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Mar Díaz Varela, en un artículo publicado en La Vanguardia el pasado domingo, nos ofrece la clave de lo sucedido en España desde 2008:

(…) se produjo una conspiración del silencio. El gobierno negó rotundamente la crisis. El sector financiero se enrocó asegurando que eran las entidades más seguras del mundo. Prensa especializada, economistas y líderes de opinión se conjuraron para no alarmar a la opinión pública y evitar que se pinchara la burbuja inmobiliaria de forma descontrolada. Se optó por un aterrizaje suave de la burbuja inmobiliaria que evitara el crac.

También el domingo, en un artículo indisimuladamente laudatorio, El País exculpaba al bueno de MAFO con argumentos como éste:

el supervisor apostó, en línea con las tesis del Gobierno (y de la oposición del PP, que apoyó todas las reformas financieras) por una reestructuración lenta del sector, sin intervención del Estado para no gastar dinero del contribuyente

¿A quién intentan engañar a estas alturas? Lo que sucedió en España desde 2008 es la consagración del principio del extend & pretend del que a menudo han hablado Daniel Lacalle y Alberto Artero en El Confidencial. Una maraña de intereses cruzados, ingentes cantidades de dinero en juego, medios de comunicación hiperendeudados, políticos cazados en la gestión de las Cajas, y, como explicó Gay de Liébana en el programa Salvados hace unas semanas, donde 28 grandes empresas del país han consumido el 50% de la deuda corporativa de la nación. Empresas que suelen nutrir sus consejos de administración de políticos de todos los partidos. Empresas que, frente a lo que se cree, sólo dan trabajo a algo más de un millón de españoles (sobre un total de 18 trabajando). Empresas que contribuyen al sostenimiento del Estado en mucha menor proporción que lo que les corresponde gracias a los agujeros intencionados de la legislación fiscal. Empresas que, en fin, se reparten sus correspondientes mercados en oligopolios de facto.

En definitiva, esta suerte de aristocracia que gobierna en la sombra engañó conscientemente al pueblo soberano, y engañó a sus partenaires europeos –mientras los demás recapitalizaban bancos, nuestro establishment se ufanaba de la fortaleza de los nuestros-. Pero, sobre todo, y lo que es más grave, la conspiración del silencio fue un auténtico robo. El robo de nuestro presente y de nuestro futuro. ¿O acaso no se da cuenta, amigo lector, de que si estamos en el peor momento de la crisis es por haber elegido el fraude? ¿Acaso no percibe que, de haber actuado con valentía y sentido común a tiempo, muy probablemente hoy estaríamos saliendo del agujero y creando empleo? La destrucción del tejido empresarial no habría llegado a los extremos de hoy, ni las cifras de paro hubieran alcanzado los seis millones. Sí, no me equivoco: todos los indicadores adelantados de actividad predicen este horrible número para antes de final de año.

Hay que tener una desfachatez enorme para afirmar sin rubor que la reestructuración “lenta” era para “no gastar dinero del contribuyente”. Lo que había detrás de la reestructuración “lenta”, es decir, del “meter bajo la alfombra toda la porquería”, no era ni procurar el soft landing de la burbuja ni evitar, como en las mentiras piadosas, que el pueblo sufriera. Se trataba ni más ni menos de un mero ganar tiempo “a ver si escampa”, patada p’alante y “en un par de años o tres esto está solucionado y seguimos donde estábamos”.

Si me han leído sabrán que no soy para nada partidario de la socialización de las pérdidas de la banca, es decir, de su nacionalización y recapitalización con nuestros impuestos. Pero, fíjense: si esto se hubiera hecho en 2008 –incluso en 2009- ahora España sí estaría en la champions league. En aquel tiempo, y antes de que Zapatero dilapidara el crédito de la Nación en inconsecuentes planes E, la deuda del Estado sobre el PIB apenas sobrepasaba el 40%. Aun destinando 300.000 millones (y ya es tirar por lo alto, sobre todo en aquel momento) al saneamiento, la deuda sobre PIB sería inferior a la de hoy.

