinceramente pienso que este es un buen camino para los bancos. Mucho más lógico que la dación o la ejecución. Lamentablemente casi ninguno lo entiende así. (…)

(…) Creo que quienes están impidiendo que se liquide el stock son las entidades financieras. Les proponemos soluciones reales y viables para liquidar conjuntamente pero son poquísimos los que entienden que esto es una guerra común. (…)”

Ahora el que les habla es un promotor sano, es decir, de los que hasta ahora han podido aguantar por tener un balance equilibrado pero que, si esto sigue mucho más tiempo, también acabará cayendo. Su base de operaciones es un barrio de clase medio-alta de Madrid:

“(…) Se vende, pero a un ritmo más lento y el comportamiento del cliente ha cambiado, cuesta más vender, el cliente se lo piensa mucho más, mira mucho más los precios de la zona. Además los clientes piden ahora pide viviendas con una mayor superficie, es decir, habitaciones más grandes, y a un precio inferior.

(…) Si por ejemplo en el año 2006 se vendía una vivienda de 100 m2 construidos por 300.000, ahora se pide una vivienda de 120 m2 por ese precio menos el 30% de descuento. Esto significa que aunque los precios han caído un 30% en valor absoluto, en términos de precio/m2 ha caído más todavía, más bien en el entorno del 40%.

(…) Parece que ahí encontramos un suelo, puesto que nosotros llegamos a ese descuento en el 2010 y lo hemos mantenido y seguimos vendiendo, despacio, pero vendemos. También nuestra forma de construir está posicionada en la calidad, damos un valor añadido que la gente valora, por lo que también depende del tipo de producto, pero lo que nosotros construimos se ha quedado ahí. Creo que es porque cada vez hay más escasez de oferta. (…)

(…) El problema principal, yo creo que es la incertidumbre. Son muchos los que no saben si van a seguir con su empleo el mes que viene, las previsiones no son nada buenas, y meterse en un hipoteca a 30 o 40 años no teniendo nada seguro, echa para atrás a mucha gente. Al comprador le falta seguridad, estabilidad económica. (…)

(…) En el tema del crédito, por el lado de nuestros clientes no ha habido mucho problema. De la última promoción entregada, de 30 viviendas entregadas, se otorgaron 29 hipotecas (no había préstamo promotor, por tanto no había subrogaciones, cada cliente se las buscaba por sus medios, dificultad añadida) y sólo hubo una denegación de hipoteca a un señor que quería constituir una hipoteca a 25 años teniendo él 64 años… Comentarte que esas viviendas las vendimos con un 30% de descuento y las tasadoras tasaban para la otorgación de hipotecas en un 100% del valor de venta (…)

(…) Creo que hay mucha gente a la espera de ver cómo evolucionan los precios. Nadie quiere meterse ahora en una vivienda y que en un año valga un 10% menos… La vivienda se entiende también como un producto de inversión en este país. Es decir, no es sólo un hogar, estamos acostumbrados a que sea un activo que se revaloriza año a año y se sigue buscando este aspecto. (…)”

Por último, mi conversación con un profesional de una empresa comercializadora para entidades financieras:

 ”(…) Ha habido un parón tremendo de octubre a marzo, no había pasado nada así desde el principio de la crisis. El cambio de gobierno y el tema de la deducción no se han notado absolutamente nada, ya te digo que la bajada de ventas ha sido terrible. (…)

(…) Creo que hay menos demanda de la que se dice. No hay tanta demanda oculta. (…)

(…) El comprador está muy “enseñado”. Ya no sólo se fija en la cuota hipotecaria –que también- sino sobre todo en el precio. Y compara, se peina la zona. Además, aprovechan a tope las tecnologías: en cuanto tocas un precio en la web, te llaman tropecientos (deben tener alarmas). (…)

(…) En las ferias es curioso: hay algunos de los que han pasado por SIMA este año que también pasaron el año pasado y el anterior… ¡son como de la casa! Están esperando que el precio caiga al nivel al que ellos piensan para comprar. (….)

