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Que Mariano Rajoy, con la imposición del Collar de la Orden de Isabel la Católica en su primer BOE, haya aceptado la herencia de Rodríguez Zapatero a beneficio de inventario no elude a éste último de sus responsabilidades ni le exime, por tanto, de la condena de la Historia –y, quien sabe, si de la de alguna otra instancia más terrenal e inmediata-.

Ayer por la tarde se ha sabido que, en lo que es uno de los principales agravios que ha sufrido España en lo que llevamos de crisis, la República de Irlanda ha obtenido una importante victoria en sus negociaciones con la UE al conseguir que Hollande y Merkel apoyen, como cosa excepcional, la recapitalización directa de sus bancos.

España lleva luchando por obtener este mismo tratamiento desde que, hace unos meses, fuimos forzados a solicitar un rescate financiero –que, a priori, va a suponer la friolera de 40.000 millones de euros-.

Pero, antes de seguir, ¿por qué es tan importante esto de la “recapitalización directa”? Tendría tres efectos importantísimos: el primero, es que la deuda necesaria para recapitalizar la banca no computaría como deuda pública española, aligerando la enorme losa de las cuentas públicas –lo cual, si no evitaría, al menos retrasaría nuestro quinielado default-. El segundo, que la carga recaería sobre el conjunto de los ciudadanos de la UE y no sólo sobre las del exhausto contribuyente español. Y tercero (quizá el más importante), se rompería la peligrosísima dinámica de préstamos cruzados entre la banca nacional y el Estado –un círculo vicioso letal-.

En España, a pesar de que los verdaderos protas de la UE no se habían pronunciado en tal sentido, sin embargo nos habíamos hecho ilusiones por algunas declaraciones –mero wishful thinking- de excelsos prebostes de incuestionable tarjeta de presentación VIP pero que, a la postre, no son más que meros figurantes de la escena bruselense. Así, la famosa carta –que atormenta a un atribulado Miquel Roig como se puede advertir en su magnífico blog-  publicada en la web del ministerio de economía finés y firmada por el país anfitrión, Alemania y Holanda dejaba claro y meridiano que el MEDE no iba a asumir las pérdidas del saneamiento de la banca española.

Y se preguntarán, ¿qué ha pasado para que Irlanda sí sea meritoria de la asistencia de sus socios? La ausencia de dolo, de mala fe. Así lo explicaba François Hollande ayer mismo: “la especificidad irlandesa es el calendario”. “En ese país los bancos fueron recapitalizados hace meses, antes de que existiera el MEDE y el mecanismo del BCE, lo que obligó a Dublín a llevar a cabo este proceso a costa de sus presupuestos”.

 

¿Y España? ¿Ha engañado? ¿Cuáles son las diferencias?

Irlanda fue honesta, y humilde, desde un principio. En cuanto surgieron dudas acerca de su sistema financiero, acudió con el séptimo de caballería al rescate de la banca. Y resultó que la banca tenía un agujero que succionó sin compasión todo el crédito de la República. Así las cosas, Irlanda fue arrastrada al precipicio con lo que no le quedó otra que solicitar un rescate a Europa. Hablamos de la prehistoria de la crisis, cuando aún no había mecanismos de rescate, y realmente se pensaba que era más bien un asunto americano (subprimes) con algunos –pocos- daños colaterales.

Posteriormente Irlanda –el pueblo irlandés- ha mostrado una gran serenidad durante todos estos años. Entonaron el mea culpa, y nadie recuerda manifestaciones violentas ni acampadas en Dublín. Resignada, pero responsablemente, se ha tragado su crisis. Si acaso beligerantes, lo fueron donde el sentido común lo hacía necesario: el mantenimiento, frente a las “recomendaciones” de la troika, de su bajísimo impuesto de sociedades, razón por la cual la mayoría de empresas de los Estados Unidos –y no sólo de allí- radican en Eire su sede europea. O sea, más ingresos y más empleo.

Mientras todos hacían sus deberes (recordemos que incluso Alemania, Holanda y Reino Unido recapitalizaron entidades), aquí –y perdonen el tópico- teníamos el sistema financiero más sólido del mundo. Se implantó la filosofía del pretend & extend que no sólo consistió en impedir el pinchazo de la burbuja crediticia y financiera en los balances bancarios, y en promover fusiones ruinosas: el Estado gastó a razón de unos 100.000 millones de euros anuales por encima de lo que ingresaba. Así, si al comienzo de la crisis nuestra deuda estaba en el entorno del 36% del PIB, a final de 2011 había superado el 70%… ¡y sin haber empezado el doloroso proceso de recapitalización!