El Gobierno actual no está siendo fino en la gestión de la situación actual, ni mucho menos. No ahorro en críticas al Presidente, como pueden leer en este post, o como habrán comprobado los que me sigan en Twitter. Negar la evidencia (“no es un rescate, son prestamihilillos de plastilina”), no reconocer que los intereses del préstamo computan para el déficit, o la falsa euforia en la comparecencia del domingo le pasará factura, antes o después. Sin embargo, en medio de tanta crítica y desconcierto, hoy quiero felicitar al ministro De Guindos. Porque él ha sido –dudo de si esto es lo que esperaba Rajoy de él cuando le nombró ministro- quien ha proclamado: “el rey está desnudo”, la banca está en pelotas. Algún economista se rasgaba las vestiduras estos últimos días por que “no saben lo que han desencadenado con esto”. Claro. Es mejor vivir instalados en el enjuague de intereses. Es mejor condenar a una generación a la mayor de las miserias con tal de salvar a los jerarcas del régimen. Como escribía Kike Vázquez el lunes, “lo que no podemos es aplaudir cuando la avestruz agacha la cabeza en la tierra y criticarla si la quita, porque entonces lo que queremos es no ver la realidad”.

De Guindos hizo una buena intentona con la primera reforma financiera. Cincuenta mil millones de golpe. Sumados a los ya provisionados, tal vez hubiera funcionado en 2009, o incluso en 2010. Pero ya no en 2012, con la economía desintegrándose por momentos. Además, al incobrable crédito-promotor, ahora hay que sumar el hipotecario (cuya mora del dos y pico hace tiempo que no se cree ningún inversor), el soberano (nuestra banca atesora el 46% de la deuda pública española) y, últimamente, el corporativo (la macrodeuda que tiene exhaustas a muchas de las grandes compañías del país y a un sinfín de pymes).

Probablemente el ministro era consciente de que podía fallar. De hecho, la cifra y los plazos estaban tan a la medida de la capacidad de encaje del sistema financiero que poco tardó el mercado en percibir que no era sino “la mayor reforma que el sistema podía aguantar sin resquebrajarse”. Y los plazos, ¡ay, los plazos! Si algo he aprendido de este conato de reforma es que no se pueden conceder 12 meses –y mucho menos 24- para ejecutar las provisiones. Hay que hacerlo de golpe, de una vez. El mercado tiene que recibir un impacto inmediato en cuanto a la disponibilidad de viviendas a la venta y en cuanto a su precio. De otra manera, se produce un interminable goteo de precios a la baja que paraliza el mercado, y condena a la vivienda a una espiral destructiva de valor.

La segunda reforma financiera, la de los 30.000 millones sobre el crédito-promotor “bueno”, ha sido precipitada y torpe. El mundo financiero recibió dos mensajes: 1) “El Banco de España es un decorado”; y 2) “ninguna partida de las cuentas de los bancos españoles es fiable”. La enorme desconfianza que generó en los mercados esta desgraciada actuación, más los toques de atención del FMI y Draghi, precipitaron el affaire de Bankia, probablemente mal aconsejado en su desenlace final por la “reunión de pastores” (Botín, FG y Fainé) en las horas previas a la dimisión forzada de Rato.

El minirescate, rescate ‘dulce’ o ‘light’, es, de facto, la tercera reforma financiera de la legislatura. Estos últimos días he leído interesantes y acertados análisis sobre el asunto (Kike, Vázquez, David Taguas, Juan Ramón Rallo, Luis Garicano, Sala i Martín, Antonio España, Benito Arruñada, Manuel Llamas,…), que coinciden en señalar que, aceptando que es un acuerdo menos malo que el del resto de Pigs, el problema de fondo subyace. Es más, lo único que se consigue es ganar algo de tiempo, por un lado; y traspasar el problema desde el balance de las entidades financieras al de las cuentas del Estado, por el otro.