(…) La gente es sensible a los descuentos: en SIMA hemos aplicado algunos muy atractivos y las ventas han ido bastante bien (¡por fin! después del semestre que llevamos) (…)

(…) El precio (en Madrid) ha bajado en el entorno del 30% de media. Y a la gente le cuesta un montón conseguir la financiación. Nosotros tenemos de todo: entidades que la facilitan mucho, y entidades que se desentienden. Te puedes imaginar que en este segundo caso cuesta mucho cerrar. Lo mismo que con los precios: algunas entidades no quieren bajar y, bueno, no se vende ni un piso… (…)”

Como habrán podido leer estos días, las hipotecas se han desplomado más de un 40%;  los precios de la vivienda –según Tecnocasa- han caído otro tanto desde máximos; la morosidad ha superado un nuevo hito, el 8%; ¿hemos tocado fondo? Indudablemente no. El cortafuegos que propuso De Guindos en el comienzo de la legislatura ha sido a todas luces insuficiente. Quizá hubiera tenido efectos en 2009 o 2010, pero ahora hemos entrado en una dinámica muy peligrosa. Un círculo vicioso que no se detendrá con la desagregación que está preparando el ministro de economía (“vehículos”, “banco malo”, o como le quieran llamar). ¿Y por qué no será suficiente? Se lo explicaré en unos días. De momento, quédense con lo siguiente:

Los problemas están en tres niveles:

Entidades financieras:

-         Más preocupadas de las fusiones y absorciones que del negocio

-         Con necesidad de desapalancamiento privado

-         Con incentivos para mantener vivas a las promotoras zombis

-         Sin incentivos para financiar operaciones inmobiliarias

-         Con una fuerte presión para financiar a la Administración Pública

Particulares:

-         Inestabilidad laboral

-         Incremento del coste de la vida (luz, gasolina, transporte, impuestos, tasas, alcohol y tabaco, etc.)

-         Sin prisa para comprar, confiados en que no se ha tocado suelo

Entorno:

-         Sensación de fin de ciclo (bolsa hundiéndose, banca española en tela de juicio, gobierno dubitativo, capitales huyendo, amenaza de rescate,…)

Parón real de la economía (tiendas que cierran, fábricas que despiden, noticias de que los consumos se hunden,…)

Lo dicho, en unos días, más

La suerte debería acompañar a los hombres audaces, que no temerarios. Audaz y valiente es la intención de Luis de Guindos para desatascar el empacho inmobiliario de la banca. Llevo diciendo años que el principal problema de España se llama “banca” (entiéndase por tal el sistema financiero en su conjunto, que hay mucho suspicaz).

Se ha hablado y criticado mucho en los últimos tiempos el concepto de banco malo –yo el primero- pues no es de recibo que sean los ciudadanos en su conjunto, eso que llamamos Estado, quien apechugue con las pérdidas en que han incurrido ciertas empresas privadas, llámense bancos, cajas de ahorro o videoclubs. Es más, si llegara el caso –que espero que no-, esto no podría salirles gratis ni a los gestores –que deberían responder penalmente por sus comportamientos y decisiones-  ni a los dueños –cuya participación debería quedar diluida- de esas empresas.

Sin embargo, hay algo que quizá pasa desapercibido en el fragor de la batalla diaria, y es que el banco malo, el peor banco posible, es el que tenemos ahora.

En mi blog he criticado, en ocasiones ferozmente, al gobernador MAFO, a los representantes de la banca (Miguel Martín de la AEB, Santos González de la AHE), a los banqueros más sonados y representativos y, por supuesto, al Gobierno socialista, en especial a Elena Salgado, pero también a Solbes, Blanco y Zapatero. Me resulta intolerable que no se hayan atrevido a coger el toro por los cuernos desde el primer minuto. Me resulta inaudito que pensaran que esta crisis financiera tenía una cura similar a la de los primeros años noventa: Ni por las dimensiones del problema –endeudamiento de familias y empresas de 0,7 veces el PIB en 1990, y de 1,8 veces en 2008*-; ni por la (ausencia) de política monetaria, ergo de la posibilidad de devaluar y así tramposamente abaratar todos los activos existentes dentro del territorio nacional. La gente tiene la idea de que, hasta esta crisis, la vivienda no había bajado nunca. Falso de toda falsedad si descontamos la inflación y las varias devaluaciones que González aplicó a nuestra añorada peseta.

¿Cuál ha sido la estrategia que se ha seguido desde 2008 hasta hoy? La inacción. Así lo describen los reputados chicos de Nada es Gratis en el libro homónimo que publicaron hace tres meses. MAFO y compañía esperaban que el tiempo lo curara todo, cuando no hacía sino agravar el problema, por dos razones: Por un lado, y dado que la banca española tiene una terrible dependencia de la financiación exterior mayorista (los depósitos de los españoles no cubren ni de lejos los préstamos concedidos), cualquier crisis de liquidez es letal para nuestras entidades (como estamos viendo repetidamente y en especial desde mayo de 2010). Por otro lado, porque la refinanciación de los préstamos impagables de las promotoras zombis hace que crezcan exponencialmente con lo que un problema manejable deviene con el tiempo en inmanejable.

