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¿Hay burbuja en Canadá?

Nino Ricci –no tiene nada que ver con la firma de moda homónima salvo su origen italiano- es uno de los novelistas más populares de Canadá. Nino y su mujer adquirieron, al límite de sus posibilidades y con la ayuda de sus padres, una vivienda en Toronto allá por 1997. Hoy han cambiado mucho las cosas: “He ganado más con el incremento de valor de mi casa que en toda mi carrera como escritor. Pero la única manera de usar ese valor es con una línea de crédito sobre la misma, lo cual es un peligroso hábito”, admite. Sin embargo, y dado que su profesión no le garantiza unos ingresos recurrentes, se apoya en el crédito para mantener su ritmo de vida más de lo que le gustaría. En los momentos más duros llega incluso a pagar intereses con el propio dinero tomado a préstamo. Y se preocupa: “¿Debo vender mi casa para asegurarme ahorros para la vejez? ¿Es esta mi última oportunidad?”

Palm Springs es una lujosa zona residencial y de ocio del sur de California que, al igual que es resto del Estado, ha sido azotada por la crisis inmobiliaria. Los precios de las viviendas, hasta hace unos años prohibitivos, gracias al fenomenal ajuste que han sufrido –gracias, entre otras cosas, a la existencia de la dación en pago- son ahora francamente asequibles pero, ¿quién dispone hoy de cash para invertir en vivienda? Los canadienses. Según el agente local Brad Schmett, la temporada alta de ventas se inicia en noviembre, con la llegada de los babyboomers (nacidos en los 60) del país de la hoja de arce: “Los canadienses están vendiendo sus enormes casas y, con lo obtenido, adquieren una casa más pequeña o un piso y el resto lo invierten en una segunda residencia en Palm Springs: buscan un lugar tranquilo y con clima agradable para evitar los duros inviernos de Canadá”.

Hay en Canadá una web similar a burbuja.info que se llama canadabubble.com. Transcribo la siguiente entrada: ““Leo que una casa de Vancouver de 344 m2 (3700 ft) salió a la venta en 1,9 M $ y que finalmente fue vendida en abril por 2,6 en una puja en la que participaron 25 personas. Ahora ha salido a la venta de nuevo por 3,5. En 1996, la misma casa se vendió por 531.000 $”.

Vancouver, febrero de 2011. Una inmobiliaria local fleta un helicóptero que sobrevolará un nuevo desarrollo de la boyante zona residencial de White Rock. Se trata de viviendas de 64 m2 (690 ft) a partir de 326.000 $ (5.000 $/m2). Los invitados al viaje, periodistas y agentes inmobiliarios que representan a inversores chinos. La acción de marketing es un completo éxito, incluso se cuela en todos los telediarios locales.

 

Algunos datos sobre el mercado inmobiliario de Canadá

Comprarse casa en Canadá se ha convertido en el deporte nacional. La cifra de propietarios supera por primera vez en la historia el 70% de la población. Según una encuesta de 2009, el 68% de los que viven en alquiler retrasarían otras compras importantes si así pudieran acceder a una vivienda, y más del 50% renunciaría a sus vacaciones con tal de comprar la casa de sus sueños.

Se estima que un tercio de la riqueza de los canadienses está metida en ladrillo. Hoy en día hasta una quinta parte (20%) del PIB está relacionado con el gasto en vivienda, desde reformas a electrodomésticos.

La construcción aporta el 7% del empleo total del país, frente a la media histórica del 5,5%.

El precio de la vivienda ha subido mucho más deprisa que los salarios. Así, las casas hoy día cuestan 5 veces los ingresos anuales de las familias, muy por encima de las 3,5 veces de hace una década.

La deuda de las familias canadienses representa actualmente el 150% de sus ingresos, su record histórico. ¿Mucho o poco? En Estados Unidos, en el pico de la burbuja se alcanzó el 127%. Hoy, tras el proceso de desapalancamiento iniciado en 2008, se sitúa en el 105%.

