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Mensajes etiquetados Mariano Rajoy

 

 Gracias Don Mariano. Lamento que no tuviera ayer la valentía de despedirse en persona aunque, todo sea dicho, es de agradecer que nos mandara Ud. a su trío Karanka en lugar de la distante e impersonal plasma. Apenas año y medio, atesorando en su persona la mayor cuota de poder político desde que en España hay democracia, han bastado para arruinar la expectativa de que es capaz de darle la vuelta a la situación. No es reprochable. Una tarde ya lejana de marzo se dejó birlar la jugosa herencia que le habían puesto en las manos y que sin duda hubiera sabido administrar decentemente. Sin embargo, las crisis no son su fuerte, como se puso de manifiesto no sólo en aquellos infaustos días de marzo sino ya algunos meses antes cuando los hilillos de plastilina invadían su patria chica. La confirmación definitiva, no obstante, llegó con el incidente de helicóptero en Móstoles. Gracias al video todos tuvimos ocasión de comprobar la respuesta ante las adversidades de los accidentados.

Entre 2008 y 2009 cientos de miles de ciudadanos nos quedamos sin trabajo. No me refiero al contrato o al puesto de trabajo en sí, sino al puro contenido. Casi de un día para otro un sector completo de actividad -que contribuía al PIB en cifras de dos dígitos- desapareció del mapa. Arrasado. Mientras tanto, el resto de España seguía casi como si tal cosa. Apenas algún medio –básicamente algunos programas económicos de Radio Intereconomía y el entorno de Libertad Digital- se hacía eco de lo que estaba pasando y de lo que nos venía encima. Así las cosas, los silentes, anónimos e ignorados damnificados intentábamos buscarnos la vida como fuera. Sin mareas, sin escraches, sin derechos que reclamar, sin señalar culpables de nuestro destino. A mí me dio por escribir, por contar lo que había pasado en el sector. Tuve la fortuna de que a una editorial, modesta pero bien distribuida, le interesó mi historia. Encontré un contenido para mi nueva vida –escasa de ingresos, eso sí- que me ha entretenido y divertido durante estos años.

Nos cansábamos de criticar, cargados de razones y argumentos, a Zapatero, a Calamity Helen, a MAFO, a las Pajines y a los Pepiños, y esperábamos como agua de mayo nuevas elecciones que pusieran al frente del país a gente, no sé si más o menos decente, pero sí más preparada. La hoja de servicios del ejecutivo Aznar los avalaba. Y por fin llegó el gran día. Y no pasó nada. Un bonito discurso en Génova, y varios meses de silencio. “No es buena la precipitación, estará haciéndose con la situación y luego ya tomará las medidas que corresponda”.

Visto con distancia quizá hubiera sido mejor así: inacción total. Pero aguardaba un gran regalo para el nuevo año. Una subida brutal de impuestos. La siguiente andanada, el rescate financiero de las cajas de ahorros gestionadas por políticos, con nuestros impuestos. Para colmo, el rescate se quedó a medias, dejando el trabajo a medio hacer, que es lo mismo que no hacerlo pues, el supuesto efecto benéfico de la intervención –el saneamiento bancario, la vuelta de la confianza, la posibilidad de financiar ideas solventes y personas capaces- no se produjo. Y ¿después? La nada. O si acaso paulatinos aplastamientos de la libertad como, a nivel tributario, ya expliqué en este post.

En el resto de órdenes, más de lo mismo. Decepción y asunción a beneficio de inventario de la herencia del anterior Presidente: manteniendo la Educación para la Ciudadanía, avalando la negociación con los terroristas vascos, practicando el dontacredismo con el órdago catalanista, renunciando a la reforma educativa a la primera dificultad, dilatando una y otra vez la reforma del aborto,… siempre a la defensiva y dejando la iniciativa política a sus oponentes. Ni siquiera nos ha dado el gusto de poder echarnos un cigarro en un lugar a cubierto, aun con las precauciones y limitaciones que tuviera a bien requerir.

Y por fin ayer, 26 de abril. Muchas esperanzas puestas en el Plan Nacional de Reformas. “Seguro que por fin coge el toro por los cuernos”, dicen unos; “Es su última oportunidad”, piensan otros.

