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Mensajes etiquetados recapitalización bancaria

 

Desde que el viernes se hizo público el informe de Oliver Wyman no han dejado de arreciar las críticas, que se han centrado, oportunamente, en las necesidades finales de recapitalización y/o en las de aportación de fondos públicos. Aunque al final del post haré una valoración en este sentido, lo que me parece importante destacar de esta nueva edición de los test de estrés es que, por primera vez, el análisis de la cartera es verosímil. Antes de empezar a escribir esta pieza he releído la que redacté con ocasión de los test de estrés patrocinados por la EBA en julio de 2011 -hace poco más de un año-.

Fíjense que en aquella ocasión, las hipótesis macro –en la situación adversa- eran de una caída del PIB del 1% en 2011 y del 1,1% en 2012; un paro del 22% en 2012; y una caída del precio de la vivienda del 21,9% hasta 2012 –acumulando un total del 34,2%-. Mientras tanto, en el actual, la caída estimada del PIB es de 4,1%, 2,1% y 0,3% en 2012, 2013 y 2014 respectivamente. La tasa de paro prevista para el mismo periodo es del 25%, el 26,8%, y el 27,2%. La caída adicional de la vivienda, 19,9% 4,5% y 2%; y del suelo, 50%, 16% y 6%. Nada que ver.

Oliver Wyman analiza la cartera de deuda privada y activos adjudicados de 14 entidades financieras (que representan el 90% de nuestro sistema financiero). No es, por tanto, un análisis completo, pues faltan algunas entidades (básicamente cajas rurales y entidades extranjeras con ficha del Banco de España) y se elude expresamente la cartera de deuda soberana en manos de nuestra banca. La banca nacional atesora una parte importante de la deuda del Estado que, en condiciones normales, se consideraría risk free. Pero nuestras condiciones hace tiempo que no son normales. De hecho, en estos días hay un fundado temor a que Moody’s rebaje la calificación de la deuda soberana a bono basura (junk). Se pueden imaginar el impacto que tal medida tendría en la solvencia de BBVA, Santander o Caixa.

Me he centrado en comprobar la metodología y el resultado del análisis de OW en referencia a las tres subcarteras del ámbito inmobiliario: Activos adjudicados, crédito promotor, e hipotecas minoristas.

 

Activos adjudicados (Foreclosed Assets, en el informe)

En la introducción a este apartado, OW revela, quizá inintencionadamente, que desde el pico hasta 2011 la vivienda ha caído un 19% y el suelo un 36%. (Si lo relacionan con las hipótesis macro enunciadas más arriba comprobarán que las caídas esperadas en situación adversa son ya considerables: 40% en vivienda, y 75% en suelo. Esto ya merece un titular que nadie, hasta ahora, ha redactado).

El valor en libros de los activos adjudicados alcanza la escalofriante cifra de 88.000 millones de euros (para que se hagan una idea, 38.000 corresponden a viviendas que, a unos 200.000 euros de valor medio por vivienda, son cerca de 200.000 unidades). Después de arrear varios “sartenazos” ( 1- valor a “hoy”,o sea, 2011; 2- valor a 2014; 3- descuento individualizado según sus características) a ese valor inicial, llega a un descuento medio de nada más y nada menos que el 63,4%, es decir, unas pérdidas de 55.500 millones. Además, nos desglosa el descuento por tipo de activo: el 80% en suelo, el 66% en vivienda en construcción, el 52% en obra nueva, o el 50% en segunda mano. Pero no crean que es un descuento homogéneo o al tuntún. El informe explica que se han hecho multitud de valoraciones y que se han tenido en cuenta factores como la ubicación, la fecha de adjudicación, las provisiones realizadas, el tamaño, etc. En función de lo cual le han metido más o menos “sartenazo” (creo que esta es la mejor palabra para traducir haircut). De hecho, nos explica el rango de descuento que ha habido según el tipo de activo. Sirva como ejemplo la vivienda de obra nueva, que va desde el 31% al 63%.