 

Algunas opiniones sobre el mercado inmobiliario de Canadá

The Economist advirtió la semana pasada de que el mercado inmobiliario de Canadá esfrothy” (burbujeante), destacando que los precios han subido desde 2007 el 21,9%, por encima de cualquier otra economía occidental.

La firma de consultoría Capital Economics ha señalado recientemente que la vivienda está sobrevalorada un 25%, y que la deuda de los hogares está en record histórico así como el número de viviendas desocupadas.

 

¿En qué consiste el admirado modelo hipotecario canadiense?

La banca canadiense tiene la sana costumbre de no ofrecer créditos que superen el 80% del precio de la vivienda, un criterio de sentido común que hasta hace unos años también regía nuestro mercado hipotecario. Sin embargo, en Canadá está al alcance de cualquiera la posibilidad de adquirir una vivienda poniendo sólo de entrada el 5% del precio total. ¿Cómo es eso posible? Porque el Estado se hace cargo del resto:

Hay una agencia estatal, una aseguradora gigante, que se llama CMHC (Canada Mortgage and Housing Corporation) que se dedica a asegurar las hipotecas de todos aquellos que no son capaces de hacer la entrada del habitual 20% del precio. ¿Cuál es el principal efecto? Eliminar el riesgo hipotecario para los bancos, protegerlos frente a un impago ocasional. La CMHC realiza una segunda función: tituliza las hipotecas y las vende a inversores institucionales, limpiando así tanto su balance como el de los bancos al tiempo que extiende más allá de Canadá los riesgos asumidos. ¿Se acuerdan de Fannie Mae y Freddy Mac?

Un negocio redondo para la banca local, que no asume los riesgos pero se lleva el beneficio. ¿Y si algo saliera mal? El Estado, los contribuyentes canadienses, pagarían los platos rotos.

En Canadá hablar mal de la CMHC es prácticamente tabú, aunque algunos osan hacerlo, como David LePoidevin, ejecutivo del National Bank. Sus superiores le desautorizaron públicamente sólo por sugerir en un informe que la CMHC estaba “calentando” el mercado. Otro que no tiene pelos en la lengua es el multimillonario local Jarislowsky: “Los políticos están garantizando hipotecas que los bancos nunca habrían concedido si las hubieran tenido que mantener en sus balances”. “El problema es que lo que es bueno para la política –votos-, no tiene porqué serlo para la economía”.

Incluso el exgobernador del Banco de Canadá, David Dodge, ha puesto el dedo en la llaga al señalar: “Es razonable que nosotros, como contribuyentes, digamos: Mire, señor hipotecado, tiene que poner usted algo de su dinero, de manera que si las cosas van mal, no seamos sólo los ciudadanos los que nos hagamos cargo del problema”.

La CMHC tiene aseguradas hipotecas por valor de 519.000 millones de dólares. Casi un tercio de su PIB. ¿Y con qué cuenta la agencia como respaldo? Con apenas 9.900 millones, es decir, el 1,9%. No está de más recordar que los fondos propios de Fannie Mae, en el momento del colapso, representaban el 1,5%.

La CMHC y el Gobierno defienden las bondades del sistema arguyendo que, a diferencia de los Estados Unidos, 1) hay pocas hipotecas titulizadas; 2) las deudas son perseguibles más allá de la vivienda (no hay dación en pago); 3) la mora hipotecaria está muy por debajo del 1%.

El negocio del seguro de hipotecas no es exclusivo del Estado –aunque acapara la mayor parte del mercado-. Las aseguradoras privadas que participan en el negocio también tienen “reaseguradas” las hipotecas por los contribuyentes canadienses, aunque en este caso “sólo” hasta el 90%.

¿Y qué se puede decir de la calidad de las hipotecas? En una comparecencia ante la comisión bancaria del Senado en 2007, Winsor Macdonell, vicepresidente de Genworth –principal aseguradora privada del país-, reconoció que el 36% de su portfolio se correspondía con gente de “low or poor credit”. Y asumió que la cartera de la CMHC tendría una composición similar, pues ambas compañías operan de manera homogénea en todo el territorio.