Le ha tocado una época difícil, Sr. Rajoy. Ni se lo reprocho ni le tengo rencor. Sólo le pido una cosa: no demore su salida. Ud. tiene la vida arreglada. Es registrador, una profesión muy bien pagada, y como expresidente seguro que le corresponderá una estupenda pensión vitalicia. Deje hueco a personas sin mácula dentro de su partido que, buena o mala, tengan una visión. Una idea de España que nos ilusione y nos haga creer en el futuro. Su idea no tiene que contentar a todos, basta con que crean en ella. Su confianza será nuestra confianza.

No nos condene a dos años y medio más de lenta agonía, cuando ya de antemano ha renunciado a poner el país en orden. Cuando se tira la toalla, hay que desalojar el ring. Dese prisa por una vez en su vida.

 

Dicen que, a diferencia de sus predecesores, Rajoy abomina de saraos e incluso de modestas cenas en la Moncloa. No es hombre de confidencias ni de intimidades con los ajenos a su trabajo del día a día, lo que exaspera a directores de medios de comunicación y a oligarcas más o menos bien avenidos con el poder. Puede que Rajoy, por eso, malinterprete la dureza con que su gobierno es tratado por casi todos, propios y extraños. Puede que Rajoy, ensimismado y a cubierto tras pantallas de plasma, piense que su carácter hogareño, reservado, casi misántropo, sea el mayor hándicap con el que se enfrenta. Y, ciertamente, él –y, por extensión, el PP- tiene un grave problema de comunicación. De alguna manera es incapaz de vender los aciertos –pocos, en honor a la verdad- que a lo largo de la legislatura está teniendo. En muchas ocasiones, ni siquiera es capaz de convertirlos en materia noticiable. Falta sin duda, inteligentzia monclovita o genovesa que rastrille los BOEs y las notas de prensa de los ministerios para detectar productos vendibles para, después, comercializarlos debidamente entre su tupida red de afiliados y afines. Y también para armar contraargumentos con que batir los de los oponentes. ¿Dónde está la materia gris del PP?

Pero este no es el verdadero problema de España, ni siquiera el de Rajoy.

Por otro lado, tengo la convicción de que en las reuniones que mantenga con sus colaboradores más íntimos se quejará amargamente de cómo una buena parte de sus votantes le ha dado la espalda y, probablemente, cargará de culpas por ello a medios de comunicación tradicionalmente afines que día a día desvelan las corruptelas, incongruencias y contrasentidos de su partido, de sus políticas y, cómo no, de otras instituciones del Estado que hasta antes de ayer parecían el sólido respaldo de la unidad de la nación.

Los ciudadanos de corte liberal, los conservadores y los que –todavía- creen en España como país, -que son el grueso de los que votan al PP- saben perfectamente distinguir los brutales ataques que desde la izquierda pretenden desmoronar el régimen actual para sustituirlo por otro ambientado en las pesadillas orwellianas que sufrimos a principios de siglo pasado, de la incoherencia, de la tibieza, del acomplejamiento, de la ingratitud a que han sido sometidos por este, su gobierno. No hay más que darse una vuelta por las últimas encuestas de opinión para corroborarlo. Muchos de estos ciudadanos han encontrado cálido refugio en opciones vigentes que recogen una buena parte de sus aspiraciones: buenas dosis de patriotismo, y cierto liberalismo económico. Mientras tanto, aquellos en los que pesa más la vertiente conservadora siguen fieles a su pesar a las siglas a la espera de que una opción creíble les dé la cobertura que ansían.

La izquierda, ya desde antes del anunciado hundimiento del PSOE en la pasada legislatura, está lanzando anzuelos a la población para provocar un ambiente prerrevolucionario que dé alas a sus aspiraciones. De momento, sus intentos se cuentan por fracasos: Primero fue el 15-M, que se desmoronó el día que mostró su cara más amarga aterrorizando a los inofensivos jóvenes que tomaron Madrid en la JMJ. Luego, las Mareas de todos los colores que, surgidas por los pellizquitos de monja que el gobierno ha propiciado a determinadas castas, apenas hacen pestañear al grueso de parados que llevan años castigados en el rincón de los necios con orejas de burro del aula nacional. Entre medias, las andanzas del bandolero de Marinaleda que, como cabía esperar, apenas tuvieron imitadores. Más recientemente el ‘barcenazo’… el ‘barcenazo’ es real, y todos lo sabemos, no tanto por los papeles de El País, que puede que estén manipulados, como por la carita de cordero degollado que se les puso a los mandamases del partido ante la primerísima información de El Mundo. Y por fin, la Pah.