En efecto, el tan cacareado rescate consiste en algo tan sencillo como que Europa presta a España unos recursos (hasta 100.000 millones) que por sí misma no podría obtener o que, de hacerlo, sería a un precio –interés- prohibitivo. Eso es todo. El ‘regalo’ se limita a tres puntos porcentuales en el tipo de interés. Pero no hay rescate directo a la banca. ¿Entienden ahora por qué la prima sigue desbocada? El Estado español es el responsable del crédito; es quien sanea a las entidades enfermas, quien socializa las pérdidas privadas. Supone un incremento en la ya pesada carga de la deuda pública de alrededor de 10 puntos de PIB. Prácticamente todos los articulistas mencionados hacen referencia más o menos directa a una alternativa que sí hubiera supuesto un freno a las especulaciones sobre España: la capitalización directa de la banca por la UE. “Al fin y al cabo, los que prestaron a nuestro sistema financiero fueron los bancos, cajas y compañías de seguros del norte de Europa, y deberían correr con las consecuencias”, señala acertadamente Luis Garicano.

¿Y para que son los 100.000 millones? Para sanear la banca. Ojo, porque no es un dinero que se les transfiera a las entidades para que a su vez lo usen para financiar la economía real, no. Eso vendrá después, dentro de algún tiempo.

De lo que se trata ahora es, sencillamente, de que reconozcan la verdad de sus balances, de que saquen la mierda bajo la alfombra acumulada en el periodo supervisado por MAFO. Unas pérdidas que llevarían a la quiebra a buena parte del sistema y que, gracias a esos 100.000 millones, lo evitarán. Una condición necesaria, aunque no suficiente, para que la banca vuelva, a medio plazo, a dedicarse a lo que se tiene que dedicar.

¿Y van a bajar los pisos un 70%, como decía ayer un artículo que leí repetido en varios medios? Pues depende. Depende de las condiciones que finalmente acabe estableciendo para el préstamo la señora Merkel.

Las provisiones de pérdidas facilitarán el reconocimiento de los créditos fallidos por lo que previsiblemente las promotoras zombies dejarán de existir tal y como las hemos conocido, produciéndose un trasvase de activos inmobiliarios hacia las entidades financieras. Éstas los asumirán en sus balances a un valor sensiblemente inferior al que tenían anteriormente. Por tanto, podrán sacarlos al mercado a precios competitivos sin incurrir en mayores pérdidas. La pregunta del millón es: ¿lo harán? ¿Contarán con el incentivo necesario una vez que ya han provisionado la pérdida, o jugarán a especular?

En la penúltima reforma financiera, De Guindos, para evitar esta circunstancia, ha contemplado la creación de vehículos societarios diferenciados del banco en los que volcar los activos inmobiliarios con la obligatoriedad de vender, al menos, un 5% anual. Por tanto, las entidades pueden estar hasta 20 años vendiendo inmuebles. Mucho, demasiado tiempo.

Estoy de acuerdo en que no sería razonable forzar la venta en un periodo muy breve, pues la puesta en el mercado de una cantidad ingente de activos generaría un desequilibrio demasiado grande entre oferta y demanda, lo que provocaría sin duda una nueva espiral de caídas de precios que dañarían de nuevo al sistema financiero y a la economía en general. Pero, hombre, 20 años se me antoja una eternidad. Sólo nos faltaba que, encima de rescatar a la banca, se haga rica otra vez a nuestra costa.

Así las cosas, habrá que esperar a lo que diga doña Ángela.

 

“José Luis, desengáñate, este país seguirá en crisis mientras no se reactive el sector inmobiliario”

A diestra y siniestra es éste el mensaje que oigo. Y no sólo de confidencias. Así se manifestó Rubalcaba al inicio de la precampaña: “No podemos pasar del atracón del ladrillo al ayuno del ladrillo” ¿Y Rajoy? Aunque no lo haya dicho con esas palabras, es lo que se puede inferir de su programa electoral, como veremos más adelante.

No hay otro modelo productivo en el horizonte. Los modelos productivos no se improvisan. Y menos cuando estás acuciado por una crisis que se está llevando por delante el tejido empresarial del país y pone en riesgo el Estado del Bienestar. Cuatro años y medio después de que estallara la burbuja de crédito lo único que se nos ha ocurrido es “resetear” la banca para volver a la casilla de salida. Reiniciar el proceso. El día de la marmota.