 

Crédito Promotor (Real Estate Developers, en el informe)

El informe nos va poniendo en antecedentes. Así, nos cuenta que inicialmente el LTV (loan to value, el porcentaje de préstamo sobre el valor del activo) en España es bajo -68%- comparado con los de otros países europeos o EEUU –entre el 80 y el 100%-. Pero que una vez revisados y actualizados los valores a 2014 nos vamos al 253% (en el escenario adverso). También señala que, aunque un 49% de los préstamos han sido objeto de reestructuración, sólo el 1,6% de los préstamos “buenos” deberían haber sido reclasificados como default. Además explica que el 3,3% de los préstamos de la cartera Pymes y el 0,4% de los de Grandes Empresas deben ser reclasificados como crédito promotor (“trampas” de los bancos para camuflar riesgo).

Para calcular la probabilidad de impago (PD- probability of default) de estos créditos lo que han hecho ha sido clasificarlos según su LTV a fecha de 2011: de 0 a 60%; de 60% a 80%; de 80% a 100%; y más de 100%. Y a cada uno de estos cuatro rangos le aplican una PD en función de los datos históricos. Como es lógico, la probabilidad de impago aumenta cuanto mayor es el LTV. Además, explica el informe que se han reservado el derecho a modificar el resultado de este peculiar método teniendo en cuenta diversas circunstancias, además de las hipótesis macro.

Como consecuencia, les ha salido una probabilidad de impago (PD) del 87,5%. ¿Sorprendente? Bueno, no tanto si uno conoce el paño en el sector: promotoras zombis, ya saben. La pérdida proyectada alcanza el 42,8% de la cartera (97.100 millones sobre un total de 227.000). ¿Y cuál es por tanto el descuento que se ha aplicado al colateral? No lo dice expresamente (o al menos yo no lo he encontrado), pero a partir de estos datos lo podemos hallar:

Probabilidad de impago X valor de la cartera X caída del valor medio

=

Pérdida esperada

 

Despejamos: Caída del valor medio = 97.100 M / (227.000 M x 87,5%) = 49% Es decir, se estima que el valor medio de la cartera de crédito promotor es del 49%. Ojo a este dato, porque los decretos “De Guindos” estimaban una caída media del 45%. Es decir, que se ha aumentado la estimación media de pérdidas (en línea con el criterio “conservador” que anunció el Secretario de Estado Jiménez Latorre hace unos días, en referencia a la SGA o “banco malo”).

Antes de seguir adelante, una reflexión: ¿Por qué se ha elegido este método del LTV para estimar la probabilidad de impago? Como ya sabemos, las sociedades tienen como norma su responsabilidad limitada. Por tanto, en su caso cabe la dación en pago y la ejercen. Así, en la medida en que están más cerca de una situación underwater (cuando la deuda supera el valor del activo) la tentación de dejarle el marrón al banco aumenta. En cualquier caso, sea cual sea el método utilizado, la estimación de una probabilidad de impago del 87,5% es convincente.

 

Hipotecas minoristas (Retail Mortgages en el informe)

En hipotecas se ha usado el mismo método que en Crédito Promotor, el LTV. El informe nos cuenta que el LTV inicial estimado es del 62% (muy por debajo del irlandés, en el 100%, o el americano, en el 80%). Además, revisado y actualizados los valores, se queda en un esperanzador 99%.

Para estimar la probabilidad de impago (PD), hacen una segmentación similar a la anterior y, además, elaboran una matriz incluyendo también la “añada” o fecha de origen de la hipoteca. Separan entre hipotecas de 2011, 2010, 2009, 2008, 2007, y 2006 y anteriores. Y, al igual que antes, se reservan el derecho a “sartenazo” en función de diversas circunstancias y proyecciones macro.

No se olvida de mencionar la responsabilidad ilimitada del hipotecado (full personal liability), una de las claves, según OW, de que la morosidad sea tan baja en comparación con otros países. También informa de que hasta un 19% de las hipotecas cuentan con avalista, que asciende hasta el 21% en los casos en que el LTV es muy alto (lo cual es coherente). Por último, estima que el 9% de las hipotecas han sido reestructuradas, aunque sólo considera que el 0,2% deberían reclasificarse como default.