Y cuando vieron que en efecto la situación había encallado y se estaba agravando, pensaron que con una oleada de fusiones se calmaría la fiera. Para esto partían de una premisa: “El sistema financiero en su conjunto está bien. Pero hay alguna entidad malita. Así que basta con que las sanas deglutan las enfermas y todo habrá pasado.” La premisa era falsa. Porque el conjunto del sistema no estaba ni está bien. Está muy tocado. Lo que había y hay son entidades moribundas, entidades muy enfermas, y entidades tocadas. El proceso de fusiones fue un desastre. Primero, porque no supuso reconocer la calidad de los activos (las pérdidas ocultas). Segundo, porque se elevó el riesgo sistémico, por el proceso de concentración. Tercero, porque los gestores del desastre seguían siendo los gestores de las fusionadas. Cuarto, porque las taifas y el cálculo político impusieron unas fusiones absolutamente descabelladas.

MAFO, Salgado y Zapatero –tal vez mal e interesadamente asesorados por algún banquero- han llevado a nuestro sistema financiero al borde del precipicio. Han convertido un sistema ejemplar en el más contaminado y sospechoso de Occidente, que ya es decir. Pero eso no es lo peor.

Lo peor es el daño que han infringido a la sociedad española. Un daño económico incalculable que ha derivado en otros perjuicios de mayor enjundia. No puedo entender como estos tipos se han ido con medallas al cuello en lugar de sogas -entiéndanme, es una manera de hablar-. MAFO, Salgado y Zapatero han propiciado el mayor saqueo de la historia reciente de España; han puesto por encima del bien común una determinada manera de “sanar” la banca que a la postre ni siquiera para eso ha servido.

Sean conscientes de lo que ha pasado: durante 2008, 2009, 2010 y 2011 –esperemos que esto se frene ya- estos señores han permitido que la banca fuera saneando sus balances poco a poco y lentamente a costa del estrangulamiento financiero del país, con cientos miles de víctimas directas por el camino –autónomos y desempleados- y prácticamente cuarenta y siete millones de víctimas indirectas. Para tal propósito, además, no se les ha puesto nada por delante. Les han modificado leyes -¿lo han hecho para los desahuciados, por ejemplo?-, les han facilitado avales, les han propiciado otras formas de obtener ingresos, les han aportado dinero público, han consentido acuerdos que no pasarían las reglas básicas de la libre competencia, etc., sin ni siquiera tener la vergüenza torera de obligarles a recapitalizarse con los beneficios obtenidos cada año. Descaradamente, el desvalijamiento de España ha servido para soltar jugosos dividendos a los accionistas –los dueños- de estas entidades que sólo se sostienen porque el Estado las avala.  En definitiva, han esquilmado al país, han empobrecido a todas las capas sociales, han abortado los incipientes sueños de los jóvenes.

Y todo esto, ¿para qué? Para nada. Fíjense en un detalle que ha pasado prácticamente inadvertido. Una gran empresa como FCC que, como todas las grandes del país, hasta ahora no había tenido problemas de financiación –siempre ha habido clases- se ha visto obligada a deshacerse de la joya de la corona –Torre Picasso- ¿fruto de su estrategia de rotación de activos? No nos engañemos. Fruto del ahogo financiero. Es un síntoma clarísimo del desmoronamiento del sistema financiero.

Así las cosas, en España tenemos dos opciones: la opción A es seguir con la estrategia del avestruz: nos sentamos a ver la tele esperando la llegada de la Parca. La opción B es hacer lo que esté en nuestras manos. Darle la vuelta a la tortilla. Tratar de convertir las debilidades en fortalezas y las crisis en oportunidades. Es la hora de los hombres valientes.

*Cuando Aznar cedió la Moncloa a Zapatero el ratio era de 1 vez el PIB. Éste último prácticamente lo dobló (1,8 en 2008). Lo digo a efectos de aquellos que culpan del desastre en exclusiva al Gobierno popular o de los que venden que los socialistas quisieron cambiar el modelo productivo.