La Pah no es nueva. Ya en 2010, en uno de mis primeros posts, hice referencia a esta asociación que, por aquel entonces, aparentaba ser –y probablemente lo era, excepción hecha de su núcleo fundador- un grupo de personas que compartía la desgracia de perder su casa por no poderla pagar. Y no sólo eso. Para muchos de ellos significaba también cargar con una deuda prácticamente impagable para el resto de sus días. En algún momento los afectados, ante su desesperación, decidieron vender su alma al diablo, ¿qué más podían perder? Como dice María Blanco, “da la sensación de que alguien está manipulando a alguien”. Ada Colau es miembro de un grupo antisistema que se llama “La Haine”, que en español significa “El Odio”. Bastante descriptivo. En la web de ese mismo nombre se felicitan por lo que ha conseguido la Pah: que “las masas cuestionen el pilar del capitalismo: la propiedad privada”.

Quién sabe si este será el anzuelo que piquen definitivamente las masas. De lo que no cabe duda es de que se trata de un buen anzuelo, que toca la fibra sensible de cualquiera. Pero no importa. Si no es la Pah, será otra cosa. Sí. En algún momento conseguirán encender la chispa que con tanto ahínco están intentando prender. Y entonces, ¿qué será de Rajoy? ¿Y del PP? ¿Y del Estado de Derecho?

Quizá para hacerse perdonar, quizá porque su carácter le lleva a evitar conflictos, quizá porque es esa su convicción, Rajoy ha desarrollado una política en todos los órdenes que tan solo se diferencia de la que hubiera desplegado Rubalcaba en el extraño e inexplicable ataque “neo-yogur-liberal” de Arias-Cañete. (Con ocasión del fallecimiento de Margaret Thatcher, estos días alguien recordaba que, preguntada en 2002 cuál había sido su mayor logro, ella respondió sonriendo maliciosamente: “Tony Blair”. A buen seguro Zapatero podría responder “Rajoy” ante la misma cuestión).  No voy a detenerme en enumerar la totalidad de agravios a sus bases, baste recordar los más flagrantes en cada caso: las brutales subidas de impuestos, a los liberales; la deriva del PP “pop”, a los unionistas; el mantenimiento del exterminio indiscriminado de los nasciturus, a los conservadores.

Sin principios, sin programa, sin coherencia, sin objetivos, sin plan, antes o después la chispa saltará. Antes o después se verá contra las cuerdas y entonces, ¿a quién recurrirá? ¿Encontrará el apoyo de sus bases? Decididamente no. Nadie se reconoce en él. Si a Jesús Pedro le negó tres veces, a Rajoy le negarán treinta y tres veces tres.

España S.A. es un proyecto arruinado políticamente. Por un lado, se apoya en una Constitución profundamente intervencionista y planificadora, amén de favorecer el separatismo; por otro lado, en una Monarquía de la que fundadamente dudamos si está para servir o para servirse; por último, en un sistema partitocrático que no sólo abomina de la democracia interna y del contacto con el ciudadano sino que ha eliminado de facto la separación de poderes pervertiendo y contaminando el judicial ad nauseam.

España S.A. es un proyecto arruinado económicamente. Los números no salen. Un país no puede gastar indefinidamente ochenta o noventa mil millones de euros más al año de los que produce. El Estado del Bienestar, el bienestar del Estado, y el Estado de las autonomías son carísimos e incompatibles. El colapso está a la vuelta de la esquina, y el esfuerzo de ganar tiempo es tan caro y patético como el que han procurado muchos de nuestros “señores del ladrillo” para mantener artificialmente sus empresas a flote. Esfuerzo que, al igual que ha sucedido en las promotoras zombis, sólo beneficia a los que ocupan los puestos de mando.

Es tiempo de decisiones duras, de decisiones difíciles. Es tiempo de personas con las ideas claras y el coraje de llevarlas a la práctica. Es tiempo de cambio.

 

Que Mariano Rajoy, con la imposición del Collar de la Orden de Isabel la Católica en su primer BOE, haya aceptado la herencia de Rodríguez Zapatero a beneficio de inventario no elude a éste último de sus responsabilidades ni le exime, por tanto, de la condena de la Historia –y, quien sabe, si de la de alguna otra instancia más terrenal e inmediata-.

