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Qué mala debe ser la austeridad que ha conseguido que llevemos tres trimestres con crecimiento negativo o cero ¡sin haber sido aplicada! No se pierdan este editorial de Cinco Días titulado “El insoportable nivel del gasto público”. Explica el diario económico del grupo Prisa que, mientras los ingresos se han desplomado, el gasto público total ha pasado de 413.000 millones en 2007 a 468.000 en 2011. ¿Y en 2012? Pues ayer mismo nos informaba Juan Carlos Barba en este artículo de que el gasto no financiero de la administración central ha crecido un 13,1% hasta marzo.

Terrible, la austeridad.

Y sin embargo, este es el mensaje que ha calado en la sociedad. No cabe duda de que la izquierda es eficacísima en el manejo de los mensajes y de las redes sociales. Da igual que se corresponda o no con la realidad. He ahí Hollande, nuevo paladín del “crecimiento”. Otra palabra expropiada, como “progreso”. Como si el progreso o el crecimiento pertenecieran en exclusiva a una ideología.

Otro ejemplo: si recuerdan, el año pasado por estas fechas tuvo gran éxito el video Españistán. Responsabilizaba de la burbuja a Aznar y, en especial, a la ley del suelo que aprobó en 1998. Como me pareció injusta esa interpretación, dediqué dos posts en este blog al asunto. Hace unas semanas el autor del cómic, el brillante Aleix Saló, ha editado un nuevo vídeo para promocionar su nueva obra: Simiocracia. Sin duda ha gozado de amplio reconocimiento, pero muy lejos del primero. ¿Tendrá que ver con el poco favorecedor retrato que hace de la segunda legislatura socialista? ¿O quizá con que haya descartado, como muñidora de la situación actual, a una hipotética conspiración de capitalistas sin escrúpulos que supuestamente manejan los hilos del mundo?

 

Vayamos ahora al sector inmobiliario. Aunque ha costado, parece que ya se va admitiendo que la burbuja no fue inmobiliaria, sino crediticia. Y que lo que realmente ocurrió es que se vehiculizó hacia las inversiones inmobiliarias. Pero no sólo hacia éstas. De hecho, el IBEX se está encargando últimamente de mostrar, con toda crudeza, que el exceso de deuda aquejó a todo el tejido empresarial del país. Pero, en fin, el mantra que sigue dominando el panorama, tan falso como el de “la vivienda nunca baja”, es el de “la crisis es consecuencia de la burbuja inmobiliaria”.

Otra interpretación equivocada es la que dice que el precio de los inmuebles tiene que bajar muchísimo, tanto como para alcanzar el ratio de 3 –o como mucho 4- años de salario de la unidad familiar (frente a los 6,1 de la actualidad). Este es sin duda un dato importante, un índice a tener en cuenta. Pero no es suficiente. En el año 1995 –que ahora nos resultaría idílico desde un punto de vista inmobiliario- el número de años de renta bruta familiar necesarios para adquirir una casa era de apenas 3,7. Sin embargo, la tasa de esfuerzo financiero suponía el 48,2% de los ingresos familiares. Mientras tanto, en el burbujeante 2005, cuando el precio de la vivienda representaba 7,3 años de renta bruta del hogar, el esfuerzo era de tan sólo el 39,5%. ¿Qué quiere decir esto? Que la financiación importa, y mucho, a la hora de establecer los precios de este mercado. Que la misma familia, con los mismos ingresos, pudiendo dedicar el mismo dinero al mes a pagar la cuota hipotecaria, podrá adquirir un piso de 150.000 euros o de 300.000 euros según sean las facilidades financieras del momento. Y ¿cuáles son las del momento actual? Nadie a fecha de hoy es capaz de responder en dos o tres líneas. ¿Por qué? Porque el sistema financiero sigue sin funcionar. (Por cierto, que la tasa de esfuerzo actual está en el 36,1%; que si bien no es la más baja de la serie histórica, sí que se encuentra muy lejos del techo del  52% de 2008)