 

De Botín se podrá criticar muchas cosas, pero en ningún caso que es un “hijo de papá”. Cuando tomó las riendas del Banco de Santander, allá por 1986, éste era probablemente el más pequeño de los siete grandes. Hoy es líder en España y uno de los diez mayores del mundo. Probablemente para él hubiera sido más fácil haberse dejado comer por alguno más grande en las fusiones de los años noventa y, así, dedicar el resto de su vida al dolce far niente. Pero Emilio Botín no es de esos. Con admirable habilidad fue escalando posiciones en el ranking nacional hasta llegar a ser lo que hoy día es.

El primer golpe lo dio con la adjudicación de Banesto. Más tarde, se hizo con el ya fusionado Central Hispano. Y adquirió la mayoría de edad y relevancia internacional cuando cruzó el canal para hacerse con el Abbey National Bank. Hace cuatro o cinco años tuve ocasión de ver un video grabado por el propio banco que narraba el cierre de la operación en Londres. En él se puede ver a un Botín eufórico y feliz, sin complejo alguno a pesar de hablar un inglés bastante macarrónico –prueba de que el problema de la mayoría no es el mayor o menor dominio de un idioma sino la falta de confianza en sí mismo-. En un momento determinado alguien –se supone que un periodista británico- le hace una pregunta a Botín sobre la “fusión” con el Abbey que éste no termina de entender. Una vez traducida al español por algún empleado del banco, Botín, sorprendido, responde: “¿Merger? Merger no: acquisition.” (¿Fusión? Fusión no: compra) “Acquisition”, insiste, mientras apoya sus palabras gesticulando con las manos como indicando que uno se come a otro. Botín en estado puro.

Botín aprendió, gracias a Banesto, que el mejor momento para crecer lo proporcionan las crisis. Así que cuando estalló lo de las subprime supo que había llegado su hora y la aprovechó de nuevo, haciendo ventajosas adquisiciones por Europa. Probablemente no era la del Santander –como la de ningún otro banco en general- una situación especialmente boyante, pero se encontró, frente al resto de competidores, con dos hechos diferenciales: Por un lado, la entidad no había comprado titulizaciones de hipotecas americanas; por otro lado, encontró un perfecto aliado en el Banco de España y en el Gobierno que, en lugar de forzar un rápido reconocimiento de las pérdidas inmobiliarias que ya se avecinaban, prefirieron escudarse en las provisiones genéricas como base de la fortaleza de un sistema financiero casi idílico.

Las cosas han cambiado mucho desde 2008. El proceso de concentración y saneamiento de la banca española ha llegado a su momento culmen. La inminente entrada de un nuevo Gobierno en España con la intención manifiesta de atajar el problema de una vez por todas ha disparado todo tipo de rumores en las últimas semanas acerca de cuál va a ser la fórmula elegida para sanear la banca. Así, la prima de riesgo ha dejado su posición como trending topic económico al banco malo.

Botín, que tampoco es ajeno a esta incertidumbre, aprovechó una inauguración del banco en Solares –irónicamente la localidad cántabra donde nació Rubalcaba- para, por un lado, respaldar a Rajoy y, por otro, cargar contra el modelo de banco malo: “El banco malo no me gusta, creo que no es la solución. Sería hacer una cosa que le va a costar dinero al contribuyente y no solucionar que se den los créditos”. Y lo cierto es que lleva razón, como con ironía y desparpajo explica el economista Andrés González en este post publicado el viernes con el título de “La milonga del banco malo”.

Llama la atención el alineamiento de intereses de Botín con el pueblo llano. No voy a poner en duda la sinceridad del banquero cuando usa esos argumentos. Pero tampoco hay que olvidar que el banco malo supondría para su tradicional estrategia –la compra de entidades en dificultades- un fuerte varapalo: el banco malo supone “café para todos”, es decir, que todas las entidades financieras son medidas con el mismo rasero y que, por tanto, todas deben mostrar sus activos tóxicos y traspasarlos a una entidad estatal que eventualmente se ocuparía de gestionarlos desde ese momento. Teóricamente no habría vencedores ni vencidos. Incluso las cajas más perjudicadas podrían volver a la actividad bancaria ya ligeras de peso.

A los peces grandes del sistema financiero no les interesa este modelo, pues no les sirve para comerse a los peces chicos a precio de ocasión. Para ellos, el modelo fetén es el que se ha instrumentalizado en la operación de absorción de la CAM por el Sabadell. Es decir, un modelo de absorciones (merger no: acquisition) pero garantizadas por lo que se ha venido en llamar un “esquema de protección de activos”.

