El autor de Adiós, Ladrillo, Adiós.

Mensajes etiquetados liberalización suelo

 

El Quiñón de Seseña es el mejor ejemplo para entender que en España no hay ni ha habido liberalización de suelo, sino un sistema cuasifeudal de 8.000 monopolios del suelo que coinciden con otros tantos municipios. Si de verdad hubiera habido liberalización del suelo el propio mercado habría descartado un desarrollo de semejante magnitud en este municipio tan alejado de Madrid sin antes haber agotado todo el suelo disponible en los municipios mejor ubicados y dotados (colegios, comercio, sanidad, comunicaciones, etc.) como son Ciempozuelos, Valdemoro, San Martín de la Vega, Parla, Pinto, Torrejón de la Calzada, Torrejón de Velasco, etc. Así pues, el intervencionismo de ayuntamientos y de comunidades en la clasificación y la gestión de suelo favorece la especulación de aquellos islotes que, como el Quiñón, cuentan con todas sus bendiciones. Y ¿cómo se consiguen esas “bendiciones”? Pues en una escala de 0 a (caja) 507, se encuentra uno de todo, como en botica.

¿Por qué se inflaron, por lo tanto, los precios? Los precios respondieron con normalidad al resultado de dos factores: la intervención en la oferta de suelo disponible (como describo en el párrafo anterior), que provocó que deviniera en un bien escaso – es decir, poca oferta para una enorme demanda-, y la fenomenal burbuja de crédito –provocada por los tipos de interés reales negativos y los perversos incentivos del Banco de España- que llevó a muchos a invertir en vivienda con fines especulativos.

Como consecuencia de ello, los precios de los inmuebles tendieron a igualarse al alza, desdibujando las diferencias que tradicionalmente la ubicación -el location anglosajón-, la antigüedad, y otros atributos (comunicaciones, transporte, dotaciones, comercio, etc.) han definido este mercado.

 

La semana pasada el Banco Santander, a través de Altamira, anunció una nueva bajada de precio que ha gozado de un gran eco mediático. Normal: el descuento sobre máximos es de un 65%. 65.000 euros para un piso de 94 metros cuadrados. Un precio que apenas cubriría el coste de construcción de la vivienda y que, por supuesto, deja en cero el valor del suelo: toda la inversión realizada por el promotor en la compra del suelo y su urbanización se habría volatilizado. Estamos hablando por tanto de un precio que jamás hubiera incentivado a un promotor a lanzarse al desarrollo del suelo. Los números no salen… salvo que se produzca el cúmulo de circunstancias ya expuestas en los primeros párrafos.

¿Y qué ocurrió el pasado fin de semana? Pues que los pisos no se vendieron, se despacharon. Se formaron enormes colas de jóvenes parejas –ojo, no inversores sino usuarios finales- atraídos por un precio difícilmente batible. Seguramente cuando estén leyendo estas líneas el stock del Santander se haya liquidado por completo, pues esas eran las previsiones del equipo comercial para este fin de semana que acabamos de dejar. Así pues, está claro que en un mercado sin dopaje financiero ni incentivos perversos las cosas vuelven a su ser. ¿O no?

Los jóvenes que han comprado piso en Seseña no tienen 65.000 euros más gastos ahorrados. Necesitan de financiación. Y el Banco Santander se la ha proporcionado. Lamentablemente, repitiendo errores del pasado. ¿Por qué? Porque los incentivos perversos siguen existiendo y desde el supervisor se sigue haciendo la vista gorda.

Estas son las condiciones financieras bajo las que se están vendiendo los pisos: plazo de amortización a 40 años, 100% del precio, y tipo variable de euribor más 1,25. Lo cual representa una cuota mensual de trescientos y pico euros. Si bien es cierto que el precio de la vivienda es muy bajo y es difícil que caiga mucho más aunque se recrudezca la crisis, también lo es que algunos de los compradores pueden tener problemas para pagar la hipoteca si, cosa no descartable, acaban en el paro.

 

Las financiaciones tienen que tener previstos botes salvavidas por si ocurre lo peor. Y esta del Santander no lo tiene. Por ejemplo, si el tipo inicial es fijo, pasarlo a variable (con lo que la cuota se abarata); o si el plazo inicial son 25 años,  ampliarlo a 35 años (con lo que cuota se abarata). O, llegado el caso de la ejecución de la vivienda, tener la ocasión de salir del embrollo sin tener que seguir debiendo al banco. Eso se consigue sólo si la financiación es inferior al precio pagado, pues en la subasta, en un mercado bajista, siempre se va a vender el piso por menos del precio pagado inicialmente.