En efecto, nuestro sistema financiero no funciona desde 2007. Un sistema en el que la ocultación de la realidad se ha convertido en un arte. Y si no fíjense en la tasa de mora hipotecaria. A mediados de 2007 comenzó una escalada brutal que la llevó desde el 0,5% hasta el 3% en apenas dos años. A partir de ese momento comenzó a bajar hasta el 2,4% y, desde entonces, apenas ha remontado unas décimas hasta el entorno del 2,8%. ¿Cómo se pueden justificar estos datos si el paro no deja de crecer y la economía se deteriora día a día? En Irlanda, con una tasa de desempleo diez puntos inferior a la nuestra, está por encima del 8%. ¿Se sorprenden ahora de que S&P o JP Morgan alerten de esta irregularidad? Yo no.

Así pues, si los préstamos hipotecarios rondan los 600.000 millones de euros, 5 puntos más de mora representarían 30.000 millones. Ahí queda.

Pero aún hay más. Vayamos a la Reforma Financiera. De los 323.000 millones reconocidos de activos inmobiliarios ligados al crédito-promotor se han considerado problemáticos 175.000 (54%). Y ha sido sobre éstos sobre los que se han elevado las provisiones. Hasta aquí bien. Pero la pregunta que todos se hacen es ¿cuántos de los 148.000 millones considerados no problemáticos lo son realmente? ¿Cuántos responden a refinanciaciones -a “patadas p’alante”- esperando que escampe? Pues seguramente la mayoría. Promotores bien capitalizados haylos, pero son una excepción. Apliquen ahora un nivel similar de provisiones a los 148.000 millones que dicen que son buenos. Y acomódense antes de ver el resultado.

Esos vehículos, o sociedades instrumentales, o bancos malos, que parece que ahora se van a poner en marcha mucho me temo que no van a ser la solución al problema. Y no lo son porque el propio De Guindos ha manifestado que sólo se refieren a los 175.000 millones que son considerados problemáticos. Incluso dando por buenas las exigencias de cobertura de la Reforma Financiera –es decir, asumiendo que el valor de mercado de los activos es el que ha fijado el ministerio- estaríamos otorgando carta de naturaleza a los restantes 148.000 millones de crédito-promotor y a la mora hipotecaria del dos coma algo. ¿De verdad alguien se cree que se va a dar confianza a los mercados con este nuevo cambio de rumbo que sigue sin coger el toro por los cuernos?

O se acomete de una vez y en profundidad la limpieza de la Banca o nuestra economía colapsará, con y sin austeridad, con y sin despilfarro. Dará igual que se hagan reformas laborales, se redistribuyan competencias en el ámbito territorial, se cierren televisiones públicas o se fusionen ayuntamientos. Las buenas y las malas medidas palidecerán mientras la banca no se ajuste de una vez. España ha entrado en una dinámica autodestructiva, en un círculo vicioso que sólo se puede detener si se mete un hachazo definitivo al precio de los activos al tiempo que una Banca ya saneada se dedica a lo que se tiene que dedicar.

Y les dejo para terminar con un extracto del estupendo último artículo de Daniel Lacalle, que expresa de manera inmejorable lo último que quería transmitir hoy:

“Hablan en España de “negociar cómo sacar adelante el banco malo”. ¿Banco malo? No gracias, de esos ya tenemos muchos. Lo peor es que nos digan que se negocia el banco malo -malísimo- con fondos europeos “para que no suponga coste público”. ¿Pero de dónde se creen que sale el dinero del EFSF y de esos fondos europeos? De sus bolsillos, en impuestos. ¿Y sinceramente se creen que unos activos que no se han podido colocar en años van a recibir interés inversor a un valor en libros -muy descontado, me dicen- que no se cree ni Lady Gaga?

Eso de que las entidades bancarias no pueden –no quieren- ampliar capital es una filfa. Unicredito hizo una ampliación de 7.500 millones sin problema. Lo que fastidia es el descuento al que hay que hacerla y el precio que la demanda establece. Ya saben, vivimos en el país de “el precio es el precio”, la demanda no importa y esperar a que escampe. Eso de que una entidad bancaria no puede quebrar porque se crea riesgo sistémico es otra filfa. Se crea riesgo sistémico en los puestos de sus directivos. El propio Emilio Botín lo decia en 2006 “hay que dejar que las entidades insolventes quiebren”. Y nada de chorradas de peligro para los ahorros. Peligro para los ahorros son las cuotas participativas y las preferentes.

