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Acabo de terminar una valoración rápida de la presentación en sociedad de la Sareb. Cualquier aportación será bienvenida.

 

¿Por qué hoy?

Por que el proyecto de Real Decreto que establecerá la Sareb ha estado sometido a información pública hasta el jueves pasado, día 25. La intención del gobierno es que se apruebe en el Consejo de Ministros del día 16 de noviembre.

 

 ¿Cuál va a ser la estructura de capital?

Dice la presentación:

 Los recursos propios de la Sareb serán aproximadamente de un 8% sobre el volumen de activos totales. Una parte de los recursos propios podría estar instrumentada mediante bonos subordinados

Por tanto, si finalmente los activos totales (bancos del grupo 1 más bancos del grupo 2) ascienden a 60.000 millones de euros, los fondos propios serán de 4.800 millones de euros –la aportación real podría ser menor por cuanto se admite la posibilidad de que una parte la constituyan bonos subordinados-. Así pues, 2.401 millones de euros serán suficientes para ser el accionista de referencia de la mayor inmobiliaria del país.

Y también:

 Los bancos que transmitan sus activos no podrán ser accionistas de la Sareb

Es de suponer, por tanto, que la posibilidad de que la banca sana fuera accionista de la Sareb mediante la aportación de activos queda por ahora descartada.

 

¿Cómo se determina el valor de los activos?

Para determinar el valor de los activos que se han de transferir será preciso que, previo a su traspaso, se hayan realizado todos los deterioros pertinentes incluidos los previstos en los Reales Decretos-ley .

El valor de transferencia se concretará en base a dos componentes. En primer lugar, se determinará el valor económico de los activos (…)

Se utilizarán como referencia las pérdidas esperadas en el escenario base del ejercicio realizado por Oliver Wyman para cada una de las entidades que transfieren activos, cuyo valor es muy próximo al valor neto de los activos tras la aplicación de los Reales Decretos

En segundo lugar, se ajustará la estimación del valor económico aplicando un descuento por las propias características de la transmisión de activos a la Sareb

Resumiendo, se toma como valor de referencia el del escenario BASE de Oliver Wyman (que aplica un descuento muy light) y a continuación se le añaden una serie de recortes (“sartenazos”, para entendernos) justificados por razones diversas:

-          la adquisición en bloque de los activos;

-          la consideración de ciertos gastos que estaban soportados por las cuentas de resultados de las entidades y que ahora deberán ser asumidos por la sociedad, tales como costes de gestión y administración de los activos, incluidos los financieros;

-          las perspectivas temporales de desinversión de los activos transferidos a la misma

-          u otros factores que afecten a la viabilidad y los riesgos que conlleva la actividad

 

Y remarca por dos veces el FROB:

Estos ajustes sobre el valor económico de los activos que adquirirá la Sareb impiden que los precios de transferencia puedan servir para la valoración de activos bancarios que no hayan sido objeto de transferencia a la Sareb.

Es decir, pretende establecer un muro de contención para que los resultados de este análisis no se extrapolen en ningún caso al valor de los activos que permanecen en manos de la banca.

 

Sin embargo, del análisis de los datos finales se puede establecer un paralelismo muy acusado con el informe de Oliver Wyman, pero no con el escenario base, sino con el ADVERSO o estresado, como se puede ver en estas tablas:

Activos adjudicados

SAREB

OW ADVERSO

Obra nueva

54,2%

52%

En construcción

63,2%

66%

Suelo

79,5%

80%

MEDIO

63,1%

63,4%

Crédito-Promotor

SAREB

OW ADVERSO

Vivienda terminada

32,4%

32%

Obra en curso

40,3%

43,7%

Suelo urbano

53,6%

63,8%

Otro suelo

56,6%

62,5%

Otros con garantía real

33,8%

35,6%

Otros sin garantía real

67,6%

70%

MEDIO

45,6%

49%

 

¿Les llama algo la atención? A mí también. La gran similitud de ambas valoraciones se rompe cuando llegamos a suelo, ya sea este urbano u ‘otros’. ¿Cómo interpretar esto? ¿Acaso los suelos de Bankia, Catalunya Bank, Banco de Valencia o Novagalicia son mejores que la media?

 

¿Será rentable?

Con independencia de que las valoraciones sean acertadas, y de que la propia Sareb y las reformas financieras sean capaces de frenar el deterioro de la economía, los objetivos de la sociedad no son terriblemente ambiciosos:

La rentabilidad sobre el capital (RoE) prevista para el conjunto del proyecto en un escenario conservador se estima en torno del 14-15%.