¿Por qué opta pues el Santander por una financiación tan agresiva? Pues para reducir la cuota mensual y hacer más atractiva la compra del piso. Eso sí, a cambio de pagar muchas más mensualidades. En fin, creo que con una hipoteca más sensata la mensualidad no supondría más de 100 euros más al mes y todos respirarían más tranquilos. Además de que al comprador le costaría mucho menos en intereses.

Me preguntaba el otro día un periodista si esa bajada tan agresiva del precio por parte de los bancos se podría considerar competencia desleal, a lo que respondí que no, que “la deslealtad de la banca no viene dada por el precio, sino por las condiciones hipotecarias, que suelen ser mucho más livianas cuando se trata de sus propios pisos que cuando financian activos de terceros”. A ver si alguien toma nota.

 

 

Es habitual que las compañías petrolíferas publiquen sus reservas de petróleo y que la adquisición de derechos de prospección o los nuevos descubrimientos acaparen los titulares de los medios económicos. Todos lo celebramos como una buena noticia, y lo normal es que las acciones de las compañías involucradas ganen valor según van atesorando más y más reservas. ¿Por qué reaccionamos así? Porque sabemos que el petróleo, tan necesario para la vida actual, es un bien francamente escaso. De hecho, hay un buen número de analistas y observadores que consideran que pronto alcanzaremos –si no lo hemos hecho ya- el “peak oil”, aunque también hay otros que desarman con solvencia estas teorías, a veces demasiado milenaristas o incluso interesadas.

En cualquier caso, nos parece razonable y lógico que, frente a un bien escaso, las compañías que lo utilizan como materia prima traten de aprovisionarse del mismo para unos cuantos ejercicios.

Así pues, mientras el sector petrolífero atesora reservas probadas para cubrir 100 años de demanda -con crudo ligero, arenas bituminosas y crudo pesado-, nos llevamos las manos a la cabeza cuando eso mismo sucede en el sector inmobiliario.

En las últimas semanas he leído con cierta frecuencia –en diferentes medios y también en las redes sociales- la denuncia de que hay suelo calificado para cincuenta o más años, como si eso fuera una desgracia. Como si lo deseable es que sólo hubiera suelo para uno o dos años, o ni tan siquiera.

La primera pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué ha sucedido eso? ¿Acaso es el suelo un bien escaso? En comparación con otros países y zonas desarrolladas (Centroeuropa, Japón, costa Este de EE.UU.) España es un país relativamente poco urbanizado. La razón probablemente se encuentra en que tenemos una densidad de población relativamente baja y además muy concentrada en unas pocas áreas metropolitanas. La sensación, por tanto, es de que el suelo no es un bien escaso. A este respecto recuerdo un dicho que hizo fortuna en los tiempos del boom: “¿Por qué es tan cara la vivienda sin en cuanto sales un poquito de Madrid es todo campo?”

Así pues, si el suelo no es un bien escaso, ¿por qué ese afán por atesorarlo? Pues muy sencillo: porque lo que no es escaso por naturaleza, la intervención de la Administración lo ha convertido en escaso de facto. De hecho, los 8.000 municipios que conforman España no son sino 8.000 pequeños monopolios –el “minipolio”- del recurso llamado suelo. 8.000 pequeños ducados donde el señor feudal de turno y su “sheriff de Nottingham” (concejal de urbanismo) deciden a quién, cuándo, cómo y en qué condiciones se le autoriza el desarrollo de tal o cual pedazo de tierra. Ese urbanismo de pelotazo en el que la firma del concejal vale dinero.

Corruptelas aparte y sólo desde el punto de vista empresarial, la liberalización del suelo –que nunca se ha llegado a producir en este país por mucho que algunos insistan- convertiría a éste en un bien abundante y frenaría las lógicas ansias del sector promotor por acaparar materia prima, liberando sus escasos recursos y haciendo, por consiguiente, más eficiente y barato el negocio de la promoción, que redundaría en beneficio de los compradores finales.

Acometer el proceso de liberalización del suelo hace unos años hubiera resultado una tarea casi imposible, dadas las presiones que al osado gobernante le habrían infligido los poderosos lobbies promotor y financiero. Pero, ¿y ahora? Como se suele decir, las crisis generan oportunidades, y en este caso la ocasión la pintan calva. En la medida en que todos coincidimos en que a fecha de hoy el valor del suelo urbanizable coincide con el del suelo rústico, nuestros gobernantes tienen una ocasión de oro que no deberían dejar pasar.