Concluyendo, estima una probabilidad de impago del 15,4%, y una pérdida proyectada del 4,1% (24.700 millones de euros sobre un total de 602.000). ¿Cuál es, pues, la caída del valor medio? Aplicamos la misma fórmula de antes y tenemos:

Caída de valor medio = 24.700 M / (602.000 M x 15,4%) = 27%. No debe sorprendernos que la caída media sea tan baja en este caso, pues entran en liza todas las hipotecas vivas del sistema, muchas de las cuales tienen varios lustros de antigüedad y que, por tanto, su precio de adquisición (y su LTV) son muy bajos, por lo que compensan las más recientes.

Sobre hipotecas, otra reflexión: la mora actual es del 3%, y el informe le mete cuatro puntos más. ¿Parece bastante? Personalmente soy escéptico. Realmente creo que la probabilidad de default de las hipotecas constituidas a partir de 2000 es mucho mayor, y que se debería haber incidido en ello en el informe. El paro -creciente y de larga duración-, la cada vez mayor sensación de estar underwater, el aumento del coste de la vida con las subidas de luz, gas, y todos los impuestos imaginables, etc., dibujan un escenario cada vez más complicado para las familias. Además, los cambios legislativos que introdujo Zapatero el año pasado (elevación del sueldo inembargable, elevación del precio de adjudicación en subasta desierta) facilitan el paso “al otro lado” de los que están en la cuerda floja.

 

Siguientes pasos

Y ya para terminar. ¿Qué pasará después? Para reducir sus necesidades de capital, los bancos podrán hacer varias cosas:

-         Enajenación de activos

-         Traspaso de activos a la Sociedad de Gestión de Activos (SGA)

-         Realización de ejercicios de asunción de pérdidas por los tenedores de instrumentos híbridos (voluntarias o impuestas por las autoridades)

-         Captación de capital que pudieran obtener de manera privada en los mercados

 

¿Y cómo será lo de la SGA? En los documentos anexos al informe de OW se explica:

Los activos relacionados con el sector inmobiliario de los bancos participantes que necesiten apoyo público serán transferidos a una Sociedad externa de Gestión de Activos (SGA). Así, la SGA se centrará en las exposiciones inmobiliarias de dichos bancos. Dentro de esta categoría se pueden identificar los siguientes tipos de activos: adjudicados, préstamos vinculados con el sector inmobiliario (clasificados como normales, subestándar y dudosos) y participaciones en empresas del sector. Todas estas clases de activos tendrán que cumplir con criterios específicos de elegibilidad. El precio de transferencia se determinará bajo parámetros conservadores y, al mismo tiempo, se fijarán criterios para establecer un tamaño máximo a la SGA. Estos y otros detalles acerca del establecimiento de la SGA se darán a conocer a mediados de octubre. Las pérdidas, en su caso, se materializarán en los bancos en el momento de la segregación. Las autoridades españolas, en consulta con la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), han preparado un plan general y un marco legislativo para el establecimiento de este mecanismo de segregación de activos. Las autoridades españolas adoptarán la legislación precisa en otoño a fin de garantizar que la entidad (SGA) esté en pleno funcionamiento para noviembre de 2012. La actividad principal de la SGA será gestionar la cartera de préstamos y activos inmobiliarios que adquiera de los bancos participantes en un plazo acordado de 15 años, con el objetivo de:

-         Optimizar los niveles de recobro y mantener el valor de los activos en la medida de lo posible.

-         Minimizar el impacto negativo en la economía española, el mercado inmobiliario y el sector bancario.

-         Efectuar una gestión de capital eficiente con la finalidad de reducir al máximo el coste del saneamiento.”