El RoE se calcula como Beneficio Neto/Fondos propios. Como sabemos que los Fondos Propios son 4.800 millones de euros, despejamos:

 Beneficio Neto = 15% x 4.800 = 720 millones de euros.

Es decir, que el beneficio sobre ventas aproximado sería de un 1% (720/*70.000). En fin que, si no me he equivocado, un objetivo bastante prudente y, si no han calculado mal, alcanzable en un plazo de quince años. ¿O no?

 

* (he puesto 70.000 millones de ventas -10.000 por encima del coste de adquisición- para meter gastos de gestión, financieros y el pequeño beneficio. A ojo claro)

Actualización: varios lectores en el blog y también en las redes sociales me dicen que el RoE tiene que ser necesariamente anual, y no por el total del proyecto. Realmente de la presentación no se puede afirmar con contundencia ni lo uno ni lo otro. Y aunque suena ridículo un RoE del 15% para el total, también parece muy ambicioso si se considera anualizado. Si tenéis alguna opinión fundada al respecto no dejéis de comentarla. Gracias.

 

¿Hay burbuja en Canadá?

Nino Ricci –no tiene nada que ver con la firma de moda homónima salvo su origen italiano- es uno de los novelistas más populares de Canadá. Nino y su mujer adquirieron, al límite de sus posibilidades y con la ayuda de sus padres, una vivienda en Toronto allá por 1997. Hoy han cambiado mucho las cosas: “He ganado más con el incremento de valor de mi casa que en toda mi carrera como escritor. Pero la única manera de usar ese valor es con una línea de crédito sobre la misma, lo cual es un peligroso hábito”, admite. Sin embargo, y dado que su profesión no le garantiza unos ingresos recurrentes, se apoya en el crédito para mantener su ritmo de vida más de lo que le gustaría. En los momentos más duros llega incluso a pagar intereses con el propio dinero tomado a préstamo. Y se preocupa: “¿Debo vender mi casa para asegurarme ahorros para la vejez? ¿Es esta mi última oportunidad?”

Palm Springs es una lujosa zona residencial y de ocio del sur de California que, al igual que es resto del Estado, ha sido azotada por la crisis inmobiliaria. Los precios de las viviendas, hasta hace unos años prohibitivos, gracias al fenomenal ajuste que han sufrido –gracias, entre otras cosas, a la existencia de la dación en pago- son ahora francamente asequibles pero, ¿quién dispone hoy de cash para invertir en vivienda? Los canadienses. Según el agente local Brad Schmett, la temporada alta de ventas se inicia en noviembre, con la llegada de los babyboomers (nacidos en los 60) del país de la hoja de arce: “Los canadienses están vendiendo sus enormes casas y, con lo obtenido, adquieren una casa más pequeña o un piso y el resto lo invierten en una segunda residencia en Palm Springs: buscan un lugar tranquilo y con clima agradable para evitar los duros inviernos de Canadá”.

Hay en Canadá una web similar a burbuja.info que se llama canadabubble.com. Transcribo la siguiente entrada: ““Leo que una casa de Vancouver de 344 m2 (3700 ft) salió a la venta en 1,9 M $ y que finalmente fue vendida en abril por 2,6 en una puja en la que participaron 25 personas. Ahora ha salido a la venta de nuevo por 3,5. En 1996, la misma casa se vendió por 531.000 $”.

Vancouver, febrero de 2011. Una inmobiliaria local fleta un helicóptero que sobrevolará un nuevo desarrollo de la boyante zona residencial de White Rock. Se trata de viviendas de 64 m2 (690 ft) a partir de 326.000 $ (5.000 $/m2). Los invitados al viaje, periodistas y agentes inmobiliarios que representan a inversores chinos. La acción de marketing es un completo éxito, incluso se cuela en todos los telediarios locales.

 

Algunos datos sobre el mercado inmobiliario de Canadá

Comprarse casa en Canadá se ha convertido en el deporte nacional. La cifra de propietarios supera por primera vez en la historia el 70% de la población. Según una encuesta de 2009, el 68% de los que viven en alquiler retrasarían otras compras importantes si así pudieran acceder a una vivienda, y más del 50% renunciaría a sus vacaciones con tal de comprar la casa de sus sueños.

