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Hoy ha sido motivo de chanza en tuiter la metedura de pata que un buen número de medios ha cometido al facilitar los datos de caída de la vivienda de segunda mano del índice Fotocasa-IESE.

Así, El País (tomo este periódico como ejemplo, por ser el de mayor difusión del reino) titulaba: “La vivienda usada se ha abaratado un 65% desde 2007”. Cañero y contundente.

Si uno entra a leer el artículo se da cuenta de que algo falla: El precio en 2007 era de 2.952 euros por metro cuadrado, y hoy, 1.926. A ojo está claro que 1.926 es menos que 2.952, pero no muchísimo menos. No es ni la mitad. Cualquiera sin calculadora ni mucho cavilar es capaz de deducir que la mitad quedaría algo por debajo de 1.500.

¿Qué ha pasado para que se produzca el error?

Pues muy sencillo. Para calcular el crecimiento de algo de un periodo con respecto al anterior (las ventas de una empresa año a año, por ejemplo), se recurre a una sencilla operación: dividir la cifra más reciente sobre la anterior. Así, si Ferretería Paco vendió en 2011 300.000 euros, y en 2010 250.000, dividimos 300.000 entre 250.000 y nos da 1,20. Así, colegimos que las ventas han aumentado un 20% en el periodo.

Lo normal es que siempre sean mayores las cifras más recientes, pues las empresas y los mercados en general tienden a crecer. Sin embargo, en época de crisis la tendencia cambia. Siguiendo el ejemplo anterior, y suponiendo que los resultados hubieran sido los opuestos, tenderíamos a hacer la misma operación, aunque con numerador y denominador cambiados: 250.000/300.000, dando como resultado 0,833. ¿Quiere esto decir que la caída de ventas es de un 83,3%? Es evidente que no. Cuando la serie es decreciente, lo único que hay que hacer para dar con la respuesta es restar la cantidad obtenida de la unidad: 1-0,833. Lo que nos dará 0,166. Por tanto, la caída de ventas que deberá consignarse es el 16,67%.

Volviendo al índice Fotocasa/IESE: 1.926/2952 = 0,652. Así pues 1-0,652 = 0,3475. Por lo que la noticia debería haber sido: “La vivienda usada se ha abaratado un 35% desde 2007”.

¿Qué ha pasado para que se re-produzca el error?

Para esto tenemos tres respuestas, según lo magnánimos y condescendientes que queramos ser. La menos: que los periodistas no hacen bien su trabajo y se limitan a repetir como papagayos lo que emite la agencia de noticias de turno, reproduciendo el error hasta el infinito. La media: que los periodistas son de letras y, claro, no se les puede pedir más. La más: que con tantos despidos en el sector las redacciones no dan abasto, y bastante hacen que no cometen más errores.

En fin, que bastante tenemos ya con la diversidad de estadísticas que hay, como para que encima desde los medios se añada confusión.

 

El martes estuve en la sugerente sesión del IESE “¿Saldremos de la crisis?” con tres ponentes que dieron sin duda la talla: Juan José Toribio, Antonio Argandoña y Javier Díaz-Giménez. La charla fue intensa en contenido y mensajes, algunos de gran calibre, como la denuncia de Díaz-Giménez de que el Euro está mal concebido desde el principio, abocado al fracaso. Lejos de intentar resumir lo que allí se contó, transcribo, de memoria, las frases que más me impactaron:

“Las soluciones keynesianas han fallado. ¿Por qué se sorprenden, si siempre ha sido así? No se entiende la adoración por Keynes.”

Por lo que escucho y leo, este es uno de los temas más debatidos en la economía. Por un lado están los que dicen que fueron las políticas keynesianas las que sacaron a EEUU de la Gran Depresión. Por otro, los que piensan que la Depresión fue “Gran” precisamente porque el abrumador peso del Estado (New Deal) retrajo la inversión privada por demasiado tiempo, lastrando la recuperación. Obviamente el profesor Toribio se enmarca dentro de estos últimos. A mí me parece, desde el mero sentido común 1) que los ciudadanos y empresas sabemos asignar mejor los recursos que los políticos; 2) que el Gobierno, en crisis, tiende a entorpecer más si cabe que habitualmente el discurrir de la vida y de los negocios. Y además está la cruda realidad: tres años de estímulos fiscales no han servido para nada. Bueno, sí, para agravar más el problema, puesto que ahora sufrimos una nueva crisis que añadir a la que ya teníamos: la de la deuda soberana. Recomiendo la lectura de este artículo de mi vecino de blog.