 

Valoración final

Como decía al principio, creo que tanto las hipótesis macro como el análisis de la cartera, con sus pegas y sus triquiñuelas, son lo más verosímil que se ha hecho hasta ahora desde que empezó la crisis. Las pérdidas estimadas de 270.000 millones de euros de toda la cartera de deuda privada parecen creíbles a estas alturas de la crisis, lo que no quiere decir que, según vayan empeorando las cosas (que probablemente lo harán), queden obsoletas.

Este es un ejercicio teórico que asume de entrada unas hipótesis que han sido impuestas o negociadas con el BCE, la EBA, la Comisión, y el FMI. A lo mejor analizar la cartera de préstamos con un horizonte de 3 años es insuficiente, pero conviene recordar que casi todos los stress test se han hecho con tan sólo 2. Es posible que exigir un core de sólo el 6% en el escenario adverso (frente al 9% en el base) no sea lo más conveniente, aunque el propio ministerio explica que en ningún test se han tomado los mismos requisitos de capital en los dos escenarios, y como prueba señala que en el último test de la EBA se utilizaron un 5% y un 8% respectivamente.

En todo caso, que se trate de una hipótesis de trabajo no elimina la sospecha de que, desde un principio, se haya querido encajar el saneamiento financiero en un máximo de 60.000 millones de euros. Un traje impuesto a un cliente muy gordo que mete tripa y que puede hacer saltar las costuras en cualquier momento. Estos días he podido leer interesantes artículos al respecto (como este de Gurusblog, este de Alberto Artero, o este otro de David de Bedoya), aunque por encima de todos les recomiendo este de Juan Ramón Rallo y este otro de Manuel Llamas (que glosa el anterior) y que cifra prudentemente el rescate financiero en el entorno de los 100.000 millones. ¿Por qué no hacerlo, si ya los tenemos concedidos? Ya que no se optó por la vía de la quiebra ordenada y de la capitalización de deuda, y ya que el Estado (o sea, todos) está empantanado con este asunto, no dejemos el trabajo a medias, aunque sólo sea por una vez.

 

Por último, les dejo este link del Mineco desde el que pueden acceder a todos los documentos: informe de OW, presentación del BdE, FAQ elaborado por el ministerio y el BdE, y la nota explicativa del informe.

 

Que no, José Luis, que quien te ha dicho eso no tiene ni idea de cómo funciona esto. ¿Quieres saber lo que pasaría si mañana el banco anuncia que se cancela el dividendo para este año? De entrada, la acción se hundiría; en seguida se contagiaría a los demás bancos del sistema y probablemente el IBEX sufriría una caída mayor que la de octubre de 2008. En segundo lugar, ¿cómo crees que respondería el mercado ante nuestros vencimientos de deuda y todas las nuevas emisiones? Por último, yo no sé si eres consciente del terrible daño que se infringiría al consumo si dejáramos de proveer de dividendo a los pequeños ahorradores españoles. ¿Cómo te crees que paga la gente las vacaciones o la Navidad, ahora que ya no hay bonus?

El statu quo pensó que ofreciendo en sacrificio la casa de lenocinio en que se habían convertido las cajas en la última década los “dioses” se calmarían. De hecho, a algunos banqueros se les hicieron los ojos chirivitas pensando en la enorme cuota de mercado que ganarían y encima a precio de saldo.

Pero ni la crisis remite ni los presidentes de los bancos miran más allá del corto plazo. Así, un Gobierno débil, desinformado e incompetente –espejo de una España hedonista, telecinquera y progre de salón- ha sido el medio más eficaz para transformar nuestra moribunda partidocracia en un bancopolio que, afortunadamente, empieza a resquebrajarse, aunque quizá demasiado tarde para salvar los muebles de nuestra economía.

¿Lo que es bueno para la banca es bueno para España? (1) No cabe duda de que la fábula de que “la banca española es la más solvente del mundo” permitió en los primeros años de la crisis que nuestros bancos más importantes mejoraran su liderazgo y cuota de mercado con significativas compras y adquisiciones en mercados tanto emergentes (Brasil, Turquía, China, etc.) como consolidados (Gran Bretaña, EEUU). Pero hemos llegado al final del camino con las cuentas públicas exhaustas y la economía real en plena desintegración. Al final, General Motors tuvo que ser intervenida por el Estado americano como la banca española también lo será, bien por el FMI, bien por el EFSF (puesto que el Estado español ya no da más de sí).