Se estima que un tercio de la riqueza de los canadienses está metida en ladrillo. Hoy en día hasta una quinta parte (20%) del PIB está relacionado con el gasto en vivienda, desde reformas a electrodomésticos.

La construcción aporta el 7% del empleo total del país, frente a la media histórica del 5,5%.

El precio de la vivienda ha subido mucho más deprisa que los salarios. Así, las casas hoy día cuestan 5 veces los ingresos anuales de las familias, muy por encima de las 3,5 veces de hace una década.

La deuda de las familias canadienses representa actualmente el 150% de sus ingresos, su record histórico. ¿Mucho o poco? En Estados Unidos, en el pico de la burbuja se alcanzó el 127%. Hoy, tras el proceso de desapalancamiento iniciado en 2008, se sitúa en el 105%.

 

Algunas opiniones sobre el mercado inmobiliario de Canadá

The Economist advirtió la semana pasada de que el mercado inmobiliario de Canadá esfrothy” (burbujeante), destacando que los precios han subido desde 2007 el 21,9%, por encima de cualquier otra economía occidental.

La firma de consultoría Capital Economics ha señalado recientemente que la vivienda está sobrevalorada un 25%, y que la deuda de los hogares está en record histórico así como el número de viviendas desocupadas.

 

¿En qué consiste el admirado modelo hipotecario canadiense?

La banca canadiense tiene la sana costumbre de no ofrecer créditos que superen el 80% del precio de la vivienda, un criterio de sentido común que hasta hace unos años también regía nuestro mercado hipotecario. Sin embargo, en Canadá está al alcance de cualquiera la posibilidad de adquirir una vivienda poniendo sólo de entrada el 5% del precio total. ¿Cómo es eso posible? Porque el Estado se hace cargo del resto:

Hay una agencia estatal, una aseguradora gigante, que se llama CMHC (Canada Mortgage and Housing Corporation) que se dedica a asegurar las hipotecas de todos aquellos que no son capaces de hacer la entrada del habitual 20% del precio. ¿Cuál es el principal efecto? Eliminar el riesgo hipotecario para los bancos, protegerlos frente a un impago ocasional. La CMHC realiza una segunda función: tituliza las hipotecas y las vende a inversores institucionales, limpiando así tanto su balance como el de los bancos al tiempo que extiende más allá de Canadá los riesgos asumidos. ¿Se acuerdan de Fannie Mae y Freddy Mac?

Un negocio redondo para la banca local, que no asume los riesgos pero se lleva el beneficio. ¿Y si algo saliera mal? El Estado, los contribuyentes canadienses, pagarían los platos rotos.

En Canadá hablar mal de la CMHC es prácticamente tabú, aunque algunos osan hacerlo, como David LePoidevin, ejecutivo del National Bank. Sus superiores le desautorizaron públicamente sólo por sugerir en un informe que la CMHC estaba “calentando” el mercado. Otro que no tiene pelos en la lengua es el multimillonario local Jarislowsky: “Los políticos están garantizando hipotecas que los bancos nunca habrían concedido si las hubieran tenido que mantener en sus balances”. “El problema es que lo que es bueno para la política –votos-, no tiene porqué serlo para la economía”.

Incluso el exgobernador del Banco de Canadá, David Dodge, ha puesto el dedo en la llaga al señalar: “Es razonable que nosotros, como contribuyentes, digamos: Mire, señor hipotecado, tiene que poner usted algo de su dinero, de manera que si las cosas van mal, no seamos sólo los ciudadanos los que nos hagamos cargo del problema”.

La CMHC tiene aseguradas hipotecas por valor de 519.000 millones de dólares. Casi un tercio de su PIB. ¿Y con qué cuenta la agencia como respaldo? Con apenas 9.900 millones, es decir, el 1,9%. No está de más recordar que los fondos propios de Fannie Mae, en el momento del colapso, representaban el 1,5%.

La CMHC y el Gobierno defienden las bondades del sistema arguyendo que, a diferencia de los Estados Unidos, 1) hay pocas hipotecas titulizadas; 2) las deudas son perseguibles más allá de la vivienda (no hay dación en pago); 3) la mora hipotecaria está muy por debajo del 1%.

El negocio del seguro de hipotecas no es exclusivo del Estado –aunque acapara la mayor parte del mercado-. Las aseguradoras privadas que participan en el negocio también tienen “reaseguradas” las hipotecas por los contribuyentes canadienses, aunque en este caso “sólo” hasta el 90%.