De hecho, cuando el nuevo Gobierno tomó posesión, tampoco se atrevió a acometer el saneamiento que realmente hubiera hecho falta, sino que se conformó con una Reforma Financiera (la primera) ambiciosa, pero limitada a lo que el propio establishment se podía permitir. Una reforma que quizá hubiera bastado en 2008 o 2009, pero no a principios de 2012, con una economía en plena descomposición. Inversores, agencias de calificación y, finalmente, Europa, se dieron cuenta de que era insuficiente y exigieron dotar provisiones por pérdidas mayores, y someter los balances de la banca a un análisis independiente y externo –manifestando así el terrible descrédito sufrido por el Banco de España bajo las órdenes de Fernández Ordóñez y la tutela de Rodríguez Zapatero-.

 

Concluyendo:

1)      España reconoció tarde sus problemas

2)      los reconoció a medias

3)      hasta el punto de ser forzada a hacer una valoración independiente

4)      gastó su crédito en absurdas políticas keynesianas en lugar de usarlo, en el momento adecuado, para recomponer su sistema financiero

5)      se mantiene orgullosa y no quiere reconocer que es el Estado en su conjunto el que requiere rescate.

Estas y no otras son las razones de la “excepcionalidad” irlandesa.

 

Dedicado a mis queridos @godivaciones y @miquelroig

 

Una reforma para consumo externo…

Contaba MAFO allá por julio –cuando ufano relataba lo bien que habían ido los test de estrés, días antes de la caída de la CAM- que, estando un emisario del Banco de España en Londres para explicar cómo andaban las cosas en nuestro sistema financiero, un analista local le espetó que “el suelo en España no vale nada, cero”. La respuesta del ejecutivo español fue algo así como: “Si usted lleva razón, si es así, lo compro todo”.

MAFO y su adlátere llevaban razón: el precio del suelo, en España, ni de lejos era cero. Era muchísimo más. No había más que acercarse a cualquier banco y preguntar por su cartera de suelos. Pero el analista inglés no estaba hablando de precio, sino de valor. Y ya sabemos lo que Machado decía de los que confunden valor y precio. No estoy diciendo yo que en el Banco de España se prodiguen los necios, ¡qué va!, fue sin duda una buena artimaña oratoria del representante español. Y seguramente el analista de la city apreció su inteligente respuesta pero no saldría muy convencido de la reunión, aunque de haber conocido al genial poeta sevillano podría incluso haberse sentido ofendido.

Apenas unos días antes del anuncio de la reforma financiera, el boss de Fitch en España, José Santos, hizo unas declaraciones que merecieron este titular de Expansión: “El precio de los pisos en España debe bajar hasta el 35% en dos años desde su pico máximo”. Dicho y hecho.

Esta reforma es, antes que cualquier otra cosa, una reforma para consumo externo. De Guindos ha trabajado con la mirada puesta en los mercados de capitales. Les ha dado lo que quería: los suelos valen casi cero, los pisos, un 35% menos.

 

…pero también para consumo interno

Me sorprendieron los descuentos aplicados por De Guindos. El 80% para suelo me resultó francamente excesivo. Tengamos en cuenta que no ha discriminado y que el ajuste afecta por igual a suelos urbanos, urbanizables o rústicos con expectativas. A suelos céntricos y a suelos en las periferias, a suelos en Chamberí o en el Eixample, y a planes parciales en semidespoblados de Castilla o en blufs de la costa. Probablemente un descuento medio del 70% hubiera sido más acorde con el valor real.

De igual modo, el descuento en vivienda del 35% se me hizo algo corto. Si ya en Madrid capital la obra nueva ha bajado desde el pico un 30%… extrapolen ustedes. Así pues, si bien la cantidad global (50.000 millones) puede ser la adecuada, la distribución por activos no lo es tanto.

Y, ¿qué puede haber influido, aparte de dar satisfacción a los analistas internacionales, para escoger estos porcentajes? España es un país de propietarios. Por encima de los treinta y cinco años prácticamente toda la población es titular de al menos una vivienda. Y lo que ha hecho el viernes pasado el Gobierno es decirnos, franca y llanamente, que nuestros pisos valen un 35% de lo que llegaron a valer. Una cifra dura, aunque seguramente ya asumida y descontada. ¿Cómo afectaría a nuestro estado de ánimo, a nuestro consumo, una cifra del 40 o 45%? Pienso que también ha habido algo de eso.