¿Y por qué? Porque mientras todo esto sucedía el activo de la banca no reconocía el valor real de casi un billón doscientos mil millones de euros de riesgo afecto al ladrillo: unos 450.000 millones prestados a promotores y constructores, y unos 700.000 a particulares a través de hipotecas. Con un paro que rondaba el 20% ya al cabo del primer año de la crisis, y un brutal aumento del gasto público que disparó el deficit e hizo crecer la deuda a velocidad de vértigo sin apenas efecto en el crecimiento, las alarmas se dispararon entre los inversores internacionales.

Pero el Gobierno encontró un buen argumento para dejar tranquilos a los mercados: 1) En España no hay dación en pago, por lo que la mora hipotecaria es baja y lo va a seguir siendo; 2) las constructoras españolas están muy internacionalizadas y, salvo alguna excepción, son capaces de dar servicio a la deuda e incluso de devolverla; 3) el crédito-promotor es más problemático pero con todo el colchón de provisiones el sistema financiero está a salvo. Además, “¿de verdad creen que el suelo vale cero? Intenten comprar por cero un suelo y ya verán lo que les dicen… (así respondieron en Londres los funcionarios del Banco de España a los inversores más escépticos hace unos meses).

Además, el BCE suavizó las tensiones con sus barras libres de liquidez y con la vuelta a los tipos bajos (aunque a muchos les parezca que el 1,5% sea un tipo alto, no me negarán que es históricamente bajo), lo que permitió a la banca seguir generando importantes beneficios incluso en este escenario de crisis profunda.

Pero también el Gobierno hizo su parte: Por un lado, modificando leyes de tapadillo, como la que les permite valorar el suelo urbanizable por sus supuestas expectativas y no como suelo rústico, o como aquella otra que ha favorecido la supervivencia de cientos de inmobiliarias a pesar de estar en causa de disolución. Por otro lado, haciendo la vista gorda ante la manipulación de las estadísticas de los precios de la vivienda, que recogen caídas muy inferiores a las reales –de esa manera evitan dotar más pérdidas-. Además, han consentido la utilización de financiación del tipo subprime para la venta de los pisos de sus balances; o la aprobación de convenios para superar concursos de acreedores (como el de Martinsa Fadesa) que constituyen una auténtica burla para la ciudadanía. Incluso el Estado se ha visto obligado a avalar sus emisiones y las renovaciones de los vencimientos de todo tipo de entidades. Por último, hemos destinado una respetable cantidad (aunque ínfima a tenor de la gravedad del problema) a través del FROB para reforzar los fondos propios de las entidades.

Pues ni con esas ha sido suficiente. Y es lógico: ¿Cómo pretenden que alguien se crea que la vivienda sólo haya bajado un 18-20% al cabo de tres años y medio de crisis? ¿Qué fiabilidad tienen las cuentas de las entidades si cada vez que cae alguna caja –CCM, CajaSur, CAM- resulta que eran “lo peor de lo peor” y su mora real superaba al menos tres veces la reconocida? ¿Quién se va a creer que es un problema “coyuntural” cuando la tasa de paro sigue en aumento y el PIB crece –y eso que está bien cocinado- entre el 0 y el 1?

Mientras tanto, durante estos cuatro años que llevamos de crisis, y gracias a las múltiples ayudas arriba mencionadas, el conjunto de las entidades de crédito del país ha obtenido entre 15.000 y 20.000 millones de euros de beneficio por año. El sentido común, la responsabilidad y la decencia invitan a pensar que las entidades habrían llevado estos beneficios a reservas, con el fin de recapitalizarse y así protegerse frente a lo que pueda venir, además de liberar al Estado de las ayudas y cargas mencionadas, ¿verdad? Pues no. Nada más lejos de la realidad. Han repartido dividendo (obra social, en el caso de las cajas) a tutiplén. ¿Y por qué? Pues léanse de nuevo el primer párrafo de este post. Pero no olviden una cosa: todos y cada uno de los españoles hemos subvencionado los cuantiosos dividendos que los accionistas de los bancos (o la obra social de las cajas) han recibido durante estos años.