Estamos como en el 96 pero peor. Para cuando llegó Aznar, González ya había hecho lo más difícil: el ajuste. ¿Que fue un ajuste tramposo? Cierto, pues se hizo a través de devaluaciones e inflación. Disponer de una moneda propia puede que tenga inconvenientes, pero entre sus ventajas se encuentra la capacidad de ajustar precios y salarios sin conflictividad social.

Aparte de que no nos encontrábamos en un entorno de crisis mundial, a Aznar le bastó con impulsar el sector inmobiliario, privatizar la empresa pública, una cierta austeridad pública y liberalizar algunos sectores clave de la actividad. Además, la banca no estaba tocada como lo está ahora. El boom inmobiliario del final de los ochenta no tuvo nada que ver con lo que hemos vivido estos años. Ni tampoco había Comunidades Autónomas o Ayuntamientos de proporciones paquidérmicas como las de hoy.

Vayamos al grano. ¿Qué va a hacer Rajoy? Su plan, por lo que he podido leer, se sustenta en cuatro patas:

Austeridad.- Esto ya estaba en la hoja de ruta del 96 aunque en esta ocasión requiere de un esfuerzo mayor por dos motivos: las administraciones han crecido exponencialmente al calor del boom inmobiliario; y la señora Merkel y los señores inversores nos exigen resultados inmediatos, concretos y medibles. El problema de las administraciones no es tanto competencial como de despilfarro. Está claro que hay solapamientos, que sobra plantilla, y que se han arrogado competencias y se han metido en negociados que no les corresponden. Pero más allá de todo eso, una gestión eficaz de los recursos públicos debería ser suficiente para sostener la arquitectura del Estado. Se trata de gastar menos, pero sobre todo de gastar mejor. La duda que me surge es: ¿lo harán o tirarán por el camino fácil? Ahí tenemos a Zapatero, a Papandreu o a Passos Coelho que, acuciados por los acreedores, se lanzan a la presa propiciatoria del salario de los funcionarios o de los pensionistas. La receta clásica del FMI.

Reforma laboral.- El argumento que utiliza el sindicalismo español para negarse a la reforma laboral tendría sentido si, como ya he advertido, dispusiéramos de moneda propia: devaluación y, ¡tatatachán!, todo es más barato, salarios y productos (incluidos los inmuebles). Así, venderíamos más y poco a poco el paro empezaría a remitir. Pero eso es agua pasada. Dentro del euro sólo cabe abaratar costes. Porque si no te ajustas en precio, lo haces en cantidad. Todos los días leo gente que me sigue que me dice que la vivienda tiene que caer más, que tiene que ajustarse de verdad, que está muy cara. Y por eso el stock aumenta. Pues con la fuerza laboral pasa lo mismo: que está cara y que tiene que ajustarse. Creo que es fácil de entender.

Apoyo a la Empresa.- Hay un buen paquete de medidas, sin duda positivas y necesarias, para favorecer el desarrollo y mantenimiento de las empresas que podrían facilitar, si no el aumento, sí al menos el mantenimiento del empleo: compensación de deudas con la Administración, pago del IVA al cobro y no al devengo, exención por reinversión, liberalización de mercados, etc. Medidas necesarias pero no suficientes. Porque el meollo de todo se encuentra en el siguiente epígrafe:

Solución del atasco financiero/inmobiliario.- Las políticas que anuncia el PP para vivienda aspiran a ser un auténtico plan de choque para revitalizar el sector:

-         IVA superreducido

-         Deducción por adquisición de vivienda nueva

-         Compensación tributaria entre alquileres pagados y percibidos para fomentar la movilidad laboral

-         Libertad de pactos en arrendamientos

-         Acuerdos de colaboración público-privada para movilizar el stock de vivienda

¿Qué se pretende con esto? Por un lado, como ya he dicho, impulsar tanto la compraventa como el arrendamiento. ¿Sólo? No. Hay algo más. La verdadera intención de estas medidas es, fundamentalmente, frenar la caída del precio de la vivienda.