Ayer por la tarde se ha sabido que, en lo que es uno de los principales agravios que ha sufrido España en lo que llevamos de crisis, la República de Irlanda ha obtenido una importante victoria en sus negociaciones con la UE al conseguir que Hollande y Merkel apoyen, como cosa excepcional, la recapitalización directa de sus bancos.

España lleva luchando por obtener este mismo tratamiento desde que, hace unos meses, fuimos forzados a solicitar un rescate financiero –que, a priori, va a suponer la friolera de 40.000 millones de euros-.

Pero, antes de seguir, ¿por qué es tan importante esto de la “recapitalización directa”? Tendría tres efectos importantísimos: el primero, es que la deuda necesaria para recapitalizar la banca no computaría como deuda pública española, aligerando la enorme losa de las cuentas públicas –lo cual, si no evitaría, al menos retrasaría nuestro quinielado default-. El segundo, que la carga recaería sobre el conjunto de los ciudadanos de la UE y no sólo sobre las del exhausto contribuyente español. Y tercero (quizá el más importante), se rompería la peligrosísima dinámica de préstamos cruzados entre la banca nacional y el Estado –un círculo vicioso letal-.

En España, a pesar de que los verdaderos protas de la UE no se habían pronunciado en tal sentido, sin embargo nos habíamos hecho ilusiones por algunas declaraciones –mero wishful thinking- de excelsos prebostes de incuestionable tarjeta de presentación VIP pero que, a la postre, no son más que meros figurantes de la escena bruselense. Así, la famosa carta –que atormenta a un atribulado Miquel Roig como se puede advertir en su magnífico blog-  publicada en la web del ministerio de economía finés y firmada por el país anfitrión, Alemania y Holanda dejaba claro y meridiano que el MEDE no iba a asumir las pérdidas del saneamiento de la banca española.

Y se preguntarán, ¿qué ha pasado para que Irlanda sí sea meritoria de la asistencia de sus socios? La ausencia de dolo, de mala fe. Así lo explicaba François Hollande ayer mismo: “la especificidad irlandesa es el calendario”. “En ese país los bancos fueron recapitalizados hace meses, antes de que existiera el MEDE y el mecanismo del BCE, lo que obligó a Dublín a llevar a cabo este proceso a costa de sus presupuestos”.

 

¿Y España? ¿Ha engañado? ¿Cuáles son las diferencias?

Irlanda fue honesta, y humilde, desde un principio. En cuanto surgieron dudas acerca de su sistema financiero, acudió con el séptimo de caballería al rescate de la banca. Y resultó que la banca tenía un agujero que succionó sin compasión todo el crédito de la República. Así las cosas, Irlanda fue arrastrada al precipicio con lo que no le quedó otra que solicitar un rescate a Europa. Hablamos de la prehistoria de la crisis, cuando aún no había mecanismos de rescate, y realmente se pensaba que era más bien un asunto americano (subprimes) con algunos –pocos- daños colaterales.

Posteriormente Irlanda –el pueblo irlandés- ha mostrado una gran serenidad durante todos estos años. Entonaron el mea culpa, y nadie recuerda manifestaciones violentas ni acampadas en Dublín. Resignada, pero responsablemente, se ha tragado su crisis. Si acaso beligerantes, lo fueron donde el sentido común lo hacía necesario: el mantenimiento, frente a las “recomendaciones” de la troika, de su bajísimo impuesto de sociedades, razón por la cual la mayoría de empresas de los Estados Unidos –y no sólo de allí- radican en Eire su sede europea. O sea, más ingresos y más empleo.

Mientras todos hacían sus deberes (recordemos que incluso Alemania, Holanda y Reino Unido recapitalizaron entidades), aquí –y perdonen el tópico- teníamos el sistema financiero más sólido del mundo. Se implantó la filosofía del pretend & extend que no sólo consistió en impedir el pinchazo de la burbuja crediticia y financiera en los balances bancarios, y en promover fusiones ruinosas: el Estado gastó a razón de unos 100.000 millones de euros anuales por encima de lo que ingresaba. Así, si al comienzo de la crisis nuestra deuda estaba en el entorno del 36% del PIB, a final de 2011 había superado el 70%… ¡y sin haber empezado el doloroso proceso de recapitalización!