 

Sí es una reforma…

Varios de los artículos que he leído estos días dicen que esto no es una verdadera reforma, que no es sino un mero adelantamiento de plazos. Discrepo.

Hay, de entrada, un cambio conceptual fundamental: hasta ahora, la banca iba provisionando en cómodos plazos y según las necesidades de cada entidad. Esto, como no podía ser de otra manera, era causa justificada de desconfianza por parte de los inversores. Y alimentaba el círculo vicioso, pues la inoperancia de facto del sistema financiero incidía día a día en la minusvaloración de los activos inmobiliarios. Lo importante del nuevo escenario no es si se puede provisionar en uno o en dos años, sino que de golpe se asume una caída impresionante de los valores de los activos; por una vez se pretende que el valor contable se asemeje al valor de mercado. Y eso sí es una reforma.

 

…aunque incompleta y paternalista

Decía ayer José Carlos Díez –economista jefe de Intermoney- en twitter: “primero el FROB saca a Banco de Valencia de Bankia para sanearlo, y ahora Bankia le quiere comprar al FROB Unnim. No entiendo nada.” Yo tampoco.

Mientras Santander, BBVA y Caixa se apresuraban a explicar esta mañana el impacto en sus balances de los nuevos requerimientos, la cuarta entidad del país no sólo no lo hace sino que tira por el camino del medio acogiéndose a las excesivas facilidades que De Guindos ha incorporado al Decreto –y para colmo la Bolsa castiga a los transparentes, con caídas de más del 1% a media sesión, y premia al díscolo-.

Esta reforma –como las instrumentadas bajo la égida del PSOE- adolece de un grave defecto, que es intentar por todos los medios que ninguna entidad quiebre. Dicen los que saben que el impacto en la marca España sería nefasto si varias entidades quebraran. No estoy de acuerdo. Si estamos a transparencia y saneamiento, estamos a transparencia y saneamiento. Las medias verdades también son medias mentiras. Pero es que, además, esto no va a hacer sino incrementar el riesgo sistémico y, por ende, el riesgo moral. Y, no nos engañemos, un uso mayor e innecesario del FROB y, probablemente, la nacionalización a plazos de alguna entidad.

Por otro lado,Tano Santos, en Nada es Gratis, descubría una de las perlas del Decreto que pone en cuestión la verdadera intención de la reforma:

Disposición adicional quinta. Cómputo de pérdidas en los supuestos de reducción obligatoria de capital social en la sociedad anónima y de disolución en las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada:

Se renueva, sin solución de continuidad y a todos los efectos legales, durante el ejercicio social que se cierre a partir de la entrada en vigor del presente real decreto-ley, la aplicación de lo dispuesto en el apartado 1 de la Disposición adicional única del Real Decreto-ley 10/2008, de 12 de diciembre.”

Es decir, nueva e injustificada –a los propósitos de la reforma- prórroga de la suspensión de una de las causas de disolución de las sociedades mercantiles que afecta de lleno a las promotoras inmobiliarias.

Sé que el Decreto prescribe 10.000 millones (el 20% del total) para posible deterioro de los préstamos “buenos”. Y me parece bien pero, ¿serían suficientes si se aplicaran las leyes mercantiles sin privilegios? Hace unos meses calculé que sólo entre las 11 promotoras más importantes del sector adeudaban más de 30.000 millones. Por supuesto que los activos que respaldan esos créditos no valen cero pero aún así…

 

La reforma se olvida de la mora hipotecaria…

Los bonitos gráficos de la presentación del Ministerio –y del Banco de España- se centran en los 300.000 millones prestados al sector promotor, pero no hacen mención de los 600.000 que disfrutan las familias a cuenta de sus viviendas. La mora hipotecaria hace ya muchos meses que se sostiene en el entorno del 2,5%. Si bien es cierto que la amenaza de la proscripción social y económica tiene mucho que ver con este relativo éxito –en la medida en que la entrega del bien no libera de la carga-, no parece muy creíble que esta tasa se sostenga en el tiempo con unas perspectivas de PIB tan lamentables, con un paro que ya se acerca al 25%, y con un desempleo de larga duración en record absoluto.