“La vuelta a la recesión, ¿es posible? Sí. ¿Es probable? No.”

Esto es lo que el FMI concluye en su último boletín económico, según explicó el profesor Toribio. Y añade: las medidas de austeridad se deben aplicar lo suficientemente rápido como para recuperar la confianza de los mercados, y lo suficientemente lento como para que no empujen a la recesión. Casi, casi, una lección taurina de cómo se debe manejar la muleta.

¿Algún mensaje más del FMI? Sobre Occidente, nada nuevo que no sepamos; y sobre los emergentes, un menor crecimiento esperado en la medida en que nuestro consumo descienda y los precios de las materias primas bajen. Acerca de los cada vez mayores riesgos de explosión de burbujas en China o Brasil, ni una palabra. Supongo que no quieren oír ni hablar del tema.

“Si te gusta el deficit, entonces te han de gustar los mercados. Y si no te gustan los mercados, olvídate del deficit.”

Díaz-Giménez resume bien en esta frase la paradoja en que se ha acomodado un amplio sector de nuestra sociedad. Deficit significa que ingresas menos de lo que ganas. Para cubrirlo, por tanto, tienes que acudir a alguien que te lo preste (el mercado). Así pues, si optas por gastar más de lo que ingresas como forma de vida, estarás en manos de quien te paga la fiesta. Si no te gusta que te cobren un interés (prima de riesgo) lo tienes muy fácil: ajústate a tus ingresos y serás libre. El mercado no es un demonio, sino que más bien los Estados son demonios para los que prestan dinero, por su riesgo real de quiebra.

“Esta gráfica muestra la caída de precios de la vivienda -que yo, sinceramente, no me la creo-”

Así de sincero se mostró Argandoña en un pase rápido de las diapositivas de su presentación. De hecho, el comentario se lo podía haber ahorrado y no hubiera cambiado el mensaje. En esta parte de la presentación quiso remarcar la falta de confianza en un sistema financiero cuyo regulador, al mismo tiempo, nos dice que ciertas cajas de ahorros valen un euro mientras que otras valen miles de millones de euros. Si bien es cierto que la burbuja no se ha desinflado del todo, también lo es que la diferencia entre los precios de la calle y las estadísticas que maneja el Banco de España son abismales. Esto, que lo he denunciado en unos cuantos posts, lo ratificó Argandoña en ese breve comentario como de pasada. ¿Y por qué es tan relevante? Por cómo se calculan las pérdidas de la banca: morosidad por pérdida de valor. Si sube la morosidad, más pérdidas. Si bajan los precios, más perdidas. Y lo que se está haciendo es un reconocimiento de la bajada de precios lenta, acompasada a la capacidad de nuestro sistema financiero de dotar pérdidas sin riesgo de quiebra. Aún así, como hemos visto, algunas cajas han sido incapaces de seguir el ritmo de la media del sector.

“Dejar de pagar no es una opción si pretendemos seguir pidiendo prestado en el futuro”

Es obvio. Solucionar el problema dejando de pagar es crear un problema mayor: la pérdida de confianza será enorme, se tarda décadas en recuperar. Y vamos a seguir necesitando financiación de una manera o de otra.

“Alemania lo único que quiere es 1) que les mantengamos los hoteles abiertos, 2) que les compremos máquinas, 3) que les paguemos”

Asevera el profesor Argandoña que a Alemania no le importamos nada en absoluto. Y sólo en la medida en que vea peligrar sus intereses económicos se sentará con nosotros, de la misma manera que uno se sienta con el banco para ver cómo renegocia su hipoteca.