Esto del esquema de protección de activos consiste, en grandes rasgos, en que una parte de las pérdidas potenciales las cubre la propia banca a través del Fondo de Garantía de Depósitos –como su nombre indica es un fondo que recibe anualmente aportaciones de todos lo bancos para garantizar los depósitos en la eventualidad de que alguno quiebre- y, el resto, el Estado, ya sea a través del FROB o de cualquier otro instrumento.

Es bien sabido que España se encuentra en estos momentos en una situación muy delicada y que difícilmente podría garantizar todas las pérdidas potenciales del sistema financiero sin poner en riesgo la propia solvencia del Estado. Además, el propio Rajoy ha insistido en más de una ocasión en que no va a hacer pagar al contribuyente las pérdidas del sistema financiero. Por eso no me parece en absoluto descabellado que los decision makers estén trabajando en el formato que anunció el periodista John Müller el sábado pasado en twitter: “Se copiará el método Sabadell-CAM con un Fondo de Garantía de Depósitos con macrocrédito del EFSF/ESM”.

El modelo puede funcionar –Merkel mediante- aunque tiene, a mi entender, un fallo en origen, y es que parte de la presunción de que las tres, cuatro o cinco entidades que se harían con el resto del sistema financiero están sanas. Y eso no es necesariamente así. De hecho, si lo fuera, no tendrían problemas para captar dinero en el interbancario; ni tampoco para renovar sus vencimientos o para lanzar nuevas emisiones; ni necesitarían aumentar sus comisiones para mejorar sus números; ni su principal fuente de negocio sería la toma de liquidez al 1% en el BCE para prestarle al Estado al 5%.

Son entidades con problemas; probablemente con menos problemas que las demás, pero con problemas graves al fin y al cabo. Y no parcelar y acotar el riesgo de cada una de las entidades puede tener como consecuencia la concentración del riesgo en un ramillete de entidades sistémicas. Una auténtica bomba de relojería.

Es importante recordar que más allá del banco malo y del esquema de protección de activos hay vida inteligente. En este artículo de Juan Ramón Rallo se explica con sencillez el modelo que, al menos a mí, me parece el más justo: capitalización de deuda. Pero no caerá esa breva.

 

“José Luis, desengáñate, este país seguirá en crisis mientras no se reactive el sector inmobiliario”

A diestra y siniestra es éste el mensaje que oigo. Y no sólo de confidencias. Así se manifestó Rubalcaba al inicio de la precampaña: “No podemos pasar del atracón del ladrillo al ayuno del ladrillo” ¿Y Rajoy? Aunque no lo haya dicho con esas palabras, es lo que se puede inferir de su programa electoral, como veremos más adelante.

No hay otro modelo productivo en el horizonte. Los modelos productivos no se improvisan. Y menos cuando estás acuciado por una crisis que se está llevando por delante el tejido empresarial del país y pone en riesgo el Estado del Bienestar. Cuatro años y medio después de que estallara la burbuja de crédito lo único que se nos ha ocurrido es “resetear” la banca para volver a la casilla de salida. Reiniciar el proceso. El día de la marmota.

Estamos como en el 96 pero peor. Para cuando llegó Aznar, González ya había hecho lo más difícil: el ajuste. ¿Que fue un ajuste tramposo? Cierto, pues se hizo a través de devaluaciones e inflación. Disponer de una moneda propia puede que tenga inconvenientes, pero entre sus ventajas se encuentra la capacidad de ajustar precios y salarios sin conflictividad social.

Aparte de que no nos encontrábamos en un entorno de crisis mundial, a Aznar le bastó con impulsar el sector inmobiliario, privatizar la empresa pública, una cierta austeridad pública y liberalizar algunos sectores clave de la actividad. Además, la banca no estaba tocada como lo está ahora. El boom inmobiliario del final de los ochenta no tuvo nada que ver con lo que hemos vivido estos años. Ni tampoco había Comunidades Autónomas o Ayuntamientos de proporciones paquidérmicas como las de hoy.

Vayamos al grano. ¿Qué va a hacer Rajoy? Su plan, por lo que he podido leer, se sustenta en cuatro patas:

Austeridad.- Esto ya estaba en la hoja de ruta del 96 aunque en esta ocasión requiere de un esfuerzo mayor por dos motivos: las administraciones han crecido exponencialmente al calor del boom inmobiliario; y la señora Merkel y los señores inversores nos exigen resultados inmediatos, concretos y medibles. El problema de las administraciones no es tanto competencial como de despilfarro. Está claro que hay solapamientos, que sobra plantilla, y que se han arrogado competencias y se han metido en negociados que no les corresponden. Pero más allá de todo eso, una gestión eficaz de los recursos públicos debería ser suficiente para sostener la arquitectura del Estado. Se trata de gastar menos, pero sobre todo de gastar mejor. La duda que me surge es: ¿lo harán o tirarán por el camino fácil? Ahí tenemos a Zapatero, a Papandreu o a Passos Coelho que, acuciados por los acreedores, se lanzan a la presa propiciatoria del salario de los funcionarios o de los pensionistas. La receta clásica del FMI.