¿Y para qué? 1) Para evitar que los balances de la banca se deterioren aún más y 2) para que las familias dejen de sentir el efecto pobreza que supone asumir que mes a mes su principal activo, la vivienda, vale menos. En un país de propietarios como es el nuestro, esta sensación de empobrecimiento tiene mucha más incidencia en las decisiones de consumo e inversión de lo que se habla. Por eso, frenar la caída de los precios de la vivienda no sólo tiene un efecto directo en el sector sino que implica una mejora para toda la economía en la medida en que alienta el consumo.

Pero para que estas medidas (todas, no sólo las relativas a la vivienda) desplieguen toda su eficacia hace falta un sistema financiero sano: que las venas del sistema, llenas de colesterol inmobiliario, se despejen. El PP se propone hacerlo, pero no tenemos muy claro cómo. En el programa electoral dice lo siguiente: “Culminaremos el saneamiento y la reestructuración del sistema financiero. Facilitaremos la gestión activa del patrimonio dañado de las entidades financieras que lo precisen.”

Dos son las versiones que han circulado durante la última semana al respecto: la creación de un banco malo al que transferir todos los activos tóxicos de la banca; y suavizar régimen fiscal que grava la venta de activos inmobiliarios de la banca. El modelo del banco malo no ha tenido muy buena acogida porque supondría socializar las pérdidas. Lo que le faltaba al pueblo español, exhausto tras cuatro años de crisis. Mientras tanto, la suavización fiscal parece que no implicaría la socialización de las pérdidas, según señaló Montoro –aunque no explicó en qué consistirían-.

A mí me da que la mejora del régimen fiscal va por un camino que sugerí en el blog hace ya unos cuantos meses: reconocimiento a fecha de hoy de toda la depreciación del activo, pero con la posibilidad de dotar/amortizar las pérdidas en varios (diez, quince) ejercicios.

En fin, lo mejor de todo esto es que ya cada vez quedan menos días para despejar la incógnita. En un próximo post profundizaré en estas medidas y en algunas otras propuestas interesantes de otros partidos, que quizá debería hacer suyas el próximo gobierno.

 

Hace unos días el economista Andrés González publicaba en su blog EconomíayPolítica un interesante post en el que explicaba que la razón de que el suelo hubiera bajado más que la vivienda estaba íntimamente relacionada con la famosa dación en pago. En efecto, como ya hemos visto en otros posts, las empresas gozan de responsabilidad limitada por lo que, cuando su posición queda “underwater”, sueltan un lastre que al banco no le queda otra que asumir. La prueba fehaciente es que la tasa de mora en promotores alcanza el 15% mientras que la de particulares apenas sobrepasa el 2,5%. Por eso, Andrés concluye que si la dación en pago se aplicara con efecto retroactivo, el precio de la vivienda se desplomaría a un ritmo similar al del suelo. ¿Qué os parece?

No cabe duda de que la aplicación de la dación en pago con efecto retroactivo impulsaría el precio de la vivienda a la baja, aunque es difícil hacer un pronóstico en cuanto al nivel. También he explicado en otras entradas que, si en algún momento me he mostrado partidario de la dación en pago sin matices y generalizada, ha sido sobre todo precisamente por el efecto regenerador que implicaría una bajada de precios considerable.

Sin embargo, hay una serie de razones que me invitan a pensar que el suelo necesariamente ha de bajar más que la vivienda. Unas que afectan a todos los suelos por igual, y otras que son específicas de los suelos no urbanos:

1) El suelo es un bien que, a diferencia de la vivienda, tiene una demanda muy limitada. Apenas varios miles de sociedades o personas tienen capacidad de adquirir este tipo de activos, frente a los millones de personas que sí pueden adquirir una vivienda.

2) Pero es que, además, esa demanda potencial de suelo ha quedado prácticamente arrasada por la crisis. Se pueden contar con los dedos las empresas promotoras que actualmente pueden estar en disposición o apetencia de adquirir un solar. Si a eso añadimos los problemas de financiación, el cuadro es desolador.