 

Sin embargo, algo está cambiando. Entre el martes y el viernes pasado han trascendido tres noticias que pueden hacer tambalear el bancopolio:

La primera, la  noticia de Expansión que advertía que “los populares forzarán a las entidades a asumir el valor real de los activos de mala calidad. Después se acometería una segunda ronda de recapitalización con fondos europeos”. Europeos porque no queda otra: en España no hay ni un duro. ¿Buenos propósitos que veremos en qué quedan cuando lleguen al poder? A lo mejor simplemente se adelantan a lo que consideran ineludible…

La segunda, la advertencia de Durao Barroso: Recapitalización sí, pero, de entrada, que los beneficios de los bancos se destinen lógicamente a recapitalizar y no a dividendo. Verde y con asas. (Ni a la AEB ni al Gobierno les gusta, ¿extraño?)

La tercera: el FMI viene por aquí esta semana a hacer sus propios test de estrés de la banca, “para hacer un seguimiento de la labor supervisora (o sea, del Banco de España), y evaluar las eventuales necesidades de fondos de las entidades financieras españolas”.

Ya no somos tres o cuatro blogueros semidesconocidos: la mierda rebosa la alfombra, el atasco en el WC se desborda hace tiempo, y aunque aquí hagamos como si no huele (quizá nos hemos acostumbrado) cada vez que entra en el piso uno de fuera nos mira con la misma cara de sorpresa que pone el bombero que accede, alertado por los vecinos, al hogar de uno de esos ancianos afectados por el síndrome de Diógenes.

 

 

(1) En los años 50 Charles Wilson, presidente de General Motors, pronunció esta frase que ha llegado hasta nuestros días: “Lo que es bueno para GM es bueno para Estados Unidos”.

 

¿La declaración de algún preboste socialista ante las próximas elecciones? ¿El consuelo de algún grupo minoritario como CiU o UPyD? ¿El sueño inconfesable de Javier Arenas? No, amigos. La confidencia de Miguel Sebastián… ¡la primera semana de marzo de 2004!

Cómo me lo estoy pasando con el libro de Mariano GuindalEl declive de los dioses”. Lectura imprescindible para los que nos gusta la economía y su intrahistoria. Guindal, hasta hace poco redactor jefe de economía de La Vanguardia y uno de los periodistas mejor informados del país, ha aprovechado muy bien su reciente jubilación para plasmar en un libro entretenidísimo lo acontecido en la Piel de Toro desde la agonía de Franco hasta hoy. Prosa fresca y anécdotas reveladoras, un must para entender por qué las cosas son así y no de otra manera.

La frase que titula el post la he extraído efectivamente del libro. Cuenta Guindal que una semana antes de las elecciones de 2004 se reunió con Miguel Sebastián y que éste le confesó lo afortunados que eran, pues  no tendrían que gobernar ante la que se venía encima. “¿Tan mal ves la situación económica?”, inquirió Guindal. “Peor que mal. Tenemos una burbuja inmobiliaria y es inevitable que estalle, y cuando esto ocurra se va a llevar todo lo demás por delante, empezando por los bancos”.

La conversación sigue y, si os interesa, no tenéis más que compraros este estupendo libro, pero para lo que quiero contar es suficiente. De la respuesta de Sebastián se pueden extraer las siguientes conclusiones:

1)      En 2004 la burbuja ya era un hecho. En su segunda legislatura, el Partido Popular debió haber frenado la expansión del ladrillo. Retirar incentivos fiscales y, sobre todo, limitar la preocupante escalada de la ampliación del plazo de devolución, del porcentaje del precio financiado, o la aplicación generalizada del tipo variable nos hubieran ahorrado mucho sufrimiento.