 

¿Qué es lo que proponen para España?

La primera noticia que tuve de la existencia del modelo canadiense  fue una tribuna que, bajo el título “Es momento de soluciones”, publicó el representante de Genworth en España, Ángel Más, en el suplemento Su Vivienda de “El Mundo”. Me llamó tanto la atención que le dediqué un post: “¿Un Fannie Mae a la española?

¿Y qué es lo que proponía el señor Más? Facilitar el acceso a la compra de vivienda a todos aquellos que no son capaces de pagar una entrada del 20% del precio mediante un seguro de crédito hipotecario proporcionado por una aseguradora privada. ¿Sólo? No. Para que el negocio sea redondo sería necesario que “el Gobierno otorgue una garantía subsidiaria a las aseguradoras”. Lo cual no sólo sería fantástico para las aseguradoras privadas, sino para los bancos: “facilita que los bancos consuman muy poco capital en esos préstamos” y “resolvería la liquidez de los bancos a través de los títulos garantizados con esas carteras hipotecarias”.

Antes de la convocatoria electoral, el señor Más consiguió hacerse un hueco en la Subcomisión Hipotecaria de la Comisión de Vivienda del Congreso, donde volvió a plantear el modelo canadiense. Y obtuvo un gran éxito, pues CiU hizo suya la propuesta y la incluyó en el programa electoral. El número dos de CiU al Congreso, Pere Macías, asistió antes de los comicios a un Encuentro Digital en El Economista. Así respondió a esta pregunta:

Pregunta: CiU propone como medida para fomentar el sector inmobiliario el modelo hipotecario canadiense. Bajo mi punto de vista, tiene un problema: el Estado queda como avalista en última instancia del hipotecado. ¿Por qué tiene que asumir esa función el Estado? ¿No es una manera de incentivar la asunción de riesgos por parte de los que conceden créditos? ¿No está asumiendo el Estado un riesgo que no le corresponde y que puede poner su solvencia en entredicho en tiempos de crisis? Gracias

Respuesta: “El modelo canadiense ha sido un modelo de éxito puesto que ha evitado tanto la burbuja inmobiliaria como su estallido. Estoy de acuerdo contigo en evitar una presencia omnipresente del Estado. Pero los canadienses a través de su agencia de vivienda y de un inteligente modelo de colaboración público-privada logra que el Estado simplemente tenga un papel de retaguardia con un exitoso papel de garantía y a la vez con un bajo coste para la hacienda pública. En cualquier caso muchísimo mejor que el desastre que tenemos nosotros.”

La semana pasada ha sido “Cinco Días” quien ha insistido en la hipoteca canadiense, a la que denomina “de calidad”, y la contrapone y enfrenta a la otra alternativa, la dación en pago. Llega a reprochar que la Fundación Alternativas, think tank ligado al PSOE, pidiera la prohibición de las hipotecas que superaran el 80% del valor de tasación. ¿Cómo, siendo de izquierdas, decís eso? ¿Qué queréis, que sólo los hijos de los ricos puedan comprar casa?, viene a decir.

 

¿Por qué Canadá puede capear el temporal y nosotros no?

Antes de pasar a las conclusiones me detendré a explicar por qué Canadá ha podido, al menos hasta la fecha, permitirse el lujo de tener este modelo –tan similar al estadounidense- sin que salte por los aires.

Primero: cuando estalló la burbuja americana en 2007 el tamaño de la canadiense era muchísimo menor. De hecho ha ido engordando sin prisa pero sin pausa y, como hemos visto, son ya varios los indicadores que revelan que su posición incluso supera a la de sus vecinos del sur en el momento del colapso.

Segundo: sus bancos no estaban metidos en los líos subprime que sí afectaron a la mayoría de las entidades financieras de occidente.