3) Lo que está sucediendo en el seno de las entidades financieras es el mejor ejemplo de lo que acabo de decir: incapaces de vender los suelos que se están quedando, la alternativa está siendo la promoción y desarrollo de los mismos para así poder vender los pisos que resulten. Transformando un bien ilíquido en otro más líquido.

4.a) El suelo -incluido el finalista- está lleno de incertidumbres (riesgo administrativo, comercial, financiero, técnico) que, durante los años del boom eran infravalorados y no se tenían en cuenta a la hora de comprar y hacer números. Esto no pasa con un piso terminado que, aunque también tiene sus riesgos, a los efectos de esta comparación son despreciables. Y esos riesgos, que ahora sí se valoran, se reflejan lógicamente en una caída más acusada del precio en comparación con la vivienda.

4.b) En el caso de los suelos urbanizables y “rústicos con expectativas” se produce este mismo fenómeno pero elevado a la enésima potencia. Si un suelo finalista esconde enormes riesgos, un suelo que, físicamente es un patatal, es la “madre” de todos los riesgos. En “Adiós, ladrillo, adiós” explico esto con detalle y ejemplos, de los que quizá el más completo es el de la inmobiliaria Astroc (hoy día Quabit) del famoso Enrique Bañuelos. En los tiempos del boom el precio de compra de este tipo de terrenos reflejaba el mero descuento de los costes de producción y venta del producto final (el piso). Con lo cual el inversor/desarrollador de suelo no contaba con margen de error. ¡Como el precio no dejaba de subir, aunque te equivocaras no importaba!

5) Pero es que además hay otras dos razones que devuelven el suelo urbanizable a la cruda realidad: a) legislación vigente en materia de expropiación, que sólo distingue entre urbano y rústico, y que podría ser aplicada en cualquier momento y de manera masiva por los ayuntamientos, ya que los propietarios de urbanizables no están cumpliendo con su deber de urbanizar; b) la aplicación de la Disposición Transitoria Tercera de la vigente Ley del Suelo que, si nadie lo impide, entrará en vigor a final de este año en virtud de la cual todo suelo urbanizable habrá de valorarse como rústico.

Andrés González tiene razón en que la dación en pago con efecto retroactivo generaría una bajada de precios de la vivienda (y un cataclismo financiero) pero el suelo siempre estará un peldaño por debajo de la vivienda.

Seguramente os va a chocar lo que voy a decir hoy: los pisos no tienen precio. El precio lo tenéis vosotros.

Estábamos acostumbrados a decir: “señor bancario, que me voy a comprar este piso”. Y el bancario valoraba el piso antes incluso que valorarle a usted. De hecho, a usted ni siquiera lo valoraba.

Ahora el piso no importa. El proceso se ha invertido. El primer paso es saber lo que vales y, a partir de ahí, podrás optar por la vivienda que se ajuste a tus posibilidades.

¿Y cuánto vales? Habrá que preguntarles a los de riesgos, aunque básicamente nos lo podemos imaginar: salario, antigüedad, sector en el que trabajas, tipo de contrato, ahorro o patrimonio del que dispones, historial de deuda,… Eso por un lado.

Por el otro, las condiciones financieras del momento o la época en que nos encontremos. Por ejemplo, en los noventa, tipos fijos, plazo de 15-20 años, ahorro previo del 20-30%. En los dos mil, variable, 40 años, y ahorro cero.

¿Y cómo van a ser ahora las condiciones? Pues ni una cosa ni la otra. Bankinter, un banco siempre pionero, ha mostrado el camino con su mediáticamente exitosa “Hipoteca Sin Más”. Sí, la de la dación en pago. Veámoslo.