¿Y qué se puede decir de la calidad de las hipotecas? En una comparecencia ante la comisión bancaria del Senado en 2007, Winsor Macdonell, vicepresidente de Genworth –principal aseguradora privada del país-, reconoció que el 36% de su portfolio se correspondía con gente de “low or poor credit”. Y asumió que la cartera de la CMHC tendría una composición similar, pues ambas compañías operan de manera homogénea en todo el territorio.

 

¿Qué es lo que proponen para España?

La primera noticia que tuve de la existencia del modelo canadiense  fue una tribuna que, bajo el título “Es momento de soluciones”, publicó el representante de Genworth en España, Ángel Más, en el suplemento Su Vivienda de “El Mundo”. Me llamó tanto la atención que le dediqué un post: “¿Un Fannie Mae a la española?

¿Y qué es lo que proponía el señor Más? Facilitar el acceso a la compra de vivienda a todos aquellos que no son capaces de pagar una entrada del 20% del precio mediante un seguro de crédito hipotecario proporcionado por una aseguradora privada. ¿Sólo? No. Para que el negocio sea redondo sería necesario que “el Gobierno otorgue una garantía subsidiaria a las aseguradoras”. Lo cual no sólo sería fantástico para las aseguradoras privadas, sino para los bancos: “facilita que los bancos consuman muy poco capital en esos préstamos” y “resolvería la liquidez de los bancos a través de los títulos garantizados con esas carteras hipotecarias”.

Antes de la convocatoria electoral, el señor Más consiguió hacerse un hueco en la Subcomisión Hipotecaria de la Comisión de Vivienda del Congreso, donde volvió a plantear el modelo canadiense. Y obtuvo un gran éxito, pues CiU hizo suya la propuesta y la incluyó en el programa electoral. El número dos de CiU al Congreso, Pere Macías, asistió antes de los comicios a un Encuentro Digital en El Economista. Así respondió a esta pregunta:

Pregunta: CiU propone como medida para fomentar el sector inmobiliario el modelo hipotecario canadiense. Bajo mi punto de vista, tiene un problema: el Estado queda como avalista en última instancia del hipotecado. ¿Por qué tiene que asumir esa función el Estado? ¿No es una manera de incentivar la asunción de riesgos por parte de los que conceden créditos? ¿No está asumiendo el Estado un riesgo que no le corresponde y que puede poner su solvencia en entredicho en tiempos de crisis? Gracias

Respuesta: “El modelo canadiense ha sido un modelo de éxito puesto que ha evitado tanto la burbuja inmobiliaria como su estallido. Estoy de acuerdo contigo en evitar una presencia omnipresente del Estado. Pero los canadienses a través de su agencia de vivienda y de un inteligente modelo de colaboración público-privada logra que el Estado simplemente tenga un papel de retaguardia con un exitoso papel de garantía y a la vez con un bajo coste para la hacienda pública. En cualquier caso muchísimo mejor que el desastre que tenemos nosotros.”

La semana pasada ha sido “Cinco Días” quien ha insistido en la hipoteca canadiense, a la que denomina “de calidad”, y la contrapone y enfrenta a la otra alternativa, la dación en pago. Llega a reprochar que la Fundación Alternativas, think tank ligado al PSOE, pidiera la prohibición de las hipotecas que superaran el 80% del valor de tasación. ¿Cómo, siendo de izquierdas, decís eso? ¿Qué queréis, que sólo los hijos de los ricos puedan comprar casa?, viene a decir.

 

¿Por qué Canadá puede capear el temporal y nosotros no?

Antes de pasar a las conclusiones me detendré a explicar por qué Canadá ha podido, al menos hasta la fecha, permitirse el lujo de tener este modelo –tan similar al estadounidense- sin que salte por los aires.

Primero: cuando estalló la burbuja americana en 2007 el tamaño de la canadiense era muchísimo menor. De hecho ha ido engordando sin prisa pero sin pausa y, como hemos visto, son ya varios los indicadores que revelan que su posición incluso supera a la de sus vecinos del sur en el momento del colapso.

Segundo: sus bancos no estaban metidos en los líos subprime que sí afectaron a la mayoría de las entidades financieras de occidente.

Tercero: Canadá es un país inmensamente rico. Un territorio enorme lleno de petróleo, gas, oro, uranio, níquel, diamantes, etc. No vive del ladrillo. Por eso y por su relativamente poca población, tiene la segunda renta per capita más elevada del mundo, después de Suiza. Este año la economía va a crecer un 2,5%.