Tercero: Canadá es un país inmensamente rico. Un territorio enorme lleno de petróleo, gas, oro, uranio, níquel, diamantes, etc. No vive del ladrillo. Por eso y por su relativamente poca población, tiene la segunda renta per capita más elevada del mundo, después de Suiza. Este año la economía va a crecer un 2,5%.

Cuarto: Aunque se estén pasando de frenada en el “loan to value” con hipotecas al 95%, el gobierno es más estricto tanto con la duración de las hipotecas (ahora el máximo es 30 años) como con los tipos: usan tipo fijo con duración de cinco años, momento en el cual se recalcula el tipo fijo para los siguientes cinco años y así sucesivamente. Prefiero el tipo fijo puro aunque reconozco que esto es mejor que el “loco” variable nuestro.

Los canadienses están empezando a asumir que la vivienda no va a subir mucho más, pero tampoco tienen miedo a un pinchazo de la burbuja por dos razones:1)  no es probable que a medio plazo los tipos de interés suban; 2) tampoco lo es que las materias primas –el sustento de su economía- bajen. Así pues, se enfrentan a un periodo de estancamiento (una década, tal vez) en el que los precios se mantendrán mientras los salarios irán poco a poco subiendo hasta que la relación vivienda/salarios vuelva a los niveles históricos.

 

Este país no tiene remedio

Apenas estamos terminando de pinchar la burbuja anterior cuando ya estamos ideando cómo inflar la siguiente. Hay muchos interesados en poner en marcha un sistema similar al canadiense. Los primeros, los bancos. Muy cerca de ellos, los políticos. A tan sólo unos metros de distancia, los promotores, los agentes inmobiliarios y toda suerte de personas que viven o han vivido del ladrillo. Y casi a la par, los babyboomers españoles, que verían con agrado el freno de la caída de los precios de la vivienda e incluso la activación de un nuevo boom. Por no decir nada de los beneficiarios directos, muchos jóvenes que hoy día ni siquiera pueden soñar con ser dueños de una vivienda. A veces pienso que no ha quedado claro el significado de la hipoteca subprime. Por eso, cada vez tengo menos dudas de que no sólo hemos comprometido el futuro de nuestros hijos por la voraz avaricia de la década pasada sino que estamos dispuestos a destruir el de nuestros nietos.

Si tengo que elegir entre el modelo americano, el canadiense o el español, me sigo quedando con el alemán.

 

Fuentes:

House of Horrors, part 2. The Economist

The CMHC: Canada’s mortgage monster. MacLeans.ca

El Blog de Dale McGauran. Vancouverbesthomes.com

Canada’s ‘housing bubble’ deemed close to bursting. CBCNews

Housing: Real insanity. Canadian Business

Canada’s housing bubble. Canadabubble.com

 

“De lo que son capaces algunos por recuperar popularidad”, pensé al enterarme de la noticia. ¿Cómo se puede tener el descaro de demandar a la banca cuando el instigador de las hipotecas subprime ha sido el propio Gobierno?

Porque si Obama quiere demandar a alguien, que empiece a hacerlo por Bill Clinton para continuar con George Bush y para terminar con Alan Greenspan. Y luego que se demande a sí mismo, a tenor de lo que han seguido haciendo hasta hace escasas fechas las “primas” del “subprime”, Fannie y Freddie.

Los que no están para hacer el primo son la empresa privada en general y la banca en particular, si no para ganar dinero tomando riesgos razonables. La banca no tiene por costumbre prestar dinero a gente que tiene pocas probabilidades de devolvérselo (aunque algo de eso veamos actualmente en los pisos de los bancos, de lo que escribiré en el próximo post).

Fannie Mae y Freddie Mac (FFMM) son empresas respaldadas por el Gobierno americano (GSE- Government Sponsored Enterprise) que se dedican a la compra de hipotecas emitidas por bancos, que luego titulizan (Mortgage Backed Securities) y que posteriormente bien mantienen, bien venden a inversores. ¿Y qué tipo de hipotecas compraban las FFMM? Las subprime.