El tipo es mixto. El primer año fijo al 4%, y a partir de ahí, variable “personalizado”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que según lo que valgas, y en función de que domicilies o contrates otros productos, tu variable podrá oscilar desde un euribor + 1,5% hasta un euribor + 3%

El plazo, hasta 40 años. Aquí, no hay duda de que el banco va a preferir que contrates una hipoteca lo más larga posible. Además de tenerte captado como cliente por más tiempo, con el señuelo de una cuota más baja acabas pagando muchísimos más intereses.

En la cantidad, hasta el 80% de la tasación. Aquí el “hasta” es importante. Para el banco, cuanto menos mejor. Para ti, justo al contrario. ¿Por qué? Supón que vas “sobrao” y que sólo pides un 40% de financiación. Si, por lo que sea, te va mal y dejas de pagar, el banco se queda una casa que vale 100 por sólo 40. Por eso, según quién seas, según cuánto valgas, te darán el 80% o menos. De entrada, y en el peor de los casos para ellos, ya tienen un colchón del 20% para cubrirse frente a bajadas de precio. Colchón que se irá agrandando a medida que vayas devolviendo principal. Con lo que, si de media, la entrega de la vivienda se produce cuando la deuda pendiente es un 70% o un 65% -los del departamento de riesgos seguro que lo tienen estudiado- gozarán de un margen suficiente para cubrir contingencias extremas. (Recordemos que la ley, desde ayer, valora la vivienda en subasta desierta al 60%).

Un par de apuntes sobre este producto y su emisor:

1) Una de las condiciones de la hipoteca me resulta inadmisible: “La tasación será elegida por el banco sin posible oposición por el cliente”. Está claro que lo hacen para controlar que la valoración de la vivienda se ajuste a lo que le parezca adecuado al banco en cada momento. Entiendo que esta cláusula es ilegal. Primero, porque la tasación la paga el comprador por lo que, digo yo, que tendrá derecho a elegirla. Segundo, porque cualquier tasadora que ha sido reconocida por el Banco de España lo es porque cumple con los requisitos exigidos, por lo que vale tanto como cualquier otra. Tercero, porque la ley de reforma de la Ley del Mercado Hipotecario, aprobada en diciembre de 2007, dice en su artículo 5: “las entidades de crédito deberán aceptar cualquier tasación de un bien aportada por el cliente, siempre que sea certificada por un tasador homologado y no esté caducada” (podéis verlo también en las págs. 205 y 206 de “Adiós, Ladrillo,Adiós”). He comprobado en la web de Bankinter que las otras modalidades de hipoteca que ofrecen no incluyen esta sumisión al banco.

2) Bankinter se dirige tradicionalmente a un cliente con perfil urbano, techy, solvente, y con conocimientos financieros. Es muy habitual en esta casa hipotecas por el 40%, el 50%, o el 60%. Fue el banco que más hipotecas en divisa concedió en su momento, “innovación” financiera que posteriormente ha dado algún que otro disgusto a sus clientes (que, por cierto, libremente escogieron el riesgo de la moneda). Lo que quiero decir es que ofrecer este producto, para Bankinter, tiene un riesgo muy limitado. Y, por cierto, según me dice alguien que trabaja dentro, al que contrata hipoteca se le hace un “stress test” elevando el tipo actual un 1,5% más, para ver si es capaz de aguantar la hipoteca.

Y tres reflexiones generales:

1) La vuelta al límite del 70% o el 80% de la tasación corrobora lo que llevo diciendo tanto tiempo: el problema de España no es la dación en pago; el problema fue optar por un modelo hipotecario de riesgo máximo. De haber mantenido los criterios que todavía se usan en Francia y Alemania, además de haber evitado la burbuja, no se habría puesto encima de la mesa el debate de la dación en pago, por mucha crisis que hubiéramos tenido.

2) Estamos viendo sólo la primera parte de la crisis. Cuando los tipos suban de verdad, los que hemos contratado hipotecas en la última década vamos a pasar las de Caín.

3) En Francia y Alemania, en estos momentos, el tipo fijo está en poco más del 4%. Aquí, a fecha de hoy un variable –con todas las incertidumbres que encierra- ya está en ese mismo nivel. Todo por pasarnos de listos durante el boom, y por gestionar tan horrorosamente mal la crisis.









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