La solución es simple y la que se ha dado en todo el mundo. Que algunos bancos insolventes quiebren y se subasten sus activos, que bajen los pisos lo que tengan que bajar, que se limpie el sistema y no se posponga la solución agrandando el agujero. Llevamos desde 2008 con este mismo tema…si lo hubiésemos hecho entonces, ya estaríamos hablando de recuperación.”

Pues eso.

 

Hay qué ver cómo el tiempo –apenas unos meses- va poniendo las cosas en su sitio. En los test de estrés que llevó a cabo la EBA en julio –esos en los que sacó pecho el todavía Gobernador del Banco de España- se planteó un escenario económico adverso que en aquel momento muchos tildaron de apocalíptico:
-    Caída del PIB del 1% en 2011 y del 1,1% en 2012.
-    Caída acumulada del precio de la vivienda de hasta un 34,2% en vivienda y hasta un 62,5% en suelo para 2012.
-    Aumento de la morosidad al doble (100%)
-    Aumento del desempleo hasta el 22% en 2012.

Lo cierto es que hoy lo firmaríamos. La vivienda ya ha caído cerca de un 40% y nadie a estas alturas duda de que vaya a caer más. El desempleo ya ha superado el 22% y puede alcanzar este año porcentajes nunca vistos antes y, en fin, la morosidad, si no fuera por las continuas refinanciaciones de la banca, rondaría sin duda esa previsión pesimista.

La pregunta que muchos se hacen es si los 50.000 millones de pérdidas latentes que ha señalado De Guindos son suficientes o dejan algo bajo las alfombras. A continuación voy a reproducir el test, a mi entender, más realista al que sometí a las entidades financieras españolas que publiqué en este post que transcribo y matizo:

“El lunes, Juan Fernández-Aceytuno, director general de Sociedad de Tasación, publicó un post muy interesante en Expansión. En él se explica cómo se calcula la pérdida esperada: “si un inversor tiene 1.000 préstamos hipotecarios de 250.000 euros cada uno, con una probabilidad de impago del 5% y con una caída media del valor de la vivienda más gastos de recuperación de un 40%, la severidad de la pérdida sería del 2% (multiplicación de un 5% por un 40%) y la pérdida esperada por tanto ascendería a 5 millones euros, de un total de 250 millones de euros que tiene de valor la cartera…”. Usaremos, pues, el método para calcular grosso modo el estrés inmobiliario.”

Es importante leer este párrafo antes de empezar a hacer cálculos, pues hay mucha confusión sobre qué es o debe considerarse pérdida.

Empecemos por promotores: la tasa de mora actual es de alrededor del 15%. En el caso adverso, según me han informado, la tasa que se ha aplicado es del 41% (francamente elevada). Suponiendo que la EBA ha asumido una caída de precios del 50% (dado el peso del suelo en la cartera de los promotores), la pérdida total esperada es de 71.750 millones. Según la EBA, son 66.000 millones, así que mis números gruesos se aproximan bastante.”

Como explico en el primer párrafo, el escenario adverso del test suponía utilizar una mora al doble de la vigente en aquel momento. Como en aquel momento era del 15%, lo lógico hubiera sido que la EBA utilizara el 30%. Alguien me dijo que probablemente se usaba una tasa superior por los gastos de recuperación. Pero el 41% cubre con creces esos gastos. Hoy día, y visto el rapidísimo crecimiento de la mora en promotores, que en seis meses ha alcanzado de media el 19% (el 25%, reconoció Banesto la semana pasada), me parece una asunción muy creíble. Al no disponer de mayor información sobre la composición de los activos (vivienda y suelo) de la banca, por intuición pensé que un 50% de caída media de la cartera reflejaría bien el criterio de la EBA. Por último, asumí que el crédito promotor vivo en ese momento era de 350.000 millones de euros. Por tanto, 350.000 * (41% * 50%) = 71.750 millones de pérdida. Una cifra bruta no muy lejana de la calculada por la EBA (66.000) con lo que pienso que mis asunciones no distaban mucho de las oficiales.