“Nadie nos va a ayudar, nadie se va a hacer cargo de nuestra deuda: tenemos que salir solos de esta. Y los que nos van a sacar son las empresas.”

Ni China, ni Brasil, ni Alemania, ni los árabes. Primero, porque no pueden. Segundo porque, aunque pudieran, nadie da duros a cuatro pesetas. El profesor Argandoña terminó con este mensaje que enseguida me recordó a aquella campaña institucional con que he titulado el post. Y no se trata de fomentar un optimismo tontuno e inconsistente como fue lo de estosololoarreglamosentretodos, sino de imbuirnos de un espíritu similar al de la Alemania de posguerra o de la Corea (del Sur) de los noventa. O de la América de casi siempre. Por supuesto confiando en la empresa y en el individuo, en el ejército de autónomos y Pymes que empujan del carro y sostienen gran parte del resto. Para eso se necesita un plan, un líder, una visión de largo plazo y un nivel de unidad/cohesión francamente elevados. Y me temo que no lo tenemos. Siento no ser más optimista, pero no confío en que el 20N vaya a cambiar mucho las cosas. Ojalá me equivoque.

Seis meses antes de que a José Manuel Campa le nombraran Secretario de Estado de Economía me lo crucé por los pasillos del IESE. “¿Qué tal te va?”, me preguntó. “Pues ya ves, sufriendo la crisis”. Ya ha llovido desde aquel día y seguimos igual, sufriendo la crisis.

Ayer lo vi en persona por vez primera desde entonces. Acudió de nuevo al IESE, esta vez como invitado de excepción para clausurar la jornada dedicada al “Futuro de las Cajas de Ahorro” que relaté ayer. Llegó un poquito tarde, escoltado por un pequeño ejército de fotógrafos, cameramen y entrevistadores. Algunos de los profesores más destacados del IESE le hicieron pasillo tanto a la entrada como a la salida, lo que le ayudó a evitar el contacto directo y visual con la legión de antiguos alumnos que allí nos congregamos.

Las clases de Campa eran divertidas, instructivas y siempre tenían un punto de provocación. No se puede decir que fuera el mayor defensor del liberalismo en España pero sí un absoluto convencido del libre mercado como el mejor medio para regular las relaciones económicas entre los hombres. Recuerdo cuando en una de las clases afirmó que “el ecologismo es un lujo de los ricos”. ¿Cómo? Explícate, por favor. “En Occidente nos quejamos de que los chinos queman demasiado carbón y de que los brasileños talan demasiados árboles… Es muy fácil: si no nos gusta, paguémosles para que no lo hagan”. “En Europa hemos quemado todo el carbón del mundo y hemos talado todos los árboles que nos ha apetecido desde que empezó la Revolución Industrial hasta hace relativamente poco; ahora que somos ricos podemos permitirnos el lujo de no hacerlo, pero no nos basta: también queremos que los pobres (India, Brasil, China, etc.) se abstengan. ¿Y cómo queremos entonces que alcancen nuestro nivel de vida? Está claro que si no nos interesa que quemen sus bosques, lo único que podemos hacer es pagarles hasta que les compense no hacerlo”. Este es Campa en su salsa. Así que no es de extrañar que diga, más en un ejercicio teórico y casi académico que en su condición de Secretario de Estado, que los españoles haríamos bien en concentrar nuestros en ahorros en otra cosa que no fuera ladrillo.

¿Y por qué dijo esto? Alguien en la sala le reprochó que en unas recientes declaraciones había afirmado que los españoles eran muy ricos porque tenían pisos: “¿Y qué van a hacer con esos pisos? ¿Comérselos? Lo cierto es que lo único que tienen es una fuerte deuda”. A lo que él respondió: “¿Lo ves? A eso me refería: los españoles tienen mucho ahorro concentrado en la vivienda que ahora mismo es un bien ilíquido…” y acto seguido colocó la frase que ha acaparado titulares y tertulias durante los últimos días.