 

…pero, a pesar de todo, es una buena reforma

Con todos sus defectos, el esfuerzo es muy importante y, como señala acertadamente Miguel Belloso en el último número de Mercados, “las nuevas provisiones (…) supondrán un transferencia de renta de las empresas financieras a la economía real del orden de 50.000 millones de euros”.

Ésta es la máxima transferencia que el statu quo se puede permitir sin que el sistema se resquebraje. Esperemos que cuele a nivel internacional y que sea suficiente –junto con el resto de reformas pendientes- para recuperar la confianza en nuestro país y para que los alemanes, los suecos y los chinos nos sigan prestando.

Por último, me gustaría recordarle de nuevo al Gobierno que no se olvide de la urgente y necesaria reforma de las SOCIMI para transformarlas en verdaderos REITs. Si no ofrecemos el vehículo adecuado, no aprovecharemos convenientemente la reforma practicada: hay 100.000 millones esperando a las puertas.

 

Hay qué ver cómo el tiempo –apenas unos meses- va poniendo las cosas en su sitio. En los test de estrés que llevó a cabo la EBA en julio –esos en los que sacó pecho el todavía Gobernador del Banco de España- se planteó un escenario económico adverso que en aquel momento muchos tildaron de apocalíptico:
-    Caída del PIB del 1% en 2011 y del 1,1% en 2012.
-    Caída acumulada del precio de la vivienda de hasta un 34,2% en vivienda y hasta un 62,5% en suelo para 2012.
-    Aumento de la morosidad al doble (100%)
-    Aumento del desempleo hasta el 22% en 2012.

Lo cierto es que hoy lo firmaríamos. La vivienda ya ha caído cerca de un 40% y nadie a estas alturas duda de que vaya a caer más. El desempleo ya ha superado el 22% y puede alcanzar este año porcentajes nunca vistos antes y, en fin, la morosidad, si no fuera por las continuas refinanciaciones de la banca, rondaría sin duda esa previsión pesimista.

La pregunta que muchos se hacen es si los 50.000 millones de pérdidas latentes que ha señalado De Guindos son suficientes o dejan algo bajo las alfombras. A continuación voy a reproducir el test, a mi entender, más realista al que sometí a las entidades financieras españolas que publiqué en este post que transcribo y matizo:

“El lunes, Juan Fernández-Aceytuno, director general de Sociedad de Tasación, publicó un post muy interesante en Expansión. En él se explica cómo se calcula la pérdida esperada: “si un inversor tiene 1.000 préstamos hipotecarios de 250.000 euros cada uno, con una probabilidad de impago del 5% y con una caída media del valor de la vivienda más gastos de recuperación de un 40%, la severidad de la pérdida sería del 2% (multiplicación de un 5% por un 40%) y la pérdida esperada por tanto ascendería a 5 millones euros, de un total de 250 millones de euros que tiene de valor la cartera…”. Usaremos, pues, el método para calcular grosso modo el estrés inmobiliario.”

Es importante leer este párrafo antes de empezar a hacer cálculos, pues hay mucha confusión sobre qué es o debe considerarse pérdida.

Empecemos por promotores: la tasa de mora actual es de alrededor del 15%. En el caso adverso, según me han informado, la tasa que se ha aplicado es del 41% (francamente elevada). Suponiendo que la EBA ha asumido una caída de precios del 50% (dado el peso del suelo en la cartera de los promotores), la pérdida total esperada es de 71.750 millones. Según la EBA, son 66.000 millones, así que mis números gruesos se aproximan bastante.”

Como explico en el primer párrafo, el escenario adverso del test suponía utilizar una mora al doble de la vigente en aquel momento. Como en aquel momento era del 15%, lo lógico hubiera sido que la EBA utilizara el 30%. Alguien me dijo que probablemente se usaba una tasa superior por los gastos de recuperación. Pero el 41% cubre con creces esos gastos. Hoy día, y visto el rapidísimo crecimiento de la mora en promotores, que en seis meses ha alcanzado de media el 19% (el 25%, reconoció Banesto la semana pasada), me parece una asunción muy creíble. Al no disponer de mayor información sobre la composición de los activos (vivienda y suelo) de la banca, por intuición pensé que un 50% de caída media de la cartera reflejaría bien el criterio de la EBA. Por último, asumí que el crédito promotor vivo en ese momento era de 350.000 millones de euros. Por tanto, 350.000 * (41% * 50%) = 71.750 millones de pérdida. Una cifra bruta no muy lejana de la calculada por la EBA (66.000) con lo que pienso que mis asunciones no distaban mucho de las oficiales.