Sigamos por hipotecas: la tasa de mora es del entorno del 2,5%. Doblémosla (5%) y apliquémosla asumiendo una caída de precios del 34%. Me salen 11.400 millones, mientras que a la EBA 13.500, probablemente debido al uso de números gruesos”

De aquí poco que decir. La diferencia entre la EBA y mi cálculo probablemente responde a los mencionados gastos de recuperación. Asumí que el saldo vivo hipotecario de las familias era de 670.000 millones de euros. Así pues, 670.000 * (5% * 34%) = 11.400 millones de pérdida.

Promotores
¿Os parece correcto asumir, para suelo, una bajada total desde máximos de un 62,5%? De esto algo sé, y os puedo decir lo siguiente: los suelos urbanizables valen hoy apenas el 10% de lo que valían en el boom. Respecto de los suelos urbanos o finalistas, las bajadas pueden ir desde un 25-50% en grandes ciudades y zonas urbanas hasta un 50-70% en costa o urbanizaciones periféricas. No dispongo de datos acerca de cuál es el peso de cada tipo de suelo en los balances de los bancos, aunque dada la apetencia de los promotores por los nuevos desarrollos en los últimos tiempos del boom, me inclino a pensar que la parte de urbanizables es importante, por lo que un descuento del 62,5% se me antoja escaso. Me sentiría más cómodo en el entorno del 70-75%.

¿Y una  mora del 41%? Francamente es elevada. ¿Lo suficiente como para cubrir las “ayudas” que graciosamente han sido concedidas a la banca? A saber: 1) prórroga del sistema de valoración de los suelos urbanizables según la Ley del Suelo de Aznar (que precisamente termina a finales de año) sin la cual éstos deberían ya valorarse como rústicos; 2) modificación de la Ley de Sociedades Anónimas (art. 260) que de facto evita la quiebra y disolución de las promotoras inmobiliarias. Puede que sí, puede que no. Lo que está claro es que un verdadero test de estrés debería contemplar un escenario en el que las leyes se aplicaran sin excepciones.

En cualquier caso, sin tocar la mora, y subiendo la pérdida del suelo hasta el 75% nos iríamos hasta 107.600 millones, es decir, 36.000 más que ahora.”

Aquí quizá me pasé aplicando el 75%, pues no tuve en cuenta que de la cartera de préstamos de promotores una buena parte se corresponden con viviendas, ya sean terminadas o en fase de construcción. Ahora bien, habida cuenta de la rápida subida de la morosidad en los últimos meses así como el hecho de que tanto la Ley de Sociedades de Capital (heredera de la LSA) y el método de valoración de suelos siguen “trucados”, me parece razonable seguir asumiendo esa cifra de 36.000 millones de euros no aflorados por el Gobernador.

Hipotecas familias
¿Una bajada de precios del 34,2% en los precios de la vivienda, es creíble? Mucho me temo que no. Y todavía menos para 2012. Si Promora, agencia especializada de la Moraleja (urbanización lujosa de Madrid), dice que los precios han bajado en la zona entre el 30-40%; si en Serrano la única promoción de obra nueva que había en 2007 tuvo que bajar el precio un tercio y así poder liquidar en 2009, está claro que los precios reales han bajado, de media en todo el país, más cerca del 50% que del 30%. Y todos los que estamos en esto sabemos que es así. ¿Que las viviendas de los bancos se venden por menos descuento? Sí, claro, con financiaciones del 110% y spreads de “cero coma” yo también vendo.