Cuarto: Aunque se estén pasando de frenada en el “loan to value” con hipotecas al 95%, el gobierno es más estricto tanto con la duración de las hipotecas (ahora el máximo es 30 años) como con los tipos: usan tipo fijo con duración de cinco años, momento en el cual se recalcula el tipo fijo para los siguientes cinco años y así sucesivamente. Prefiero el tipo fijo puro aunque reconozco que esto es mejor que el “loco” variable nuestro.

Los canadienses están empezando a asumir que la vivienda no va a subir mucho más, pero tampoco tienen miedo a un pinchazo de la burbuja por dos razones:1)  no es probable que a medio plazo los tipos de interés suban; 2) tampoco lo es que las materias primas –el sustento de su economía- bajen. Así pues, se enfrentan a un periodo de estancamiento (una década, tal vez) en el que los precios se mantendrán mientras los salarios irán poco a poco subiendo hasta que la relación vivienda/salarios vuelva a los niveles históricos.

 

Este país no tiene remedio

Apenas estamos terminando de pinchar la burbuja anterior cuando ya estamos ideando cómo inflar la siguiente. Hay muchos interesados en poner en marcha un sistema similar al canadiense. Los primeros, los bancos. Muy cerca de ellos, los políticos. A tan sólo unos metros de distancia, los promotores, los agentes inmobiliarios y toda suerte de personas que viven o han vivido del ladrillo. Y casi a la par, los babyboomers españoles, que verían con agrado el freno de la caída de los precios de la vivienda e incluso la activación de un nuevo boom. Por no decir nada de los beneficiarios directos, muchos jóvenes que hoy día ni siquiera pueden soñar con ser dueños de una vivienda. A veces pienso que no ha quedado claro el significado de la hipoteca subprime. Por eso, cada vez tengo menos dudas de que no sólo hemos comprometido el futuro de nuestros hijos por la voraz avaricia de la década pasada sino que estamos dispuestos a destruir el de nuestros nietos.

Si tengo que elegir entre el modelo americano, el canadiense o el español, me sigo quedando con el alemán.

 

Fuentes:

House of Horrors, part 2. The Economist

The CMHC: Canada’s mortgage monster. MacLeans.ca

El Blog de Dale McGauran. Vancouverbesthomes.com

Canada’s ‘housing bubble’ deemed close to bursting. CBCNews

Housing: Real insanity. Canadian Business

Canada’s housing bubble. Canadabubble.com

 

Hoy podría caer en la tentación de felicitarme y felicitarnos por el punto final del que sin ninguna duda ha sido el peor Gobierno que hemos vivido desde que tengo uso de razón. Pero el momento económico y social es tan extremadamente grave que no nos podemos relajar ni un solo momento. Si acaso un brevísimo paréntesis para dar la enhorabuena a Mariano Rajoy por su contundente victoria. Descuide, señor Rajoy, que no le voy a desear suerte –aún recuerdo cuando el hoy Cesante nos deseó a todos las “buenas noches” y la “buena suerte” después de mentir a la Nación en hora prime sobre la existencia misma de la crisis-. Por eso me limitaré a desearle un “buen sentido común”, una “buena valentía” y una “buena independencia”.

La urgencia del momento seguramente le llevará a Ud. a destinar las primeras horas de su mandato al acuciante problema de la deuda y del deficit. Y no se lo reprocho. España necesita sin más dilación un plan creíble de adecuación de sus gastos a sus ingresos, tras siete años y medio gobernados por un personaje con mentalidad de adolescente hijo de papá; por un individuo que, de haber vivido la ocasión, se hubiera quedado absorto escuchando a los músicos del Titanic, distraído en ocasiones contando las nubes de la noche estrellada del Atlántico Norte.

De Ud. espero más, esperamos todos mucho más, y el masivo voto que ha recibido no es un cheque en blanco y Ud. lo sabe. Su intervención más brillante durante la campaña electoral tuvo lugar en la entrevista que le hizo el miércoles por la noche Pepa Bueno –una periodista que cada día me gusta más- cuando dijo aquello que minutos después fue portada en la edición digital de El Mundo: Ningún medio, banco, empresa o sindicato me puede dar órdenes. Es posible que en aquel momento muchos dieran su voto a torcer con la ilusión de elegir como presidente a alguien libre e independiente. Y ahora va a tener ocasión de demostrarlo. Vaya que sí.