Pero, ¿es cierto que la vivienda es ilíquida o no será más bien que ha resultado una mala inversión? Un ejemplo que todos entenderemos: si yo compré hace tres años acciones del Santander a 14 euros, y ahora pretendo venderlas a 14 euros, ¿qué es, una inversión ilíquida o una mala inversión? Teniendo en cuenta que en bolsa cotiza a unos 8 euros, estaremos de acuerdo que es una mala inversión ¿no? Mercado para la vivienda sigue habiendo, pero con descuento. Transformar un piso en cash sigue siendo posible, sólo faltaba, pero por menos cash del que generarías hace cuatro años.

Campa también insistió en otro aspecto que atañe al sector inmobiliario. Dijo que el sector de la construcción, en el último ejercicio, aportó al PIB 4,5 puntos, frente a los 9 del año 2007. Y explicó que lo que intentaba hacer el Gobierno era impulsar otros sectores de la actividad que suplieran esos 4,5 puntos perdidos.

Dicho así, en términos de PIB, no parece tan grave el problema (¿qué son 4,5 puntos de PIB -unos 45.000 millones- en un país acostumbrado a manejar todos los días cifras de decenas de miles de millones de euros cada vez que hablamos de banca, de cajas, de comunidades autónomas, etc.?). Lo que suena más dramático y menos macroeconómico es cuando te das cuenta de que esos 4,5 puntos de PIB vienen a ser entre un millón y medio y dos millones de trabajadores en el dique seco. ¡Qué ironía! El día en que Zapatero se reunió con el G-34, los medios de comunicación, para darle empaque al evento, recordaban que en ese cónclave el Gobierno había congregado a las empresas que facturaban cerca del 40% del PIB y empleaban nada más y nada menos que a un millón de personas. ¡Qué ingenuos somos! ¿Es esto el libre mercado o el capitalismo de amiguetes o “crony” –que dicen los americanos-, profe?

Hoy os voy a contar la impresión que me llevé de primera mano de la jornada que tuvo lugar ayer en el IESE sobre “El Futuro de las Cajas de Ahorros”.

Como ponentes asistieron el abogado Gaspar Ariño; el consejero delegado de AFI, Ángel Berges, que es la compañía que ha elegido el Banco de España para fijar el precio de las acciones de las Cajas en las que vaya a entrar el FROB; el presidente de Unnim, Jaume Ribera, (Unnim es la fusión de las cajas catalanas de Sabadell, Tarrasa y Manlleu); y el director general adjunto de Unicaja, Ángel Rodríguez de Gracia.

El cierre de la jornada estuvo a cargo del Secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa (cuya intervención comentaré en otro post).

 

Ideas que se lanzaron (y mi comentario):

“Si Ud., Banco, no consigue financiarse fuera, no eche la culpa a las Cajas”. Todos, bancos y cajas, cayeron en el mismo error de un crecimiento desequilibrado (sector inmobiliario) durante el boom. Hay buenos y malos gestores en ambos lados.

“El coste de la recapitalización para las arcas públicas, hasta la fecha, ha supuesto algo menos del 1,5% del PIB. Si a eso añadimos los 15.000 millones de la segunda fase del FROB que se han previsto, estaríamos en poco más del 2,5%. Mientras tanto, en otros países del entorno (UK, Holanda, etc) el coste en que se incurrió llegó hasta el 8% del PIB”. Para eso nos tenemos que creer los datos del Banco de España en cuanto a necesidades de capital: Moody’s ya dijo que dudaba de ellos y, ayer mismo Wolfgang Münchau en el Financial Times insistía en la misma idea. En la medida en que no hemos hecho el ajuste y dado que los tipos suben y las familias se empobrecen, es cada vez más evidente que la cifra final de aportaciones se asemejará a las centroeuropeas.