El razonamiento es sencillo: un banco privado, actuando en el libre mercado, jamás prestaría dinero a familias incapaces de devolverlo. A los políticos de Washington eso no les pareció suficiente, así que pensaron que no dar créditos hipotecarios a familias que incumplen los requisitos razonables para ser merecedoras de crédito era injusto e incluso discriminatorio. Por lo que forzaron a las FFMM a comprar créditos subprime, lo cual estimuló a los bancos privados a conceder préstamos subprime (pues su riesgo era cero en la medida en que el Estado, a través de  las FFMM, se los compraba inmediatamente a un magnífico precio).

Si a esta nefasta política “social” le añadimos el hiperestímulo de los tipos de interés “low-cost” de Alan Greenspan, tenemos todos los ingredientes para una burbuja o, mejor, para dos: una de crédito y otra de activos inmobiliarios.

Así, después de varios lustros infravalorando el riesgo de prestar a personas no merecedoras de préstamo, no es de extrañar que en los últimos tiempos de la burbuja  -contagiadas por la falsa seguridad de que la vivienda nunca baja- la empresa privada se lanzara a competir en el mercado de las hipotecas de segunda mano con las FFMM. Como tampoco lo es que bancos internacionales y fondos de inversión se lanzaran a titulizar y comprar MBS. ¿Corrieron riesgos excesivos? Por supuesto. ¿Fueron irresponsables? Sin duda. ¿Merecen una investigación judicial? Con total seguridad. Pero no se puede olvidar que quien prendió la mecha fue el propio Gobierno a través de las FFMM. Hasta el propio Greenspan advirtió en 2005 de los terribles riesgos que estaba acumulando el país por la política expansiva de las FFMM. Con escaso éxito, visto lo sucedido.

Así pues, aunque legalmente la demanda de Obama tenga agarraderas, no parece que moralmente sea el Gobierno que representa el más indicado para interponerla. ¿Y saben lo peor de todo? Que, dentro de los estímulos de la actual Administración para recuperar el tono en el mercado de vivienda, Obama apostó por potenciar Fannie y Freddie.

Afortunadamente, a primeros de año el Presidente se cayó del caballo y anunció el fin de las agencias gubernamentales, un cambio de modelo: “El gobierno debe ayudar a asegurar que los ciudadanos tengan acceso a una vivienda de calidad que se puedan permitir.” Por tanto, “esto no quiere decir que nuestro objetivo sea que todos los americanos se conviertan en propietarios”.

 

Ahora la pregunta es: ¿podríamos ver algo de eso aquí? ¿Una demanda contra cajas y bancos por repartir alegremente hipotecas de alto riesgo? La respuesta, el lunes.

Comprendo que alguno se sorprenda de la defensa del libre mercado como el mejor modelo para las relaciones socioeconómicas tras la crisis subprime. Sin querer faltar al respeto a los que piensan justo lo contrario, me atreveré a decir que este es un pensamiento “importado”, una de esas mentiras que repetidas un millón de veces acaba pareciendo verdad. Y lo entiendo: la gente no disponemos del tiempo suficiente para formarnos nuestras propias opiniones para todo lo que acontece, por lo que delegamos en terceros que consideramos de nuestra confianza (como un periodista, un escritor, un político, etc.). Intentaré ser breve para defender mi postura en el post de ayer:

Ya veis que comencé explicando que “En Estados Unidos, donde nada es perfecto, (…)”. No existe la democracia perfecta, ni el mercado perfecto –el hombre es imperfecto-, pero eso es una cosa y otra renunciar a su perfeccionamiento y mejora constante y en América esa voluntad de mejora existe.

La crisis subprime, desde mi punto de vista (y he leído mucho sobre el tema) tiene, en su origen, tres causas principales, una macro, otra política, y una última relacionada con el tema hipotecario/inmobiliario.