Permítame un inciso, Sr. Rajoy, para dirigirme al resto de lectores: la victoria de Rajoy no es la Parusía, por mucho que su toma de posesión vaya a coincidir prácticamente con el primer Advenimiento del Mesías. Los datos de este trimestre serán pésimos, como los del siguiente y el siguiente. No se extrañen si sobrepasamos la cifra de 6.000.000 de parados a lo largo del próximo año. Como dijo el Cesante hace unos meses, “España es un transatlántico”. Que va derecho al iceberg, añado yo. Y modificar el rumbo de los transatlánticos lleva su tiempo. Incluso no sabemos si la distancia al impacto hará inútiles los esfuerzos.

Por eso Sr. Rajoy, como ya he señalado, dedíquese en cuerpo y alma a lo urgente pero, ojo, no olvide lo importante. Y lo importante es que el barco necesita muchas reformas. Algunas que le atañen directamente en su condición de dueño y señor de un instrumento de poder tan influyente como un partido político. En este país, la gran mayoría -de izquierda, derecha o de centro- sabemos que el modelo está agotado. La separación efectiva de poderes –y hago hincapié en la del legislativo y el ejecutivo, casi siempre olvidada-, el cierre del modelo autonómico, y la democratización de los partidos políticos son inaplazables. Y no se deje ofuscar por la deriva del 15M. Que hayan secuestrado y adaptado la reivindicación a sus intereses no quiere decir que la inmensa mayoría del pueblo no coincida, en lo nuclear, en sus demandas. Hágalo sin miedo. Ni siquiera Felipe González llegó a atesorar tanto poder como el que va a tener en sus manos los próximos años. Y le voy a decir más: si no abre Ud. el melón, al cabo de una o dos legislaturas puede que la tarea finalmente recaiga en alguien tan voluble y relativista como quien le precede. Y ya no habrá modo de reconducir este viejo país.

 

Sr. Rajoy: en España no hay libre mercado. ¿No me cree? Dese una vuelta por el IBEX. Las treinta y pico mayores empresas del país -con cuyos dirigentes el Cesante gustó de reunirse en los estertores de su malhadado régimen- están conformadas por oligopolios y monopolios de facto que son la expresión más genuina del capitalismo crony. Unos tipos que arramplan el 50% del PIB a cambio de dar trabajo a tan solo el 4% de la población activa (seré generoso: ¿el 10%, el 15% si sumamos indirectos?). Si quiere profundizar en el concepto crony le aconsejo, Sr. Rajoy, que lea este excelente artículo de Jesús Cacho con ocasión del ocaso del mandamás de Sacyr. Haga uso, por favor, de su libertad e independencia proclamadas y afánese por construir un mercado con igualdad de oportunidades para todos dentro de un marco competitivo con reglas de juego claras, sencillas y justas. Y pocas. Porque otro de los males de la aciaga legislatura que enterramos ayer fue la inflación legislativa, como bien denunció Ud. en la citada entrevista de Pepa Bueno. ¿Sería mucho pedir que al final de su mandato nuestro IBEX tenga una composición parecida a la del Dow Jones? Le faltan canas y volumen para parecerse a Papá Noel, y manto y corona para semejarse a Melchor pero, ante la cercanía de la Navidad, no me resisto a enviar mi carta.

 

Sr. Rajoy, el sector inmobiliario necesita transformarse en una industria madura, fiable y eficiente, pero no le quiero dar la lata con las medidas y ajustes que harían falta para ello –tiempo habrá-. Sin embargo, hay un asunto que afecta de lleno al sector y que es casi tan importante y urgente como el que ocupa hoy sus desvelos que no quiero pasar por alto: el saneamiento de la banca. Permítame una pregunta: ¿le parece caro o barato el título del Santander a 5,61 euros –cierre del viernes-? Le responderé yo: No lo sé. Ni yo ni nadie que se esté planteando esa inversión. ¿Y sabe por qué? Porque desconocemos absolutamente el valor de su activo (no sólo inmobiliario, aunque fundamentalmente). Eso es la incertidumbre. Eso es el miedo. Eso es lo que mantiene cerrados los mercados mayoristas de financiación. Sólo se sostienen en pie, nuestros bancos, porque los mercados saben que cuentan con el aval implícito del Estado. Aval que, como sabe, en la última semana ha perdido mucho valor. No reincida en la estupidez de reforzar el Pasivo de unas entidades cuyo Activo es una incógnita. No sirve para nada.