“En 2009 el sector financiero español vivió un espejismo: tuvo un BAIT (beneficio antes de impuestos e intereses) histórico de dos dígitos. Esto fue gracias a la barra libre de liquidez del BCE y a que no había presión sobre los activos inmobiliarios”. Mientras tanto, los bancos europeos, sujetos a la ley del “mark to market” (contabilizar un activo en función del precio de mercado actual), daban pérdidas y solicitaban ayudas a los Estados. De nuevo nos pasamos de listos pensando que la crisis pasaría antes de que se dieran cuenta de que estábamos escondiendo la basura debajo de la alfombra. Pero no fue así:

“En 2010 se empieza a cerrar la barra libre de liquidez, se cierran los mercados, y comienzan las crisis de deuda soberana: empiezan los procesos de concentración; en mayo no había nada hecho, en junio estaba el pescado vendido”. Se tardan dos años en tomar medidas y, cuando se empieza, se hace demasiado deprisa: por eso luego surgen problemas como el de la CAM.

“La banca, que está medio saneada, está hoy día cotizando al 70-80% de su valor contable; la Caixa, que fue la primera en dar el paso para la bancarización (y es la más saneada) ha marcado el máximo para el sector (80%)” ¿Cuál puede ser, por tanto, la valoración de las demás? Lógicamente por debajo. ¿El 50%? ¿El 60%? Habrá que ir caso por caso.

“¿Cuántas empresas han salido a bolsa en los últimos tiempos? Prácticamente ninguna. ¿Cómo quieren que las 17 Cajas salgan a captar capital en este momento? ¿A qué precio entrará un inversor? Así las cosas, acudir al FROB va a ser la única opción para muchas. No es lo más deseable, pero permite ganar tiempo”. El proceso de captación de capital privado está llamado a fracasar; y el Estado se va a tener que hacer cargo de una buena parte de las entidades.

“Si quieren que, para septiembre, alcancemos el 10% de capital core, que no se extrañen de que no se conceda crédito”. En efecto, si ya teníamos problemas, la exigencia de un capital superior al que exige Basilea III y muchos años antes de su entrada en vigor, nos lleva directamente al ‘credit crunch’ para este ejercicio.

“A través de los SIP y de las fusiones no está claro que se haya mejorado en eficiencia (entendida como Gastos de Explotación sobre Margen Bruto)”. Efectivamente, algunas de las cajas que no se han fusionado tienen niveles de eficiencia superiores, y algunas de las que sí se han fusionado tenían mejor ratio de eficiencia de manera autónoma. Esto evidencia que las fusiones se impulsaron para evitar la quiebra de entidades mal gestionadas, sumando buenas con malas para producir entidades “regulares” (pero que al menos pueden subsistir).

 

En el coloquio hice dos preguntas:

1) ¿Cuáles van a ser los pasivos que harán frente a los activos tóxicos de los “bancos malos”? ¿El Estado? ¿No corremos riesgo de irlandización?

Respuesta de Berges (AFI): En efecto, el Frob, los avales públicos, etc. Lo dado es que también se incluyan activos buenos (acciones de ‘utilities’), vacas de dividendo, que ayuden a compensar las pérdidas de los activos tóxicos. No creo que haya riesgo de irlandización porque ni el Estado va a garantizar ‘todo’ (como sí hizo la República de Irlanda) ni el balance de nuestras entidades está tan sobredimensionado en términos de PIB como el de la banca irlandesa.

2) El actual proceso de concesión de hipotecas con diferenciales mínimos, plazos de amortización infinitos, y financiación del 100% que está llevando a cabo la banca para liberar sus balances de adjudicados, ¿no es una huída hacia delante? ¿No es volver a caer en el error que nos trajo hasta aquí?

Respuesta de R de Gracia (Unicaja): Aunque fuera así, hablamos de un volumen total de crédito insignificante; no tiene nada que ver con los volúmenes de concesión de crédito de los tiempos del boom.

Respuesta de Ribera (Unnim): A mí también me cuesta entender que nos financiemos a plazos breves mientras que concedemos crédito a muy largo plazo; pero una entidad sola no puede cambiar las cosas (pues se quedaría fuera de juego). Tendríamos que tomar la decisión de cambiar la forma de conceder crédito de una manera conjunta y global.

 

Pues eso es todo; espero haberos transmitido el ambiente que se respira en el sector.









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