¿Y una mora del 5%? Bajo mi punto de vista, no recoge en absoluto los riesgos y amenazas que están acechando. ¿Por qué? De entrada, si tiene algún amigo director de banco, hágale la siguiente pregunta: ¿por cada uno que entra en mora, cuántos tienes en puertas? Yo lo he hecho, y la respuesta es desoladora: entre 10 y 20. Si esto fuera algo pasajero (un año o dos) pues la sangre no llegaría al río pero, claro, llevamos cuatro años de crisis y dos más como mínimo no nos los quita nadie. Y ante esta situación hay tres amenazas muy claras:
1)      agotamiento de ahorros/ayudas (desempleo/menos ingresos larga duración). Los millones de familias con al menos un parado están llegando al límite. Los arreglos y apaños con el banco, o las ayudas de los parientes/amigos no son eternas, máxime cuando éstos tampoco van sobrados.
2)       Subidas de tipos. Un test de estrés adverso a dos años vista debe recoger las consecuencias de la potencial subida del euribor en las cuotas hipotecarias en familias con ingresos menguantes e impuestos, luz, gas, petróleo, etc., crecientes.
3)      Presión social. Que puede desembocar en la aprobación por los gobiernos de medidas populistas que incentiven la mora, siendo su máxima expresión la dación en pago.

Así las cosas, ¿cuál sería una tasa de mora hipotecaria razonable para cubrir un escenario adverso de aquí a dos años? Sinceramente no lo sé, pues se puede argumentar hacia uno u otro lado. ¿Cinco veces la actual está bien? Eso daría un 10%. Probemos a ver qué pasa.

Por tanto, con mora del 10% y descuento del 50%, la pérdida esperada alcanzaría 33.500 millones de euros, 20.000 más que en la actualidad.”

Me mantengo en lo que dije en julio. Es cierto que algunas amenazas ahora no lo son tanto, como los tipos de interés al alza. Sin embargo, el desempleo crece más rápido que nunca. Además, las subidas de impuestos y de todo tipo de tarifas están constriñendo la capacidad de pago de las familias.

Concluyendo, 56.000 millones de euros más.

En aquel entonces, el stress máximo, que fue superado, implicaba unas pérdidas a provisionar de 80.000 millones en total. Según he leído en Expansión en las últimas semanas, las provisiones actualmente alcanzan los 105.000 millones de euros. Pero, claro, también han pasado muchas cosas desde entonces, como aportaciones del FROB, la CAM, el Banco de Valencia, el vaciamiento del Fondo de Garantía de Depósitos, etc.

Si a los 105.000 millones provisionados aplicamos los 50.000 de De Guindos alcanzamos 155.000, lo que supondría valorar el ladrillazo en aproximadamente un 15% del PIB. Suena bien.

 

 

Que no, José Luis, que quien te ha dicho eso no tiene ni idea de cómo funciona esto. ¿Quieres saber lo que pasaría si mañana el banco anuncia que se cancela el dividendo para este año? De entrada, la acción se hundiría; en seguida se contagiaría a los demás bancos del sistema y probablemente el IBEX sufriría una caída mayor que la de octubre de 2008. En segundo lugar, ¿cómo crees que respondería el mercado ante nuestros vencimientos de deuda y todas las nuevas emisiones? Por último, yo no sé si eres consciente del terrible daño que se infringiría al consumo si dejáramos de proveer de dividendo a los pequeños ahorradores españoles. ¿Cómo te crees que paga la gente las vacaciones o la Navidad, ahora que ya no hay bonus?

El statu quo pensó que ofreciendo en sacrificio la casa de lenocinio en que se habían convertido las cajas en la última década los “dioses” se calmarían. De hecho, a algunos banqueros se les hicieron los ojos chirivitas pensando en la enorme cuota de mercado que ganarían y encima a precio de saldo.

Pero ni la crisis remite ni los presidentes de los bancos miran más allá del corto plazo. Así, un Gobierno débil, desinformado e incompetente –espejo de una España hedonista, telecinquera y progre de salón- ha sido el medio más eficaz para transformar nuestra moribunda partidocracia en un bancopolio que, afortunadamente, empieza a resquebrajarse, aunque quizá demasiado tarde para salvar los muebles de nuestra economía.