Sigamos por hipotecas: la tasa de mora es del entorno del 2,5%. Doblémosla (5%) y apliquémosla asumiendo una caída de precios del 34%. Me salen 11.400 millones, mientras que a la EBA 13.500, probablemente debido al uso de números gruesos”

De aquí poco que decir. La diferencia entre la EBA y mi cálculo probablemente responde a los mencionados gastos de recuperación. Asumí que el saldo vivo hipotecario de las familias era de 670.000 millones de euros. Así pues, 670.000 * (5% * 34%) = 11.400 millones de pérdida.

Promotores
¿Os parece correcto asumir, para suelo, una bajada total desde máximos de un 62,5%? De esto algo sé, y os puedo decir lo siguiente: los suelos urbanizables valen hoy apenas el 10% de lo que valían en el boom. Respecto de los suelos urbanos o finalistas, las bajadas pueden ir desde un 25-50% en grandes ciudades y zonas urbanas hasta un 50-70% en costa o urbanizaciones periféricas. No dispongo de datos acerca de cuál es el peso de cada tipo de suelo en los balances de los bancos, aunque dada la apetencia de los promotores por los nuevos desarrollos en los últimos tiempos del boom, me inclino a pensar que la parte de urbanizables es importante, por lo que un descuento del 62,5% se me antoja escaso. Me sentiría más cómodo en el entorno del 70-75%.

¿Y una  mora del 41%? Francamente es elevada. ¿Lo suficiente como para cubrir las “ayudas” que graciosamente han sido concedidas a la banca? A saber: 1) prórroga del sistema de valoración de los suelos urbanizables según la Ley del Suelo de Aznar (que precisamente termina a finales de año) sin la cual éstos deberían ya valorarse como rústicos; 2) modificación de la Ley de Sociedades Anónimas (art. 260) que de facto evita la quiebra y disolución de las promotoras inmobiliarias. Puede que sí, puede que no. Lo que está claro es que un verdadero test de estrés debería contemplar un escenario en el que las leyes se aplicaran sin excepciones.

En cualquier caso, sin tocar la mora, y subiendo la pérdida del suelo hasta el 75% nos iríamos hasta 107.600 millones, es decir, 36.000 más que ahora.”

Aquí quizá me pasé aplicando el 75%, pues no tuve en cuenta que de la cartera de préstamos de promotores una buena parte se corresponden con viviendas, ya sean terminadas o en fase de construcción. Ahora bien, habida cuenta de la rápida subida de la morosidad en los últimos meses así como el hecho de que tanto la Ley de Sociedades de Capital (heredera de la LSA) y el método de valoración de suelos siguen “trucados”, me parece razonable seguir asumiendo esa cifra de 36.000 millones de euros no aflorados por el Gobernador.

Hipotecas familias
¿Una bajada de precios del 34,2% en los precios de la vivienda, es creíble? Mucho me temo que no. Y todavía menos para 2012. Si Promora, agencia especializada de la Moraleja (urbanización lujosa de Madrid), dice que los precios han bajado en la zona entre el 30-40%; si en Serrano la única promoción de obra nueva que había en 2007 tuvo que bajar el precio un tercio y así poder liquidar en 2009, está claro que los precios reales han bajado, de media en todo el país, más cerca del 50% que del 30%. Y todos los que estamos en esto sabemos que es así. ¿Que las viviendas de los bancos se venden por menos descuento? Sí, claro, con financiaciones del 110% y spreads de “cero coma” yo también vendo.

¿Y una mora del 5%? Bajo mi punto de vista, no recoge en absoluto los riesgos y amenazas que están acechando. ¿Por qué? De entrada, si tiene algún amigo director de banco, hágale la siguiente pregunta: ¿por cada uno que entra en mora, cuántos tienes en puertas? Yo lo he hecho, y la respuesta es desoladora: entre 10 y 20. Si esto fuera algo pasajero (un año o dos) pues la sangre no llegaría al río pero, claro, llevamos cuatro años de crisis y dos más como mínimo no nos los quita nadie. Y ante esta situación hay tres amenazas muy claras:
1)      agotamiento de ahorros/ayudas (desempleo/menos ingresos larga duración). Los millones de familias con al menos un parado están llegando al límite. Los arreglos y apaños con el banco, o las ayudas de los parientes/amigos no son eternas, máxime cuando éstos tampoco van sobrados.
2)       Subidas de tipos. Un test de estrés adverso a dos años vista debe recoger las consecuencias de la potencial subida del euribor en las cuotas hipotecarias en familias con ingresos menguantes e impuestos, luz, gas, petróleo, etc., crecientes.
3)      Presión social. Que puede desembocar en la aprobación por los gobiernos de medidas populistas que incentiven la mora, siendo su máxima expresión la dación en pago.