De hecho, cuando el nuevo Gobierno tomó posesión, tampoco se atrevió a acometer el saneamiento que realmente hubiera hecho falta, sino que se conformó con una Reforma Financiera (la primera) ambiciosa, pero limitada a lo que el propio establishment se podía permitir. Una reforma que quizá hubiera bastado en 2008 o 2009, pero no a principios de 2012, con una economía en plena descomposición. Inversores, agencias de calificación y, finalmente, Europa, se dieron cuenta de que era insuficiente y exigieron dotar provisiones por pérdidas mayores, y someter los balances de la banca a un análisis independiente y externo –manifestando así el terrible descrédito sufrido por el Banco de España bajo las órdenes de Fernández Ordóñez y la tutela de Rodríguez Zapatero-.

 

Concluyendo:

1)      España reconoció tarde sus problemas

2)      los reconoció a medias

3)      hasta el punto de ser forzada a hacer una valoración independiente

4)      gastó su crédito en absurdas políticas keynesianas en lugar de usarlo, en el momento adecuado, para recomponer su sistema financiero

5)      se mantiene orgullosa y no quiere reconocer que es el Estado en su conjunto el que requiere rescate.

Estas y no otras son las razones de la “excepcionalidad” irlandesa.

 

Dedicado a mis queridos @godivaciones y @miquelroig

 

España mete miedo. Primas de riesgo de 450 puntos precipitaron la intervención de los demás pigs. Ahora, cerca de los 500, hasta los alemanes se hacen los longuis… ¿Qué nos espera? Vivimos rodeados de incertidumbre: si los griegos salen del euro…; si la socialdemocracia desplaza a Merkel del poder…; si pincha algún BRIC…; si Hollande prepara una “French revolution”…; si nos invaden los alienígenas, que tan bien le vendría a Krugman para confirmar su habilidades adivinatorias… Quién sabe. De lo que no cabe duda es de que “los mercaos” han aprovechado la bisoñez del nuevo Gobierno –¿cabía otra opción?- para colarnos el caramelo envenenado del LTRO en virtud del cual los fondos soberanos y bancos extranjeros han abandonado en masa la deuda pública española para endosársela a la banca patria, como critica con dureza Sala i Martín en su último pensamiento aleatorio.

Si bien es cierto que el Gobierno ha cometido numerosas torpezas y nos ha transmitido inseguridad, en honor a la verdad hay que reconocer que no es fácil hacerse con los mandos del Titanic a dos minutos de chocar con el iceberg –o quizá un buen rato después de haber chocado-. Lamentarse o recordar lo que se pudo haber hecho en 2009 o 2010 ya no tiene sentido. Todos hemos contribuido de una manera de otra al desastre, pero no todos tienen la misma responsabilidad. Los que gobiernan y regulan nuestras relaciones económicas asumen un plus. Y no sólo estoy pensando en los políticos con mando en plaza, sino también en instituciones y organismos como el Banco de España o la CNMV -que han perdido todo su prestigio y credibilidad- y, por qué no, en las entidades que hemos dado en llamar “sistémicas”. Cuando uno se sabe sistémico, cuando una empresa o entidad financiera tiene la certeza de que, llegado el caso, el Estado se postrará a sus pies, sus gobernantes contraen una responsabilidad extraordinaria con la sociedad que les da cobijo. Empresas como Repsol, que son capaces de movilizar al Cuerpo Diplomático para defender sus intereses en Ultramar ; entidades como Bankia, que terminan siendo recapitalizadas con el dinero de nuestros impuestos; sociedades como OHL, Indra o ACS, que son capaces de poner al Rey mirando a La Meca para conseguir un contrato ferroviario.

Si había algo que me repateaba de Zapatero era su fe ciega en Emilio Botín. Los políticos españoles, por lo general ajenos al mundo empresarial y ayunos de formación económica, tienden a echarse en brazos del los tiburones más avezados, confiados en que, “como saben mucho de economía”, hay que hacerles caso. Sinceramente pensaba que con el PP no pasarían estas cosas. ¡Qué ingenuo! Resulta que según el relato de personas bien informadas como Jesús Cacho o Roberto Centeno nos hemos enterado de que al parecer el último Consejo de Ministros lo diseñaron los patrones de la gran banca. España está enferma, muy enferma, y no sólo económicamente.