1) La macroeconómica: Alan Greenspan y la Reserva Federal mantuvieron los tipos de interés bajos por demasiado tiempo, lo que contribuyó a que la deuda se disparase como nunca. ¿Por qué? Porque pensaban que “todo estaba controlado”. Es decir, como el IPC apenas subía, no percibían los riesgos de su laxitud. Lo que no quisieron ver es que la inflación era baja porque los que producían todo lo que los americanos consumían eran los chinos, a unos costes ínfimos. Por razones que no vienen al caso, la vivienda no forma parte de la cesta de la compra, así que no computa como inflación. Un autoengaño. Un fallo del sistema que en mi opinión responde a un paradigma macro que quedó desfasado por la globalización.

2) La política: G. Bush embarcó al país en un par de guerras con un coste enorme. ¿Y cómo lo financió? Endeudando al Estado. Una decisión muy poco liberal y que ahora están pagando caro. Se podrá discutir si esas guerras eran o no necesarias; quiero decir que a veces un gobernante tiene que tomar una decisión que puede poner en riesgo las vidas y haciendas de sus ciudadanos, que es como decir que la seguridad/libertad de la nación son valores que están por encima de la salud de la economía. Pero eso es otra discusión.

3) Las hipotecas subprime: Los bancos americanos se cuidan muy mucho de conceder hipotecas a ‘ninjas’ sin ton ni son, salvo cuando aparece la garantía del… Estado. Me explico: en América existen dos instituciones  privadas y cotizan en Bolsa- Fannie Mae y Freddy Mac- que, sin embargo, cuentan con la garantía del Gobierno (técnicamente se denominan “government-sponsored enterprise”). Estas instituciones se dedicaban, durante el boom, a adquirir las hipotecas de los ‘ninjas’ a los bancos comerciales. El banco comercial no asumía ningún riesgo, pues enseguida que contrataba una hipoteca con una familia de bajos e irregulares ingresos, el Estado la adquiría. Papá-Estado. Ni siquiera los americanos son tan liberales como presumen. (Sobre el mecanismo completo de las FM podéis leer este post).

Concluyendo: lo mismo que libertad no es libertinaje, libre mercado no significa capitalismo salvaje, ni capitalismo “crony”, ni hacer lo que a uno le apetezca. Exige reglas de juego claras, precisas y justas; así como un sistema punitivo riguroso.

Lo que nos pasa en España es que ideológicamente no hemos progresado desde los años treinta. Los jóvenes que se supone son los mejor educados de nuestra historia repiten consignas trasnochadas. ¿Por qué no emulamos a americanos o europeos del norte? El chip de ahora es “que el Estado me lo dé todo hecho”; y al que tenemos que cambiar es al de “facilítame el camino y provéeme de herramientas para que YO me busque la vida”.

Y, por cierto, la manera en que EEUU está intentando arreglar la crisis es muy poco liberal. Han tirado de rescates, de hiperendeudamiento, y de darle a la maquinita de los billetes. Inspirado en el economista de moda, el keynesiano Krugman, Obama ha optado por un camino que, antes o después, se volverá a encontrar de nuevo con los problemas. Pero entonces ya no habrá capacidad de endeudamiento. Como dijo hace unos días Trichet, “los ciudadanos no consentirán nuevos rescates con dinero público”. Ya veremos.

Ayer por la tarde El Mundo descubrió la noticia y enseguida empezó a correr como la pólvora entre los twiteros que nos dedicamos a esto: “La hipoteca a la ‘americana’, la última promesa de Aguirre”.

En efecto, los redactores del periódico de la Avenida de San Luis tuvieron el acierto de reparar en la última de las promesas del programa electoral de la candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid. El texto, que lo pueden ver aquí, reza así: “Promoveremos que las familias sólo respondan de las deudas que hayan adquirido por la compra de su vivienda con el bien inmueble hipotecado”. La dación en pago para particulares, la ‘CasaxHipoteca’.