PD: Llama poderosísimamente la atención que la izquierda y los terratenientes coincidan en el rechazo a la liberalización del suelo, para solaz y regocijo de estos últimos. Curioso y ciertamente paradójico. ¿Alguna explicación?

Leyendo en El Economista los comentarios de los lectores sobre las declaraciones de Cristóbal Montoro y Álvaro Nadal acerca de sus intenciones para con el mercado de la vivienda no salgo de mi asombro. Reciben leña por todas partes, pues a los liberales tampoco les gusta alguna de sus propuestas. Y si algún comentario es a favor, la votación de los lectores no puede ser más negativa. ¿Es un problema de comunicación/transmisión de los contenidos, o es que el prejuicio social es tan profundo que impide hacer un análisis honesto?

Voy a tratar de analizar lo que dijeron. De entrada, las declaraciones se pueden agrupar en dos partes. Una, acerca del pasado: responsabilidades de la burbuja. Dos, lo que harán si ganan: liberalización del suelo y deducción por vivienda.

1) Negar rotundamente algún tipo de responsabilidad en la formación de la burbuja no me parece sensato ni oportuno. Aparte de que no es cierto. Es más, el propio Montoro se pone en evidencia al defender –reconozco que con tino- la actuación de la banca en los años del ‘boom’: “el sistema financiero cometió errores, pero propiciados por una política monetaria, de regulación y de supervisión fallida”. Y, hombre, sería injusto cargar todo el peso de la burbuja sobre los hombros de Caruana y de Mafo (ya sabemos lo “independiente” que es un Gobernador). Como también lo sería hacerlo sobre los del BCE, que se limitó a hacer seguidismo de la política laxa de la Reserva Federal. En la sustitución del modelo conservador de tipos fijos por el arriesgado de tipos variables y plazos infinitos el Partido Popular tuvo su cuota de responsabilidad, por mucho que sólo conviviera con él dos años y medio, y por mucho que “la demanda de viviendas estaba por encima del stock inmobiliario y el crédito crecía al mismo ritmo que la construcción”, como defiende Nadal en la entrevista. Les guste o no, pusieron las bases para lo que vino después. Siempre nos quedará la duda de si, con Rajoy como presidente, hubieran encauzado la situación con medidas refrigeradoras de la economía.

En lo que sí tiene toda la razón Nadal es en que la burbuja cobró unas dimensiones paquidérmicas “por las decisiones del Ejecutivo de Zapatero y no como consecuencia de la Ley del Suelo de 1998”.  Les remito a este y a este post donde explico con detalle cómo la Ley del Suelo fue absolutamente inocua o cómo Solbes hizo oídos sordos a la llamada de atención desesperada de los inspectores del Banco de España.

2) Agua pasada no mueve molino, así que vayámonos al futuro: que el PP anuncie la redacción de una nueva Ley del Suelo es, en sí misma, una magnífica noticia. Y digo esto porque me resulta impensable que pueda ser peor que la actual. Si, además, pretende liberalizar de verdad el suelo, podemos ya estar en puertas de un auténtico cambio de modelo en el urbanismo de este país, tan necesario. Esta frase de Nadal lo resume perfectamente: “Que la firma del concejal de urbanismo no valga dinero”. Como bien explican en la entrevista, sin el concurso de las autonomías no se podría llevar a cabo. Como quiera que casi todas están en manos populares, las posibilidades de éxito son mayores que nunca.

Me llama positivamente la atención que tampoco tengan verdadera prisa por materializar esta nueva ley; ¿para qué correr, si el mercado está muerto?: “se trata de una reforma pendiente que se abordará en cuanto cambien las condiciones del mercado inmobiliario y se empiece a reabsorber el excedente de vivienda sin vender”. De lo que se trata es de que la hagan bien.

Sobre este particular, sólo añadir que la liberalización del suelo será positiva en cuanto que ampliará la oferta y reducirá la corrupción pero, ojo, eso no lo es todo. Por el lado de la demanda también hay que actuar, y espero impaciente sus propuestas. Yo tengo algunas –que recojo en “Adiós, ladrillo, adiós”- y que en las próximas semanas iré desgranando. Por si les valen.