Más allá del sempiterno capitalismo crony, las incoherencias ideológicas y programáticas, los fallos de comunicación, y las especulaciones políticas varias –como las elecciones andaluzas-, es innegable que el Gobierno ha hecho los deberes que le han impuesto desde Bruselas. Decía bien ayer De Guindos que “España ha hecho todo lo que está en su mano”. Y es verdad que en cuatro meses el Gobierno actual ha tomado más y mejores decisiones en el orden económico que el anterior en siete años. No parece justo que la paciencia que se tuvo para con Zapatero no se extienda ahora para un equipo mucho mejor preparado y dispuesto. Pero así es la vida: el Schettino de León no soltó los mandos hasta confirmar el impacto. A Rajoy le han pasado la patata cuando más caliente estaba y no la puede o no sabe soltar de las manos, salvo cuando la comparte por unos instantes con algún virrey de la taifa autonómica.

 

Sobre la reforma financiera del viernes y otras cuestiones relativas a la vivienda, y dado que ya han sido profusamente analizadas en diversos medios, me limito a hacer las siguientes observaciones:

-         La reforma llega “tarde, mal y a rastras”. Coincido plenamente con el Presidente. Si la ‘Reforma Financiera I’ fue la mayor reforma que el sistema financiero podía asumir sin quebrar, la RF II es la mayor que el Estado puede soportar sin acudir a la ayuda directa exterior ergo la intervención.

-         La reforma, que hace dos años pudo haber valido, -y que sin duda es meritoria- hoy día es insuficiente. No contempla los riesgos de la deuda corporativa, de la mora hipotecaria o de la deuda soberana.

-         Si de verdad se quiere provocar un efecto de bajada de precios y la consiguiente reactivación de las ventas, consentir que las entidades vayan provisionando poco a poco durante los próximos siete o diecinueve meses (según los casos) es contraproducente: exijan la provisión de manera inmediata, y luego den el plazo que sea para ir dotando esa provisión. El goteo genera la sensación en el mercado de que los precios no terminan de caer, y se cae en un círculo vicioso.

-         El Gobierno, bajo mi punto de vista, ha equivocado los tiempos: primero debería haber procedido a la evaluación independiente de las carteras crediticias, para después haber exigido las provisiones oportunas. Hacerlo al revés le pone en un brete si, como es previsible, los resultados de la auditoría no coinciden con las provisiones preventivas del Gobierno.

-         Admitir la falta de veracidad de los balances bancarios con respecto al ladrillo pone contra las cuerdas cualquier documento contable de la banca y, por extensión, de toda empresa española; y pone al Banco de España y a la CNMV a la altura del más corrupto país tercermundista.

-         La exención del 50% de la plusvalía para adquisiciones de aquí a final de año es una medida audaz e inteligente: puede precipitar el cierre de operaciones de inversión en ladrillo bancario, frenando de alguna manera la caída de los precios.

-         La reforma de la LAU la mejora, pero es una oportunidad perdida. Se debe profundizar en la libertad de pactos y, sobre todo, dotar de seguridad y rapidez procesal frente al moroso, principal escollo para los propietarios (como bien señala en este punto Andrés G. Mendoza).

-         La reforma de las SOCIMI se queda en lo anecdótico y no entra en lo fundamental: equiparar el régimen fiscal a los REIT, es decir, tributación sólo a nivel del partícipe o accionista. Otra oportunidad perdida.

-         Y, sobre todo, el equivocado planteamiento de fondo: no es el Estado –los españoles- quien debe recapitalizar las entidades financieras, sino sus acreedores. No es de recibo que los particulares insolventes sean despojados de sus bienes, en severa aplicación de la ley y del sistema de responsabilidades, al tiempo que las entidades financieras insolventes son rescatadas: en nuestro ámbito familiar todos somos sistémicos.

Para profundizar en esta idea, lean este fantástico artículo de Manuel Llamas que acaba de publicar.

Y dada la fecha en la que estamos, no me quiero olvidar de la actitud sumamente irresponsable de los quinceemeros durante el día de ayer intentando provocar pánico bancario entre la ciudadanía mediante la llamada a cancelar sus cuentas en Bankia. ¿Estos son los que van a salvar la patria? ¿Estos son el futuro? Apañados vamos.









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