Esperanza Aguirre es, con sus virtudes y sus defectos, una buena presidenta de Madrid; probablemente la mejor que hemos tenido. Ha conseguido que esta Comunidad Autónoma destaque por encima de las demás en casi todo, al nivel e incluso superando en muchas ocasiones a las tradicionales bien gestionadas comunidades del Norte (Navarra, La Rioja, País Vasco). El tema de la vivienda, sin embargo, lo trata como lo hacen el resto, o sea, con un exceso de intervencionismo, de subvención y de planificación –impropio de alguien que se considera liberal-; reflejo de la supervivencia de cierto franquismo sociológico común a todos (o casi) los partidos políticos, sean del signo que sean. Cambiar esto es tan difícil como que los sindicatos apesebrados sean capaces de identificarse con las inquietudes de los cinco millones de parados pero, en fin, no cejo en el empeño de intentar abrir el debate a través de este blog.

La promesa no es vaga ni fútil: “Promover”, según el Espasa, significa “Iniciar o activar una cosa procurando su realización”. ¿Puede hacerlo? Evidentemente, no. La legislación hipotecaria sigue siendo (por el momento) cosa del Estado. ¿Por qué -como diría Mourinho- abre este debate?

Los dos grandes partidos, los de gobierno, parecía que habían acordado de manera tácita dejar al margen de la lucha política este asunto que tiene indudables y gravísimas repercusiones económicas. En el PSOE, las voces discordantes provenían de líderes retirados (Felipe González) o de repercusión limitada (Pedro Castro, alcalde de Getafe).  En el PP nadie había ido tan lejos hasta ahora. Si bien es cierto que Soraya Sáenz de Santamaría había aprovechado la ocasión para aislar a los socialistas estableciendo puentes con partidos como Esquerra Republicana (ver este post), todo había quedado en la creación de una subcomisión parlamentaria “para revisar a fondo el sistema hipotecario”, a la que incluso se adhirió el Partido Socialista en el último momento.

He tratado el problema de la dación en pago en muchísimos posts y creo que los españoles merecemos que esta situación se clarifique y cuanto antes mejor. Los argumentos en contra de la dación en pago formulados por los representantes de la banca son tan pueriles que ofenden (vean aquí los de Francisco González y los de la Asociación Española de Banca); pero también entiendo que la dación en pago masiva pondría en riesgo de quiebra el sistema financiero en su conjunto y, por ende, el Estado. Y eso tampoco les conviene a los desahuciados ni al resto de los ciudadanos. Pero tampoco es de recibo la situación actual. Creo que se podría alcanzar una situación más equilibrada repartiendo los riesgos y los problemas, como propongo en algunos de esos posts.

Sinceramente, no sé por qué Esperanza Aguirre ha apostado por este debate en plena refriega electoral y con los mercados esperando una señal para el ataque definitivo. En el mejor de los casos, obligará a Rajoy a tomar una postura; en el peor, puede ser el pistoletazo de salida para una carrera de promesas populistas por parte de los partidos pequeños –que no tienen nada que perder y muchos votos que arañar- e incluso de los grandes.

Sin embargo, lo que realmente me preocupa es otra de las promesas que aparece junto a la mencionada: “Para facilitar el acceso a la vivienda, promoveremos un seguro que permita incrementar la financiación de hasta el 95% del precio de la vivienda”.

A este respecto, reproduzco a continuación uno de mis primeros posts, titulado “¿Un Fannie Mae a la española?”:

“Fannie Mae es una GSE (Government-sponsored enterprise) o empresa garantizada por el Gobierno de los EEUU. Es decir, no es propiamente una empresa pública –su acción cotiza libremente en el NYSE- pero goza de un respaldo implícito del Gobierno, una garantía de que éste no la dejará caer en el caso de quiebra, como así ha sucedido en la reciente crisis subprime cuando la Administración Obama acudió a su rescate y al de su hermana, Freddie Mac, con un coste hasta la fecha para el contribuyente de unos 100.000 millones de dólares.