Reforma laboral.- El argumento que utiliza el sindicalismo español para negarse a la reforma laboral tendría sentido si, como ya he advertido, dispusiéramos de moneda propia: devaluación y, ¡tatatachán!, todo es más barato, salarios y productos (incluidos los inmuebles). Así, venderíamos más y poco a poco el paro empezaría a remitir. Pero eso es agua pasada. Dentro del euro sólo cabe abaratar costes. Porque si no te ajustas en precio, lo haces en cantidad. Todos los días leo gente que me sigue que me dice que la vivienda tiene que caer más, que tiene que ajustarse de verdad, que está muy cara. Y por eso el stock aumenta. Pues con la fuerza laboral pasa lo mismo: que está cara y que tiene que ajustarse. Creo que es fácil de entender.

Apoyo a la Empresa.- Hay un buen paquete de medidas, sin duda positivas y necesarias, para favorecer el desarrollo y mantenimiento de las empresas que podrían facilitar, si no el aumento, sí al menos el mantenimiento del empleo: compensación de deudas con la Administración, pago del IVA al cobro y no al devengo, exención por reinversión, liberalización de mercados, etc. Medidas necesarias pero no suficientes. Porque el meollo de todo se encuentra en el siguiente epígrafe:

Solución del atasco financiero/inmobiliario.- Las políticas que anuncia el PP para vivienda aspiran a ser un auténtico plan de choque para revitalizar el sector:

-         IVA superreducido

-         Deducción por adquisición de vivienda nueva

-         Compensación tributaria entre alquileres pagados y percibidos para fomentar la movilidad laboral

-         Libertad de pactos en arrendamientos

-         Acuerdos de colaboración público-privada para movilizar el stock de vivienda

¿Qué se pretende con esto? Por un lado, como ya he dicho, impulsar tanto la compraventa como el arrendamiento. ¿Sólo? No. Hay algo más. La verdadera intención de estas medidas es, fundamentalmente, frenar la caída del precio de la vivienda.

¿Y para qué? 1) Para evitar que los balances de la banca se deterioren aún más y 2) para que las familias dejen de sentir el efecto pobreza que supone asumir que mes a mes su principal activo, la vivienda, vale menos. En un país de propietarios como es el nuestro, esta sensación de empobrecimiento tiene mucha más incidencia en las decisiones de consumo e inversión de lo que se habla. Por eso, frenar la caída de los precios de la vivienda no sólo tiene un efecto directo en el sector sino que implica una mejora para toda la economía en la medida en que alienta el consumo.

Pero para que estas medidas (todas, no sólo las relativas a la vivienda) desplieguen toda su eficacia hace falta un sistema financiero sano: que las venas del sistema, llenas de colesterol inmobiliario, se despejen. El PP se propone hacerlo, pero no tenemos muy claro cómo. En el programa electoral dice lo siguiente: “Culminaremos el saneamiento y la reestructuración del sistema financiero. Facilitaremos la gestión activa del patrimonio dañado de las entidades financieras que lo precisen.”

Dos son las versiones que han circulado durante la última semana al respecto: la creación de un banco malo al que transferir todos los activos tóxicos de la banca; y suavizar régimen fiscal que grava la venta de activos inmobiliarios de la banca. El modelo del banco malo no ha tenido muy buena acogida porque supondría socializar las pérdidas. Lo que le faltaba al pueblo español, exhausto tras cuatro años de crisis. Mientras tanto, la suavización fiscal parece que no implicaría la socialización de las pérdidas, según señaló Montoro –aunque no explicó en qué consistirían-.

A mí me da que la mejora del régimen fiscal va por un camino que sugerí en el blog hace ya unos cuantos meses: reconocimiento a fecha de hoy de toda la depreciación del activo, pero con la posibilidad de dotar/amortizar las pérdidas en varios (diez, quince) ejercicios.

En fin, lo mejor de todo esto es que ya cada vez quedan menos días para despejar la incógnita. En un próximo post profundizaré en estas medidas y en algunas otras propuestas interesantes de otros partidos, que quizá debería hacer suyas el próximo gobierno.









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