¿Lo que es bueno para la banca es bueno para España? (1) No cabe duda de que la fábula de que “la banca española es la más solvente del mundo” permitió en los primeros años de la crisis que nuestros bancos más importantes mejoraran su liderazgo y cuota de mercado con significativas compras y adquisiciones en mercados tanto emergentes (Brasil, Turquía, China, etc.) como consolidados (Gran Bretaña, EEUU). Pero hemos llegado al final del camino con las cuentas públicas exhaustas y la economía real en plena desintegración. Al final, General Motors tuvo que ser intervenida por el Estado americano como la banca española también lo será, bien por el FMI, bien por el EFSF (puesto que el Estado español ya no da más de sí).

¿Y por qué? Porque mientras todo esto sucedía el activo de la banca no reconocía el valor real de casi un billón doscientos mil millones de euros de riesgo afecto al ladrillo: unos 450.000 millones prestados a promotores y constructores, y unos 700.000 a particulares a través de hipotecas. Con un paro que rondaba el 20% ya al cabo del primer año de la crisis, y un brutal aumento del gasto público que disparó el deficit e hizo crecer la deuda a velocidad de vértigo sin apenas efecto en el crecimiento, las alarmas se dispararon entre los inversores internacionales.

Pero el Gobierno encontró un buen argumento para dejar tranquilos a los mercados: 1) En España no hay dación en pago, por lo que la mora hipotecaria es baja y lo va a seguir siendo; 2) las constructoras españolas están muy internacionalizadas y, salvo alguna excepción, son capaces de dar servicio a la deuda e incluso de devolverla; 3) el crédito-promotor es más problemático pero con todo el colchón de provisiones el sistema financiero está a salvo. Además, “¿de verdad creen que el suelo vale cero? Intenten comprar por cero un suelo y ya verán lo que les dicen… (así respondieron en Londres los funcionarios del Banco de España a los inversores más escépticos hace unos meses).

Además, el BCE suavizó las tensiones con sus barras libres de liquidez y con la vuelta a los tipos bajos (aunque a muchos les parezca que el 1,5% sea un tipo alto, no me negarán que es históricamente bajo), lo que permitió a la banca seguir generando importantes beneficios incluso en este escenario de crisis profunda.

Pero también el Gobierno hizo su parte: Por un lado, modificando leyes de tapadillo, como la que les permite valorar el suelo urbanizable por sus supuestas expectativas y no como suelo rústico, o como aquella otra que ha favorecido la supervivencia de cientos de inmobiliarias a pesar de estar en causa de disolución. Por otro lado, haciendo la vista gorda ante la manipulación de las estadísticas de los precios de la vivienda, que recogen caídas muy inferiores a las reales –de esa manera evitan dotar más pérdidas-. Además, han consentido la utilización de financiación del tipo subprime para la venta de los pisos de sus balances; o la aprobación de convenios para superar concursos de acreedores (como el de Martinsa Fadesa) que constituyen una auténtica burla para la ciudadanía. Incluso el Estado se ha visto obligado a avalar sus emisiones y las renovaciones de los vencimientos de todo tipo de entidades. Por último, hemos destinado una respetable cantidad (aunque ínfima a tenor de la gravedad del problema) a través del FROB para reforzar los fondos propios de las entidades.

Pues ni con esas ha sido suficiente. Y es lógico: ¿Cómo pretenden que alguien se crea que la vivienda sólo haya bajado un 18-20% al cabo de tres años y medio de crisis? ¿Qué fiabilidad tienen las cuentas de las entidades si cada vez que cae alguna caja –CCM, CajaSur, CAM- resulta que eran “lo peor de lo peor” y su mora real superaba al menos tres veces la reconocida? ¿Quién se va a creer que es un problema “coyuntural” cuando la tasa de paro sigue en aumento y el PIB crece –y eso que está bien cocinado- entre el 0 y el 1?