2)      El Partido Socialista era consciente desde el minuto uno de su entrada en el poder del grave riesgo de colapso económico. Zapatero se ha escudado frecuentemente en que no se podía prever la crisis. Que su consejero económico estuviera tan preocupado por “la que se nos viene encima” no sólo desmonta su coartada, sino que lo hace cómplice y responsable de incentivar la mayor burbuja de nuestra historia y la consiguiente Gran Depresión que atravesamos.

3)      Si durante la primera legislatura el PSOE no sólo no enmendó la plana al PP sino que se dedicó a echar más leña al fuego, lo de la segunda no tiene nombre: aún recuerdo el debate en el que Solbes intentó ridiculizar a Pizarro por contar lo que luego efectivamente pasó. Y, ¿cómo se atrevieron a insistir machaconamente en que el nuestro era el sistema financiero “más sólido” del mundo? Inadmisible e injustificable.

Y dice Rubalcaba que se arrepiente de no haber pinchado la burbuja antes… Don Alfredo, que no la pincharon ustedes, que se la pincharon. Y si no hubiera saltado por los aires el chanchullo subprime de los americanos habrían seguido ustedes de fiesta hasta el fin de los tiempos. Ya lo explicó María Antonia Trujillo: “¿Para qué tocar nada, si todos nos estábamos haciendo ricos?

Gane quien gane el problema sigue ahí, sin resolver, y no se va a solucionar –Don Mariano- recuperando desgravaciones u otros incentivos fiscales. Fíjense en este gráfico revelador (encontrado en el interesante blog decigarrasyhormigas):

 

Con la gigantesca burbuja inmobiliaria que hemos tenido, ¿quién se va a creer que nuestra banca haya necesitado sólo un 2% de PIB para sanearse? Si Alemania (sin burbuja) ha aplicado un 12% e Irlanda, con una burbuja del mismo corte que la nuestra, ha aplicado un 38%, se pueden ir haciendo una idea del verdadero coste al que nos enfrentamos.

Mucha suerte al que venga pero, sobre todo, mucha valentía, honestidad y decisión.

Ni Assange ni Wikileaks; no hacen falta. ¿Para qué, en estos tiempos en los que lo que sobra es información?

La información fluye por todas partes y la gran dificultad de la época que nos ha tocado vivir es saber separar el grano de la paja; observar y analizar. Y así poder tomar las decisiones correctas.

Fíjense: el lunes el Banco de España publicó la morosidad –de promotores- del segundo trimestre del año de las entidades financieras, el 17,7%. Sin embargo, para los test de estrés de julio se presentó con una mora de casi 3 puntos menos. ¿Alguien ha llamado la atención sobre el particular? Algunos me dirán que los datos tardan en recogerse y luego hay que elaborarlos y luego hay que… Y yo les daría la razón sino fuera porque el Banco de España tiene personal en las “salas de máquinas” de casi todas las entidades y que no tienen otro cometido que ese: verificar la mora real. Pero, sinceramente, para contarles esto no haría un post. El asunto es mucho más grave:

El viernes circuló por la red un artículo publicado en el New York Times con el título “Spain’s Banking Mess” El desorden (o el lío, el aprieto, el follón, el enredo, el desbarajuste, el berenjenal: elijan ustedes, son todas traducciones correctas del inglés) del sistema financiero español. El autor, Floyd Norris, es uno de los periodistas de información financiera más reputados de los Estados Unidos. El artículo, de obligada lectura, revela una información valiosísima que, como decía al principio, sólo el buen observador detecta. El mérito, del jefe de economía de esta casa que tiene a bien acoger mi blog, Manuel Llamas. “Échale un vistazo al documento, José Luis”, me recomendó el viernes por la tarde. En efecto, el artículo enlaza con una presentación que José María Roldán, director general de regulación bancaria del Banco de España, ofreció el martes pasado en Londres ante inversores.