Así las cosas, ¿cuál sería una tasa de mora hipotecaria razonable para cubrir un escenario adverso de aquí a dos años? Sinceramente no lo sé, pues se puede argumentar hacia uno u otro lado. ¿Cinco veces la actual está bien? Eso daría un 10%. Probemos a ver qué pasa.

Por tanto, con mora del 10% y descuento del 50%, la pérdida esperada alcanzaría 33.500 millones de euros, 20.000 más que en la actualidad.”

Me mantengo en lo que dije en julio. Es cierto que algunas amenazas ahora no lo son tanto, como los tipos de interés al alza. Sin embargo, el desempleo crece más rápido que nunca. Además, las subidas de impuestos y de todo tipo de tarifas están constriñendo la capacidad de pago de las familias.

Concluyendo, 56.000 millones de euros más.

En aquel entonces, el stress máximo, que fue superado, implicaba unas pérdidas a provisionar de 80.000 millones en total. Según he leído en Expansión en las últimas semanas, las provisiones actualmente alcanzan los 105.000 millones de euros. Pero, claro, también han pasado muchas cosas desde entonces, como aportaciones del FROB, la CAM, el Banco de Valencia, el vaciamiento del Fondo de Garantía de Depósitos, etc.

Si a los 105.000 millones provisionados aplicamos los 50.000 de De Guindos alcanzamos 155.000, lo que supondría valorar el ladrillazo en aproximadamente un 15% del PIB. Suena bien.

 

La suerte debería acompañar a los hombres audaces, que no temerarios. Audaz y valiente es la intención de Luis de Guindos para desatascar el empacho inmobiliario de la banca. Llevo diciendo años que el principal problema de España se llama “banca” (entiéndase por tal el sistema financiero en su conjunto, que hay mucho suspicaz).

Se ha hablado y criticado mucho en los últimos tiempos el concepto de banco malo –yo el primero- pues no es de recibo que sean los ciudadanos en su conjunto, eso que llamamos Estado, quien apechugue con las pérdidas en que han incurrido ciertas empresas privadas, llámense bancos, cajas de ahorro o videoclubs. Es más, si llegara el caso –que espero que no-, esto no podría salirles gratis ni a los gestores –que deberían responder penalmente por sus comportamientos y decisiones-  ni a los dueños –cuya participación debería quedar diluida- de esas empresas.

Sin embargo, hay algo que quizá pasa desapercibido en el fragor de la batalla diaria, y es que el banco malo, el peor banco posible, es el que tenemos ahora.

En mi blog he criticado, en ocasiones ferozmente, al gobernador MAFO, a los representantes de la banca (Miguel Martín de la AEB, Santos González de la AHE), a los banqueros más sonados y representativos y, por supuesto, al Gobierno socialista, en especial a Elena Salgado, pero también a Solbes, Blanco y Zapatero. Me resulta intolerable que no se hayan atrevido a coger el toro por los cuernos desde el primer minuto. Me resulta inaudito que pensaran que esta crisis financiera tenía una cura similar a la de los primeros años noventa: Ni por las dimensiones del problema –endeudamiento de familias y empresas de 0,7 veces el PIB en 1990, y de 1,8 veces en 2008*-; ni por la (ausencia) de política monetaria, ergo de la posibilidad de devaluar y así tramposamente abaratar todos los activos existentes dentro del territorio nacional. La gente tiene la idea de que, hasta esta crisis, la vivienda no había bajado nunca. Falso de toda falsedad si descontamos la inflación y las varias devaluaciones que González aplicó a nuestra añorada peseta.