Mientras tanto, durante estos cuatro años que llevamos de crisis, y gracias a las múltiples ayudas arriba mencionadas, el conjunto de las entidades de crédito del país ha obtenido entre 15.000 y 20.000 millones de euros de beneficio por año. El sentido común, la responsabilidad y la decencia invitan a pensar que las entidades habrían llevado estos beneficios a reservas, con el fin de recapitalizarse y así protegerse frente a lo que pueda venir, además de liberar al Estado de las ayudas y cargas mencionadas, ¿verdad? Pues no. Nada más lejos de la realidad. Han repartido dividendo (obra social, en el caso de las cajas) a tutiplén. ¿Y por qué? Pues léanse de nuevo el primer párrafo de este post. Pero no olviden una cosa: todos y cada uno de los españoles hemos subvencionado los cuantiosos dividendos que los accionistas de los bancos (o la obra social de las cajas) han recibido durante estos años.

 

Sin embargo, algo está cambiando. Entre el martes y el viernes pasado han trascendido tres noticias que pueden hacer tambalear el bancopolio:

La primera, la  noticia de Expansión que advertía que “los populares forzarán a las entidades a asumir el valor real de los activos de mala calidad. Después se acometería una segunda ronda de recapitalización con fondos europeos”. Europeos porque no queda otra: en España no hay ni un duro. ¿Buenos propósitos que veremos en qué quedan cuando lleguen al poder? A lo mejor simplemente se adelantan a lo que consideran ineludible…

La segunda, la advertencia de Durao Barroso: Recapitalización sí, pero, de entrada, que los beneficios de los bancos se destinen lógicamente a recapitalizar y no a dividendo. Verde y con asas. (Ni a la AEB ni al Gobierno les gusta, ¿extraño?)

La tercera: el FMI viene por aquí esta semana a hacer sus propios test de estrés de la banca, “para hacer un seguimiento de la labor supervisora (o sea, del Banco de España), y evaluar las eventuales necesidades de fondos de las entidades financieras españolas”.

Ya no somos tres o cuatro blogueros semidesconocidos: la mierda rebosa la alfombra, el atasco en el WC se desborda hace tiempo, y aunque aquí hagamos como si no huele (quizá nos hemos acostumbrado) cada vez que entra en el piso uno de fuera nos mira con la misma cara de sorpresa que pone el bombero que accede, alertado por los vecinos, al hogar de uno de esos ancianos afectados por el síndrome de Diógenes.

 

 

(1) En los años 50 Charles Wilson, presidente de General Motors, pronunció esta frase que ha llegado hasta nuestros días: “Lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos”.

Ni Assange ni Wikileaks; no hacen falta. ¿Para qué, en estos tiempos en los que lo que sobra es información?

La información fluye por todas partes y la gran dificultad de la época que nos ha tocado vivir es saber separar el grano de la paja; observar y analizar. Y así poder tomar las decisiones correctas.

Fíjense: el lunes el Banco de España publicó la morosidad –de promotores- del segundo trimestre del año de las entidades financieras, el 17,7%. Sin embargo, para los test de estrés de julio se presentó con una mora de casi 3 puntos menos. ¿Alguien ha llamado la atención sobre el particular? Algunos me dirán que los datos tardan en recogerse y luego hay que elaborarlos y luego hay que… Y yo les daría la razón sino fuera porque el Banco de España tiene personal en las “salas de máquinas” de casi todas las entidades y que no tienen otro cometido que ese: verificar la mora real. Pero, sinceramente, para contarles esto no haría un post. El asunto es mucho más grave:

El viernes circuló por la red un artículo publicado en el New York Times con el título “Spain’s Banking Mess” El desorden (o el lío, el aprieto, el follón, el enredo, el desbarajuste, el berenjenal: elijan ustedes, son todas traducciones correctas del inglés) del sistema financiero español. El autor, Floyd Norris, es uno de los periodistas de información financiera más reputados de los Estados Unidos. El artículo, de obligada lectura, revela una información valiosísima que, como decía al principio, sólo el buen observador detecta. El mérito, del jefe de economía de esta casa que tiene a bien acoger mi blog, Manuel Llamas. “Échale un vistazo al documento, José Luis”, me recomendó el viernes por la tarde. En efecto, el artículo enlaza con una presentación que José María Roldán, director general de regulación bancaria del Banco de España, ofreció el martes pasado en Londres ante inversores.