Si me permite seguir con la metáfora religiosa, y habiendo dejado ya claro que Ud. no es ningún Mesías, sin embargo creo que sí puede ejercer de un buen Padre Confesor. Haga pasar al sector financiero sin excepción por el confesionario del Banco de España, y que le cuenten la verdad. En el fondo es muy parecido a lo que tiene que hacer Ud. en Bruselas: las cuentas claras. Y una vez conocida con pelos y señales la situación real, actúe. De cómo acometer la limpia, seguro que cuenta con fantásticos asesores que le pueden aconsejar mejor que yo. Sea cual sea la fórmula elegida no olvide tres cosas:

-         Que el Estado está para garantizar los ahorros de los españoles. Ni un duro más.

-         Que no pasa nada si una, varias o muchas entidades deben quebrar. En los Estados Unidos han quebrado cientos de bancos desde que empezó la crisis.

-         Que de las pérdidas y de la mala gestión en las entidades los que deben responder son sus gestores y sus accionistas. No el conjunto de los españoles.

Me preocupa que el jueves por la mañana, en la entrevista de la cadena Ser, dijera Ud. que era partidario de seguir fusionando entidades, ¿no sabe lo que pasa cuando en una cesta se juntan manzanas podridas con manzanas sanas? Porque si de verdad piensa así deje de buscar Ministro de Economía, ya tiene a MAFO.

Sr. Rajoy, los millones de españoles que ayer le dimos la confianza, tanto por activa –mediante el voto- como por pasiva –dejando de votar la alternativa-, lo hicimos con el convencimiento de que es Ud. una persona honrada y muy sensata. Desborde nuestras expectativas y demuestre que también es valiente, libre e independiente. Le ayudaremos a conseguirlo. Buenos días y enhorabuena.

 

“José Luis, desengáñate, este país seguirá en crisis mientras no se reactive el sector inmobiliario”

A diestra y siniestra es éste el mensaje que oigo. Y no sólo de confidencias. Así se manifestó Rubalcaba al inicio de la precampaña: “No podemos pasar del atracón del ladrillo al ayuno del ladrillo” ¿Y Rajoy? Aunque no lo haya dicho con esas palabras, es lo que se puede inferir de su programa electoral, como veremos más adelante.

No hay otro modelo productivo en el horizonte. Los modelos productivos no se improvisan. Y menos cuando estás acuciado por una crisis que se está llevando por delante el tejido empresarial del país y pone en riesgo el Estado del Bienestar. Cuatro años y medio después de que estallara la burbuja de crédito lo único que se nos ha ocurrido es “resetear” la banca para volver a la casilla de salida. Reiniciar el proceso. El día de la marmota.

Estamos como en el 96 pero peor. Para cuando llegó Aznar, González ya había hecho lo más difícil: el ajuste. ¿Que fue un ajuste tramposo? Cierto, pues se hizo a través de devaluaciones e inflación. Disponer de una moneda propia puede que tenga inconvenientes, pero entre sus ventajas se encuentra la capacidad de ajustar precios y salarios sin conflictividad social.

Aparte de que no nos encontrábamos en un entorno de crisis mundial, a Aznar le bastó con impulsar el sector inmobiliario, privatizar la empresa pública, una cierta austeridad pública y liberalizar algunos sectores clave de la actividad. Además, la banca no estaba tocada como lo está ahora. El boom inmobiliario del final de los ochenta no tuvo nada que ver con lo que hemos vivido estos años. Ni tampoco había Comunidades Autónomas o Ayuntamientos de proporciones paquidérmicas como las de hoy.

Vayamos al grano. ¿Qué va a hacer Rajoy? Su plan, por lo que he podido leer, se sustenta en cuatro patas:

Austeridad.- Esto ya estaba en la hoja de ruta del 96 aunque en esta ocasión requiere de un esfuerzo mayor por dos motivos: las administraciones han crecido exponencialmente al calor del boom inmobiliario; y la señora Merkel y los señores inversores nos exigen resultados inmediatos, concretos y medibles. El problema de las administraciones no es tanto competencial como de despilfarro. Está claro que hay solapamientos, que sobra plantilla, y que se han arrogado competencias y se han metido en negociados que no les corresponden. Pero más allá de todo eso, una gestión eficaz de los recursos públicos debería ser suficiente para sostener la arquitectura del Estado. Se trata de gastar menos, pero sobre todo de gastar mejor. La duda que me surge es: ¿lo harán o tirarán por el camino fácil? Ahí tenemos a Zapatero, a Papandreu o a Passos Coelho que, acuciados por los acreedores, se lanzan a la presa propiciatoria del salario de los funcionarios o de los pensionistas. La receta clásica del FMI.