La sorpresa se hallaba en la diapositiva 17. Lejos de dar cifras por escrito, aparecen una serie de gráficas muy interesantes. Y eso que han sido lo suficientemente cucos como para poner puntos “gordos” y números que los tapan para difuminar el mensaje. ¿De qué habla la página 17 de la presentación? De las previsiones de caídas de precios del suelo y de la vivienda. En el escenario adverso (que es el único que interesa: el escenario base mejor que lo rebautizaran como el “optimista antropológico”) para 2012 el precio del suelo cae alrededor de un 65% desde máximos. Y el de la vivienda, atención, un 38%.

¿Y cuál es el problema? Pues que hace dos meses, en la presentación de los test de estrés, estas cifras eran de un 62,5% y un 34,2% respectivamente. ¿Que parece poco? Pues es un aumento del 4% en el primer caso y del 11% en el segundo. No está mal en sesenta días si consideramos que durante el mes agosto en el edificio de Cibeles no está ni el bedel (y si no lo creen lean esta noticia).

Lo bueno de esto es que, si en diciembre deciden recalcular, a lo mejor ya nos dicen la verdad y por fin nos reconocen que la caída esperada del suelo es del 90% para el urbanizable y del 55-60% para el urbano, de forma que la media –dado el enorme peso del urbanizable- tiene una pérdida no inferior al 75%. Por lo que respecta a la vivienda, ídem de ídem: menos de un 45% de caída de media a estas alturas ya no es creíble.

Total, que cada vez más la realidad se acerca a este post que escribí cuatro días después de que se publicara el test de estrés y en el que, grosso modo, me salían 50.000 millones de euros más de pérdidas. Calderilla.

Y ya para completar la faena, una de deuda soberana: la banca tiene una exposición de 230.000 euros a deuda española, sobre la que se ha estimado hasta una quita del 20%. 46.000 milloncejos más del ala. En definitiva, que esto no se cura por menos de 100.000 millones, el 10% del PIB.

Y como será la cosa que el mismo viernes por la noche me encuentro con este titular: El FMI pide un auditor externo para la banca española como hizo con Irlanda. Para devolver la confianza, justifica. “Se han realizado grandes avances”, “sienten gran admiración” por el trabajo hecho hasta ahora, nos aclara el redactor. Ya, y por eso piden una auditoría externa, por lo bien que lo ha hecho MAFO.

¿Les parece poco? Pues aún hay más: el Deutsche Bank en España ha admitido el jueves pasado que el 75% de los préstamos a promotores están en alto riesgo de impago. La realidad supera la ficción de los “adversos” escenarios del Banco de España una y otra vez.

 

PD: El señor Norris se ha llevado la impresión de que, si bien los préstamos a promotores fueron demasiado arriesgados, no sucedió lo mismo con las hipotecas a particulares. Así, dice: “lending to home buyers was conducted in a far more prudent manner than it was in the United States” (en España se prestó en unos términos mucho más prudentes que en los Estados Unidos). Y no me extraña que piense eso al ver que la curva de morosidad hipotecaria se mantiene estable (incluso bajando) desde el comienzo de la crisis, en el entorno del 2,5%.

Pero tiene truco: por un lado, el enorme interés de la banca en no elevar esta tasa les lleva a renegociaciones y acuerdos con los particulares tan imaginativos como poco creíbles. Por otro lado, no dejan de vender (e hipotecar, lógicamente) sus pisos propios lo que incrementa la base y mejora el rating de su cartera de hipotecas. Por último, los particulares, que no cuentan ni con dación en pago, ni con leyes de la segunda oportunidad, se aferran como pueden al pago de la cuota so pena de perder la vivienda y el resto de su patrimonio además, claro está, de tener que seguir devolviendo lo que quede de deuda (más gastos e intereses) por el resto de su vida.

Por eso se puede afirmar si temor a error que el noventa por ciento de las hipotecas concedidas desde 2004 están en situación “underwater” y que, si existiera la dación en pago al estilo americano, la mora sería de dos dígitos.









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