La sorpresa se hallaba en la diapositiva 17. Lejos de dar cifras por escrito, aparecen una serie de gráficas muy interesantes. Y eso que han sido lo suficientemente cucos como para poner puntos “gordos” y números que los tapan para difuminar el mensaje. ¿De qué habla la página 17 de la presentación? De las previsiones de caídas de precios del suelo y de la vivienda. En el escenario adverso (que es el único que interesa: el escenario base mejor que lo rebautizaran como el “optimista antropológico”) para 2012 el precio del suelo cae alrededor de un 65% desde máximos. Y el de la vivienda, atención, un 38%.

¿Y cuál es el problema? Pues que hace dos meses, en la presentación de los test de estrés, estas cifras eran de un 62,5% y un 34,2% respectivamente. ¿Que parece poco? Pues es un aumento del 4% en el primer caso y del 11% en el segundo. No está mal en sesenta días si consideramos que durante el mes agosto en el edificio de Cibeles no está ni el bedel (y si no lo creen lean esta noticia).

Lo bueno de esto es que, si en diciembre deciden recalcular, a lo mejor ya nos dicen la verdad y por fin nos reconocen que la caída esperada del suelo es del 90% para el urbanizable y del 55-60% para el urbano, de forma que la media –dado el enorme peso del urbanizable- tiene una pérdida no inferior al 75%. Por lo que respecta a la vivienda, ídem de ídem: menos de un 45% de caída de media a estas alturas ya no es creíble.

Total, que cada vez más la realidad se acerca a este post que escribí cuatro días después de que se publicara el test de estrés y en el que, grosso modo, me salían 50.000 millones de euros más de pérdidas. Calderilla.

Y ya para completar la faena, una de deuda soberana: la banca tiene una exposición de 230.000 euros a deuda española, sobre la que se ha estimado hasta una quita del 20%. 46.000 milloncejos más del ala. En definitiva, que esto no se cura por menos de 100.000 millones, el 10% del PIB.

Y como será la cosa que el mismo viernes por la noche me encuentro con este titular: El FMI pide un auditor externo para la banca española como hizo con Irlanda. Para devolver la confianza, justifica. “Se han realizado grandes avances”, “sienten gran admiración” por el trabajo hecho hasta ahora, nos aclara el redactor. Ya, y por eso piden una auditoría externa, por lo bien que lo ha hecho MAFO.

¿Les parece poco? Pues aún hay más: el Deutsche Bank en España ha admitido el jueves pasado que el 75% de los préstamos a promotores están en alto riesgo de impago. La realidad supera la ficción de los “adversos” escenarios del Banco de España una y otra vez.

 

PD: El señor Norris se ha llevado la impresión de que, si bien los préstamos a promotores fueron demasiado arriesgados, no sucedió lo mismo con las hipotecas a particulares. Así, dice: “lending to home buyers was conducted in a far more prudent manner than it was in the United States” (en España se prestó en unos términos mucho más prudentes que en los Estados Unidos). Y no me extraña que piense eso al ver que la curva de morosidad hipotecaria se mantiene estable (incluso bajando) desde el comienzo de la crisis, en el entorno del 2,5%.

Pero tiene truco: por un lado, el enorme interés de la banca en no elevar esta tasa les lleva a renegociaciones y acuerdos con los particulares tan imaginativos como poco creíbles. Por otro lado, no dejan de vender (e hipotecar, lógicamente) sus pisos propios lo que incrementa la base y mejora el rating de su cartera de hipotecas. Por último, los particulares, que no cuentan ni con dación en pago, ni con leyes de la segunda oportunidad, se aferran como pueden al pago de la cuota so pena de perder la vivienda y el resto de su patrimonio además, claro está, de tener que seguir devolviendo lo que quede de deuda (más gastos e intereses) por el resto de su vida.

Por eso se puede afirmar si temor a error que el noventa por ciento de las hipotecas concedidas desde 2004 están en situación “underwater” y que, si existiera la dación en pago al estilo americano, la mora sería de dos dígitos.









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