Reforma laboral.- El argumento que utiliza el sindicalismo español para negarse a la reforma laboral tendría sentido si, como ya he advertido, dispusiéramos de moneda propia: devaluación y, ¡tatatachán!, todo es más barato, salarios y productos (incluidos los inmuebles). Así, venderíamos más y poco a poco el paro empezaría a remitir. Pero eso es agua pasada. Dentro del euro sólo cabe abaratar costes. Porque si no te ajustas en precio, lo haces en cantidad. Todos los días leo gente que me sigue que me dice que la vivienda tiene que caer más, que tiene que ajustarse de verdad, que está muy cara. Y por eso el stock aumenta. Pues con la fuerza laboral pasa lo mismo: que está cara y que tiene que ajustarse. Creo que es fácil de entender.

Apoyo a la Empresa.- Hay un buen paquete de medidas, sin duda positivas y necesarias, para favorecer el desarrollo y mantenimiento de las empresas que podrían facilitar, si no el aumento, sí al menos el mantenimiento del empleo: compensación de deudas con la Administración, pago del IVA al cobro y no al devengo, exención por reinversión, liberalización de mercados, etc. Medidas necesarias pero no suficientes. Porque el meollo de todo se encuentra en el siguiente epígrafe:

Solución del atasco financiero/inmobiliario.- Las políticas que anuncia el PP para vivienda aspiran a ser un auténtico plan de choque para revitalizar el sector:

-         IVA superreducido

-         Deducción por adquisición de vivienda nueva

-         Compensación tributaria entre alquileres pagados y percibidos para fomentar la movilidad laboral

-         Libertad de pactos en arrendamientos

-         Acuerdos de colaboración público-privada para movilizar el stock de vivienda

¿Qué se pretende con esto? Por un lado, como ya he dicho, impulsar tanto la compraventa como el arrendamiento. ¿Sólo? No. Hay algo más. La verdadera intención de estas medidas es, fundamentalmente, frenar la caída del precio de la vivienda.

¿Y para qué? 1) Para evitar que los balances de la banca se deterioren aún más y 2) para que las familias dejen de sentir el efecto pobreza que supone asumir que mes a mes su principal activo, la vivienda, vale menos. En un país de propietarios como es el nuestro, esta sensación de empobrecimiento tiene mucha más incidencia en las decisiones de consumo e inversión de lo que se habla. Por eso, frenar la caída de los precios de la vivienda no sólo tiene un efecto directo en el sector sino que implica una mejora para toda la economía en la medida en que alienta el consumo.

Pero para que estas medidas (todas, no sólo las relativas a la vivienda) desplieguen toda su eficacia hace falta un sistema financiero sano: que las venas del sistema, llenas de colesterol inmobiliario, se despejen. El PP se propone hacerlo, pero no tenemos muy claro cómo. En el programa electoral dice lo siguiente: “Culminaremos el saneamiento y la reestructuración del sistema financiero. Facilitaremos la gestión activa del patrimonio dañado de las entidades financieras que lo precisen.”

Dos son las versiones que han circulado durante la última semana al respecto: la creación de un banco malo al que transferir todos los activos tóxicos de la banca; y suavizar régimen fiscal que grava la venta de activos inmobiliarios de la banca. El modelo del banco malo no ha tenido muy buena acogida porque supondría socializar las pérdidas. Lo que le faltaba al pueblo español, exhausto tras cuatro años de crisis. Mientras tanto, la suavización fiscal parece que no implicaría la socialización de las pérdidas, según señaló Montoro –aunque no explicó en qué consistirían-.

A mí me da que la mejora del régimen fiscal va por un camino que sugerí en el blog hace ya unos cuantos meses: reconocimiento a fecha de hoy de toda la depreciación del activo, pero con la posibilidad de dotar/amortizar las pérdidas en varios (diez, quince) ejercicios.

En fin, lo mejor de todo esto es que ya cada vez quedan menos días para despejar la incógnita. En un próximo post profundizaré en estas medidas y en algunas otras propuestas interesantes de otros partidos, que quizá debería hacer suyas el próximo gobierno.









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