La operativa de estas dos agencias hipotecarias consistía en adquirir las hipotecas que concedían las entidades financieras (la banca comercial) de manera que liberaban el balance de éstas últimas por lo que, de esa manera, podían seguir realizando nuevos préstamos. A continuación, las dos FM vendían a inversores estas hipotecas (por el procedimiento de la titulización). Y así el juego continuaba sin descanso hasta que llegó la crisis. ¿Por qué los inversores adquirían estas hipotecas? Pues, sobre todo, porque las citadas agencias contaban con ese respaldo implícito de la Administración. El riesgo percibido en estas compras era muy bajo. El moral hazard (o riesgo moral) es ese fenómeno que se da cuando, ante una situación de amenaza de quiebra, los agentes del mercado van a seguir asumiendo riesgos con la garantía de que si hay problemas, otros vendrán al rescate. Es decir, en lugar de tomar medidas preventivas, al sentirse confortado por la existencia de un seguro, desprecian el riesgo y siguen operando como si tal cosa.

Este concepto se ha puesto de moda desde que estalló la crisis pero ha sido sobre todo con la amenaza de quiebra griega (y posteriormente del resto de PIGS) cuando más relevancia ha tomado: “A pesar de que tiene muy mala pinta, voy a seguir comprando deuda soberana griega (o portuguesa o española) porque la UE ha puesto encima de la mesa 700.000 millones de euros. ¡Y encima a un interés del 7%! ¡Vaya chollo!”

Recuerdo, cuando empezó la crisis, que, los que conocíamos o al menos atisbábamos la dimensión del problema, presumíamos que una gran parte de la banca española iba a entrar en default en cualquier momento. Vista, a toro pasado, la reacción de las administraciones (a nivel nacional y europeo) y de otros organismos relevantes (Banco de España, BCE) parece bastante evidente que a entidades del calibre del BBVA o del Banco de Santander jamás las dejarán caer. El riesgo de adquirir acciones de estas entidades a 4 euros era, francamente bajo. Entonces no lo sabía, pero ahora ya sí, y una siguiente crisis no me pillará por sorpresa. Lo mismo que sucede con la deuda griega o con las hipotecas de Fannie Mae.

Viene todo esto a cuento de un artículo publicado hace unas semanas en “Su Vivienda” de “El Mundo” firmado por Ángel Más, presidente de una compañía de seguros especializada en el mercado hipotecario (Genworth Financial Mortgage Insurance).

El artículo comienza señalando el principal problema con que se encuentra el mercado hipotecario residencial: una demanda insatisfecha de adquirentes de primera vivienda -en especial jóvenes-; (por causa de) una banca estrangulada por la mora, las provisiones, y una regulación que no facilita una valoración optimista de las viviendas.

Como soluciones, propone lo siguiente:

1) elevar el préstamo por encima del 80% del valor de tasación; de esa manera esquiva la actual tendencia restrictiva en la valoración de viviendas. Sobre este punto, y en la medida que todos coinciden en que España tiene un grave problema de apalancamiento a todos los niveles, me parece que lo que conviene no es tanto disponer de créditos del 90 o 100% del valor de la vivienda sino que, de una vez, la vivienda baje de verdad. Y que a partir de ahí, volvamos a un prudente 70-80 en función de las rentas que genere la familia que se esté hipotecando.

2) colocar, en la retaguardia de la entidad financiera, y para facilitar que fluya el crédito, una entidad aseguradora privada que proporcione un seguro de hipoteca. En este punto, nada que objetar.

3) que el Gobierno otorgue una garantía subsidiaria a las aseguradoras, lo que facilita que el banco consuma muy poco capital en el préstamo.

En este último punto, y salvo que quizá haya algo que el señor Más no ha explicado detalladamente, lo cierto es que a partir de lo que dice el texto, lo único que se me viene a la cabeza es Fannie Mae y el riesgo moral. Sin duda esta mecánica generaría movimiento en el mercado y facilitaría cierta liquidez, además de una gran seguridad al negocio de las aseguradoras pero, ¿no estaríamos cayendo en el mismo error de nuevo? ¿No es echar gasolina para apagar el incendio? Tener de avalista al Gobierno, ¿no relajaría los criterios de asunción de riesgo por parte de bancos y aseguradoras?

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