La otra noticia es que van a recuperar la deducción por vivienda. Y con efecto retroactivo (de lo cual me alegro, pues en otro caso la demanda actual quedaría indecisa hasta marzo ¿o quizá noviembre?). Desde el lado liberal se critica con sólidos argumentos esta pretensión. No pretendo erigirme en abogado del diablo, pero creo que hay que relativizar la medida porque 1) la deducción para las rentas más bajas (que son la mayoría) sigue vigente; 2) la deducción en el tramo autonómico se ha mantenido en la mayoría de las Comunidades. Sólo si no se acompaña de incentivos similares para el alquiler es cuando realmente se estará condicionando al usuario de vivienda. Por otro lado, no debemos olvidar el agravio que supone frente a los que han (hemos) comprado durante toda la década pasada. ¿Y tiene que ser precisamente ahora, que las cosas están peor que nunca, cuando vamos a ponérselo más difícil a los newcomers?

Los socialistas están últimamente muy locuaces para esto de la burbuja inmobiliaria. El último que se ha desatado la lengua ha sido el conocido como Borrell I el Fugaz, por la  inefable muestra de la democracia interna de la que tanto presumen en el PSOE y cuya última víctima ha sido la “niña” Chacón.

Seguramente por alguna vendetta pendiente, y amparado en la ausencia de autoridad en el PSOE –algo parecido a lo que pasa en el Gobierno- ha aprovechado la ocasión para repartir unos cuantos mandobles sin por ello separarse de la línea oficial mantenida por José Blanco al tiempo que hace un guiño a los chicos del 15m. Me explico:

Asegura que en el ya lejano 2007 afirmó en el comité federal del PSOE que la construcción no podía pesar en España el doble de lo que pesaba en el PIB de la Unión Europea; que no era lógico que se construyera tanto como en Alemania, Francia e Italia juntas.

También que fue un error negar la crisis, hablar de brotes verdes, de luces al final del túnel y de que lo peor de la crisis ya había pasado. Y un reproche directo a Zapatero por no haber sabido decir a los españoles que somos más pobres que ayer porque hemos tomado decisiones de inversión equivocadas y que eso ya no tiene remedio.

Hasta aquí, todo bien. Un discurso que nadie podrá objetar.

La confusión, la empanada mental –quizá interesada, para zurrar a Mafo por algún asunto pendiente-, es la misma con la que nos viene obsequiando el PSOE desde tiempos inmemoriales y que tan oportunamente recordó Aleix Saló en su celebérrimo video (por cierto, ¿a nadie se le ha ocurrido que el viaje de Zapatero a Kazajistán no fue sino para estrechar relaciones con nuestros nuevos vecinos “istaneses”?). Efectivamente, Borrell ha culpado al PSOE de la burbuja inmobiliaria, pero no a todo al PSOE, sólo a los que él llama “socioliberales” y que, por sus palabras, parece encabezar Mafo. Esta frase describe perfectamente el prejuicio, la mentira que por muchas veces repetida yo, por lo menos, no me creo: “Me gustaría ver a todos los socioliberales del PSOE, grandes partidarios de la liberalización del suelo, de la abolición de la planificación urbana, que proclamaban: el mercado sabe construir ciudades, fuera la restricción, venga, ancha es Castilla…”.

Con brevedad y exactitud habéis descrito en vuestros propios comentarios (extraídos del post “¿Vivienda protegida o personas protegidas?”) lo que realmente pasó en estos años:

“Así se ha creado esta burbuja, a base de intervenir en la oferta, restringiéndola; y en la demanda, aumentándola con dinero barato.”

“…el sobreprecio de las viviendas es la conjunción de dos factores: por un lado, la rigidez de la oferta, condicionada por la escasez de suelo, que hace que su adquisición sea muy costosa – en tiempo, en dinero, en gestión, en riesgos (lo que inevitablemente se repercutirá en el precio del producto inmobiliario); segundo, y simultáneo: la elasticidad de la demanda debida a la expansión crediticia artificial en un sistema de dinero fiduciario con tipos muy bajos, que permite que haya una demanda capaz de responder a una oferta semejante.”

Y, en efecto, hubo gente en el PSOE que es responsable –empezando por Zapatero- de la intervención nefasta en la oferta y en la demanda. Los mal llamados “socioliberales” de Mafo, por el lado de la demanda; y los socialistas puros, por el de la oferta. Y de “aquellos barros, estos lodos” (sic) como dirían Blanco y (oh, casualidad) Saló.









Archivo

mayo 2013
L M X J V S D
« abr    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899