¿Cuál ha sido la estrategia que se ha seguido desde 2008 hasta hoy? La inacción. Así lo describen los reputados chicos de Nada es Gratis en el libro homónimo que publicaron hace tres meses. MAFO y compañía esperaban que el tiempo lo curara todo, cuando no hacía sino agravar el problema, por dos razones: Por un lado, y dado que la banca española tiene una terrible dependencia de la financiación exterior mayorista (los depósitos de los españoles no cubren ni de lejos los préstamos concedidos), cualquier crisis de liquidez es letal para nuestras entidades (como estamos viendo repetidamente y en especial desde mayo de 2010). Por otro lado, porque la refinanciación de los préstamos impagables de las promotoras zombis hace que crezcan exponencialmente con lo que un problema manejable deviene con el tiempo en inmanejable.

Y cuando vieron que en efecto la situación había encallado y se estaba agravando, pensaron que con una oleada de fusiones se calmaría la fiera. Para esto partían de una premisa: “El sistema financiero en su conjunto está bien. Pero hay alguna entidad malita. Así que basta con que las sanas deglutan las enfermas y todo habrá pasado.” La premisa era falsa. Porque el conjunto del sistema no estaba ni está bien. Está muy tocado. Lo que había y hay son entidades moribundas, entidades muy enfermas, y entidades tocadas. El proceso de fusiones fue un desastre. Primero, porque no supuso reconocer la calidad de los activos (las pérdidas ocultas). Segundo, porque se elevó el riesgo sistémico, por el proceso de concentración. Tercero, porque los gestores del desastre seguían siendo los gestores de las fusionadas. Cuarto, porque las taifas y el cálculo político impusieron unas fusiones absolutamente descabelladas.

MAFO, Salgado y Zapatero –tal vez mal e interesadamente asesorados por algún banquero- han llevado a nuestro sistema financiero al borde del precipicio. Han convertido un sistema ejemplar en el más contaminado y sospechoso de Occidente, que ya es decir. Pero eso no es lo peor.

Lo peor es el daño que han infringido a la sociedad española. Un daño económico incalculable que ha derivado en otros perjuicios de mayor enjundia. No puedo entender como estos tipos se han ido con medallas al cuello en lugar de sogas -entiéndanme, es una manera de hablar-. MAFO, Salgado y Zapatero han propiciado el mayor saqueo de la historia reciente de España; han puesto por encima del bien común una determinada manera de “sanar” la banca que a la postre ni siquiera para eso ha servido.

Sean conscientes de lo que ha pasado: durante 2008, 2009, 2010 y 2011 –esperemos que esto se frene ya- estos señores han permitido que la banca fuera saneando sus balances poco a poco y lentamente a costa del estrangulamiento financiero del país, con cientos miles de víctimas directas por el camino –autónomos y desempleados- y prácticamente cuarenta y siete millones de víctimas indirectas. Para tal propósito, además, no se les ha puesto nada por delante. Les han modificado leyes -¿lo han hecho para los desahuciados, por ejemplo?-, les han facilitado avales, les han propiciado otras formas de obtener ingresos, les han aportado dinero público, han consentido acuerdos que no pasarían las reglas básicas de la libre competencia, etc., sin ni siquiera tener la vergüenza torera de obligarles a recapitalizarse con los beneficios obtenidos cada año. Descaradamente, el desvalijamiento de España ha servido para soltar jugosos dividendos a los accionistas –los dueños- de estas entidades que sólo se sostienen porque el Estado las avala.  En definitiva, han esquilmado al país, han empobrecido a todas las capas sociales, han abortado los incipientes sueños de los jóvenes.

Y todo esto, ¿para qué? Para nada. Fíjense en un detalle que ha pasado prácticamente inadvertido. Una gran empresa como FCC que, como todas las grandes del país, hasta ahora no había tenido problemas de financiación –siempre ha habido clases- se ha visto obligada a deshacerse de la joya de la corona –Torre Picasso- ¿fruto de su estrategia de rotación de activos? No nos engañemos. Fruto del ahogo financiero. Es un síntoma clarísimo del desmoronamiento del sistema financiero.

Así las cosas, en España tenemos dos opciones: la opción A es seguir con la estrategia del avestruz: nos sentamos a ver la tele esperando la llegada de la Parca. La opción B es hacer lo que esté en nuestras manos. Darle la vuelta a la tortilla. Tratar de convertir las debilidades en fortalezas y las crisis en oportunidades. Es la hora de los hombres valientes.

*Cuando Aznar cedió la Moncloa a Zapatero el ratio era de 1 vez el PIB. Éste último prácticamente lo dobló (1,8 en 2008). Lo digo a efectos de aquellos que culpan del desastre en exclusiva al Gobierno popular o de los que venden que los socialistas quisieron cambiar el modelo productivo.









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